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LA COYUNTURA NO ACONSEJA LA PRIVATIZACIÓN

LA COYUNTURA NO ACONSEJA LA PRIVATIZACIÓN

EL TIEMPO, a buena hora, ha planteado la necesidad de que los candidatos y los académicos presenten sus puntos de vista sobre temas tan importantes para la vida del país como la privatización, el manejo de la tasa de cambio, la inversión de los recursos de Cusiana, la apertura y la concentración, entre otros. Haciendo uso de esa invitación, me permito hacer unas reflexiones sobre el primer tema, es decir, la privatización en relación con la actual coyuntura económica. Para todos es claro que la privatización de los bienes del Estado no es buena ni mala en sí misma. Lo importante es, primero, determinar los objetivos y luego, qué privatizar, cuándo y cómo.

Con respecto a los objetivos perseguidos por el Gobierno y mencionados en el documento Conpes de marzo de 1993, no parece muy claro que la actual coyuntura económica señale que se deba continuar con dicho proceso. Analicemos algunas de las razones expuestas allí: A) Para conseguir recursos adicionales (fiscales) para el gasto social . El Ministro de Hacienda ha dicho que estamos en superávit fiscal. Es más, se hizo necesario hacer recortes presupuestales y dejar recursos derivados de las privatizaciones en el exterior, a una rentabilidad más baja que la interna.

Mercado de capitales B) Para buscar la ampliación del mercado de capitales y de movilización de la propiedad . Evidentemente se amplía en el momento de la venta y se moviliza la propiedad, sin embargo lo que ha sucedido, en general, es que en la siguiente etapa se tranza no más del 3 por ciento del total de acciones, que es lo que da la señal del precio de la acción en el mercado.

C) Para buscar la especialización de la actividad del Estado . Fin muy loable. También lo fue su dispersión cuando hubo necesidad de evitar el colapso de un sinnúmero de bancos y empresas, es decir, por razones de Estado. En palabras de David Osborne y Ted Gaebler, asesores de Clinton, nosotros no resolveremos nuestros problemas gastando más o menos, creando nueva burocracia pública o privatizando la burocracia existente. Pero para hacer nuestro gobierno efectivo otra vez, debemos reinventarlo .

Otras razones que reforzarían esta propuesta son las siguientes: D) Para democratizar la propiedad y aumentar la competencia. Uno de los grandes debates que se ha planteado, por el contrario, es el de la concentración y de las respectivas integraciones verticales y horizontales en los diferentes sectores y subsectores de la economía, que si bien es cierto, desde el punto de vista de asignación de recursos, produce economías de escala, también lo es que permite transferencias de rentas interempresas y presenta grandes dificultades para llevar a cabo una regulación eficiente, de allí que esté sobre el tapete la reglamentación de los monopolios.

E) Privatizar para prepagar la deuda externa. Nuestra deuda es relativamente baja. En el mejor de los casos se debería continuar con la actual política,sustituyéndola por deuda fresca a menores tasas de interés.

Los sindicatos F) Para disminuir la presión sindical. El sindicalismo que existe, es prácticamente despreciable, en vista de que hemos disminuido el número de sindicalizados, de menos de un 10 por ciento del total trabajadores, a casi un 5 por ciento.

G) Para aumentar la eficiencia. Ni la evidencia empírica, ni el desarrollo teórico son contundentes en demostrar que si se privatizan las empresas estatales se aumenta la eficiencia y el bienestar. Un reciente estudio del Banco Mundial: Privatización; The lesson of Experience (Abril, 1992) basado en una muestra muy pequeña, 12 casos si tenemos en cuenta que entre 1980 y 1991 se han privatizado más de 6.800 empresas en el mundo arrojó los siguientes resultados: los consumidores ganaron bienestar en tres casos, permanecieron igual en seis y perdieron en los tres restantes. De otro lado, la productividad del trabajo se incrementó en siete y permaneció constante en los otros cinco.

H) Parte de los ingresos derivados de las exportaciones de recursos naturales: petróleo, carbón y níquel, en especial del primero se tendrán que congelar en un fondo en el exterior ante la imposibilidad de invertirlos, en el momento de su recaudo, en obras públicas en el país.

I) Las reservas internacionales siguen creciendo, a pesar del aumento en las importaciones y el estancamiento en las exportaciones. La entrada de capitales no ha dejado de aumentar, obviamente con un alto costo fiscal, habida cuenta de las necesarias operaciones de Mercado Abierto, que como es bien conocido se están financiando ahora directamente del presupuesto nacional y no del producido de la compra-venta de divisas, como se hacía antes de la resolución # 57 de 1991.

J) Desde el punto de vista del cuándo. Al parecer no es el mejor momento para realizar la privatización de algunas empresas en las que el mercado está dando señales contrarias y a veces negativas, como es el caso de Carbocol que ya fue analizado por Andrés Restrepo.

K) Con respecto al cómo. Tal vez sería necesario hacer un alto en el camino y evaluar lo que ha sucedido con los métodos y los mecanismos de privatizaciones que se han llevado a cabo hasta el momento. Por ejemplo, si bien es cierto que el mercado accionario es bastante volátil, no menos cierto es que en general al pasar una empresa del sector público al privado su valor aumenta a veces hasta en más del cien por ciento.

Banco de Colombia Para ilustrar este argumento con una experiencia reciente, vale la pena traer a colación el Banco de Colombia, que fue avaluado a 3 centavos por acción, vendido en promedio a 3.7 y registra en bolsa un precio alrededor de 9 centavos, a escasas dos semanas de su enajenación. Es decir, el comprador mayoritario, hipotéticamente y con esa cotización, podría vender alrededor del 35 por ciento de lo comprado y quedarse con la mitad del Banco prácticamente gratis.

L) Con la suspensión transitoria de las privatizaciones, en este contexto, habría una menor presión para seguir revaluando el peso, es decir, más espacio en la tasa de cambio para estimular nuestras exportaciones.

En conclusión, no será mejor que el Gobierno, por lo menos por el momento suspenda o disminuya la privatización de los activos que ya están consolidados y que estimule la inversión en empresas y renglones nuevos, así sea a través de concesiones o continúe coadyuvando con el sector privado para identificar nuevas inversiones altamente rentables? Al parecer, no tiene mucho sentido seguir pasando activos de unas manos a otras, sin sumar, en el corto plazo, al valor agregado nacional ya establecido y menos aún sin la necesidad de los recursos.

(*) Economista y politólogo.

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