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ENCUENTRO CON LA INSURGENCIA

ENCUENTRO CON LA INSURGENCIA

El pulso epistolar entre el Jefe del Estado y el comandante de las Farc finalmente ha quedado referido a su encuentro el jueves 8 de febrero. Ahí se definirán la prórroga y el término de la llamada zona de distensión, su destino exclusivo a la causa de la paz y la reorientación de su hasta ahora infructuoso proceso. El país y el mundo exigen resultados benéficos y tangibles.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
06 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

El pulso epistolar entre el Jefe del Estado y el comandante de las Farc finalmente ha quedado referido a su encuentro el jueves 8 de febrero. Ahí se definirán la prórroga y el término de la llamada zona de distensión, su destino exclusivo a la causa de la paz y la reorientación de su hasta ahora infructuoso proceso. El país y el mundo exigen resultados benéficos y tangibles.

A tal encuentro van sus dos interlocutores con sus propias agendas. No importa. Su misma diversidad indica que no hay temas vedados. Menos los atinentes al acatamiento de las normas internacionales sobre derechos humanos y a la mecánica de supervisión del área despejada por la Fuerza Pública para el diálogo entre el Gobierno y la insurgencia de las Farc. Con calculada anticipación la visitó el presidente Pastrana para reafirmar su autoridad constitucional y, presumiblemente, para disipar cualquier extrañeza de que, como en el viejo aforismo, "Mahoma vaya a la montaña".

La observación más socorrida ha sido sobre la diferencia entre la augural y espontánea entrevista de dos años y medio atrás y la venidera. Conforme el propio Jefe del Estado lo ha reconocido en declaraciones a L Express de París, las gentes inquieren cómo se puede discutir sobre la paz y al mismo tiempo atacar a la población, asaltar pueblos, combatir a la Fuerza Pública, tomar rehenes. Se pregunta qué gestos demostrativos de su voluntad de aquella ha hecho la guerrilla en estos dos años fuera de sentarse a la mesa de negociaciones, y secamente responde: ninguno.

No sin atribuir importancia excepcional a las veinte mil propuestas presentadas por los ciudadanos en las rondas temáticas y de insistir en que la zona de distensión está autorizada por la ley tan sólo como zona para la negociación de la paz. Al interrogante de si la guerra sería la opción para el caso de que aquella no se reanude, anota: "nosotros la vivimos ya".

Cómo aprecia la prensa europea la situación eruptiva de Colombia? L Express es crítico y acerbo. Afirma que el país cuenta con más refugiados que Kosovo, tiene de común con Chechenia la prosperidad de la industria del secuestro y sufre treinta mil muertes violentas por año. Los cerebros se fugan, la cocaína se exporta y una federación reciente de grupos paramilitares se disputa el abuso de los derechos humanos, así como la protección de los cultivos de coca y de sus laboratorios.

De presidente del caos, del caos de esta suerte señalado, se atreve a calificar sin contemplaciones al presidente Pastrana. De su proceder afirma que no obstante las circunstancias considera la paz a la vuelta de la esquina y en su búsqueda ofrece a viejos y displicentes guerrilleros territorios tan grandes como Suiza, con sacrificio evidente de su popularidad.

Lejos están los ánimos de la postura de hace dos años y medio cuando todas las concesiones se justificaban y aceptaban si habían de abrirle el camino a la paz. Las frustraciones y decepciones sufridas han dado el paso a la solicitud encarecida de avances reales y, en especial, de la supresión de los actos de lesa humanidad que al mundo civilizado escandalizan.

Grave error sería no considerar ese estado de alma, esa vasta e impaciente esperanza, en las proximidades del encuentro del 8 de febrero. So pretexto de la paz, no cabe resignarse a la destrucción del país ni a la práctica de la barbarie.

Atención al conflicto social.

La expectativa por la susodicha entrevista y por sus consecuencias no debiera conducir a ignorar, ni antes ni después, las características protuberantes del conflicto social. Su agravamiento en los últimos años, incluso mientras se hablaba profusamente de paz, incita a ver de corregir sin demora los factores que lo han venido impulsando, no siempre por casualidad y a ciegas. El país no puede seguir equivocándose sobre los efectos devastadores de la supuesta cura recesiva.

El espectáculo de las autoridades estadounidenses bregando por contener la desaceleración de su economía y por evitar que se convierta en catástrofe contrasta con el rumbo aflictivo aquí seguido y con sus duraderas implicaciones. Allá se ha salido oportunamente al paso de los brotes de desfallecimiento con reducciones sustanciales de las tasas de interés y proposiciones de bajar impuestos al favor del cuantioso superávit fiscal. Aquí las terapéuticas y el lenguaje han sido los antagónicos, con resultados a la vista en términos de desempleo y pauperización.

Al menos indicios de cambio debiera haber. Tras el resonante fracaso de las desalmadas fórmulas neoliberales, nada aconseja reafirmar su implacable vigencia y menos apuntalarlas llevando a sus dogmáticos evangelistas a posiciones desde las cuales contribuyan a preservarlas y afianzarlas. La idea de la paz con justicia social debe tener aplicaciones y desarrollos específicos.

abdesp@cable.net.co

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