EL DESPLUME DE LOS CACIQUES

EL DESPLUME DE LOS CACIQUES

Por primera vez, en casi dos décadas, Alberto Santofimio Botero tendrá que pedir audiencia formal al Gobernador del Tolima para ser atendido en su despacho. Hasta ahora esa oficina había sido como su casa. De ella entraba y salía cuando quería; a la hora que quería. Hasta no hace mucho tiempo bastaba una llamada telefónica de su secretaria para que las puertas de la Gobernación del Tolima se abrieran automáticamente de par en par y el propio gobernador saliera a su encuentro.en el garaje de la edificación.

05 de enero 1992 , 12:00 a.m.

Y bastaba también una llamada telefónica para que un secretario o un gerente cayeran de su puesto y un amigo suyo ascendiera de la noche a la mañana a los altos cargos de la administración departamental.

Santofimio armaba los gabinetes departamentales del Tolima a su antojo y cuidaba con igual celo del nombramiento de un gerente como de una aseadora. Ni una sola hoja podía caer del frondoso árbol burocrático tolimense sin su aprobación.

Para Santofimio ese control político absoluto de su departamento ha dejado de existir.

La racha de Santofimio llegó en el Tolima al punto de que el actual gobernador, Ramiro Lozano Neira, se dio el lujo de rechazar su adhesión unos días antes de su elección el 27 de octubre pasado.

Pero igual suerte corrieron otros tradicionales jefes políticos de varios departamentos, que esta semana cayeron en desgracia al asumir sus funciones los nuevos gobernadores.

Antes, si el ahijado político de un senador o de un representante no era nombrado en un cargo determinado de la administración departamental, éste intrigaba ante el Ministro de Gobierno y el gobernador caía. Caía de su puesto automáticamente En algunos departamentos, como Boyacá, llegó a haber hasta 12 gobernadores en cuatro años de gobierno, es decir, a razón de uno cada cuatro meses.

Ahora, con los gobernadores elegidos popularmente, los nombramientos parecen ser a otro precio. El gobernador tiene plena autonomía para conformar, sin consideraciones especiales, su gabinete. Castigo liberal Este hecho generó una situación nueva en la mayoría de los departamentos: por fin hay ganadores y perdedores. En la mayoría de los casos los gobernadores sólo tuvieron en cuenta a los aliados que contribuyeron al triunfo. Antes, todos eran ganadores.

A raíz de la posesión de los gobernadores, el pasado jueves, por lo menos veinte jefes políticos de los dos partidos tradicionales (especialmente liberales), que sobrevivían en la política gracias a las cuotas burocráticas, perdieron sus prebendas. Tuvieron que abandonar, en estampida, los predios burocráticos que habitaban desde hace décadas.

La purga burocrática que los nuevos gobernadores hicieron fue general. Hay caciques desplumados en la Costa Atlántica, en el Occidente, en los Santanderes, en Chocó, en el sur, en todas partes.

Un breve recorrido por el país burocrático permite observar, entre otras, las siguientes bajas: En Tolima, además de Santofimio, fue excluido del gabinete departamental el grupo del senador Guillermo Alfonso Jaramillo Martínez, uno de los principales tributantes electorales al gobernador Ramiro Lozano.

El sector de Jaramillo quedó por fuera porque, según el Gobernador, Jaramillo lo quiso poner contra la pared . Le exigía que ratificara a la gerenta de la Beneficencia, Marta Esperanza Ramos Echandía, contra la cual cursan varias investigaciones administrativas.

La noticia de su exclusión del gabinete departamental sorprendió al senador Jaramillo Martínez en Estocolmo (Suecia) donde realiza un posgrado en cardiología.

En Santander, el ex contralor Rodolfo González García, jefe del gobernador Juan Carlos Duarte (liberal), dejó sin un solo cargo de responsabilidad política al llamado Sindicato , conformado por las fuerzas de Horacio Serpa Uribe, Alfonso Valdivieso Sarmiento y Alfonso Gómez Gómez. En este departamento la guerra entre Rodolfo González y Horacio Serpa (liberales, ambos) es sin tregua.

En Nariño, el castigo del gobernador conservador Alvaro Zarama Medina dejó sin vida burocrática a los grupos de Parmenio Cuéllar (senador liberal gavirista), Samuel Alberto Escrucería (liberal), Carlos Albornoz (ex conservador) y al M-19. Name, al asfalto En Meta, los eternos barones liberales, Alfonso Latorre Gómez y Ariel Infante, también quedaron sin representación en el gabinete del gobernador Omar Armando Baquero Soler (conservador). Su única esperanza es ganar algunas alcaldías en las elecciones de marzo próximo.

Las mayores derrotas, comparables a la de Santofimio en Tolima, las sufrieron en Atlántico, José Name Terán, Pedro Martín Leyes y Roberto Gerlein. Ellos, acostumbrados a manejar casi por completo los recursos del departamento, ni siquiera fueron invitados a la posesión del gobernador Gustavo Bell (liberal, del sector de Fuad Char).

En Caldas, Luis Guillermo Giraldo Hurtado (liberal) y Rodrigo Marín Bernal (de Salvación Nacional), derrotados en las urnas por una coalición de Víctor Renán Barco (liberal) y Omar Yepes Alzate (conservador), también fueron sacados de la administración departamental. Los dos tenían participación permanente en la administración desde hacía por lo menos 15 años. La gobernadora Pilar Villegas de Hoyos sólo tuvo en cuenta a los miembros de la coalición triunfante.

En Sucre, Julio César Guerra Tulena (representante liberal), quedó en la lona porque, según sus palabras, los verdaderos dueños de la clientela José Guerra Tulena y José Guerra de la Espriellla (hermano y sobrino suyos, respectivamente) no le dejaron nada del ponqué .

Los osados gobernadores no tuvieron consideración siquiera con las jerarquías de su propio partido. Los mandatarios de Quindío, Mario Gómez Ramírez (liberal) y Alfonso Salamanca (liberal), dejaron por fuera de sus gabinetes a los sectores de Lucelly García y María Izquierdo, congresistas recientemente ascendidas a integrantes de la Dirección liberal.

La lista de los desplumados es extensa. Quedan por referir otros, como el eterno zar del café y patricio el del liberal del Quindío, Ancízar López, ahora entregado a los asuntos personales tras su derrota electoral y burocrática, y el no menos importante representante del Cesar, Jesús Name Rapalino, quien rechazó la cuota en la Gobernación porque las posiciones asignadas carecían de recursos.

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