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VIVIERON PARA LA ACTUACIÓN

VIVIERON PARA LA ACTUACIÓN

Mónica y Marina hicieron parte de ese reducido, pero selecto, grupo de artistas que con las uñas forjaron los comienzos de la televisión colombiana. Juntas, y sin ostentaciones de fama, comenzaron en los improvisados escenarios que viajaban de pueblo en pueblo divulgando los clásicos de la literatura universal. Más tarde, coincidirían también en los recién inaugurados estudios de TV, recitando en vivo y en directo las historias que hacían soñar a un público aún asombrado con la magia de la novedosa cajita...

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
06 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Mónica y Marina hicieron parte de ese reducido, pero selecto, grupo de artistas que con las uñas forjaron los comienzos de la televisión colombiana. Juntas, y sin ostentaciones de fama, comenzaron en los improvisados escenarios que viajaban de pueblo en pueblo divulgando los clásicos de la literatura universal. Más tarde, coincidirían también en los recién inaugurados estudios de TV, recitando en vivo y en directo las historias que hacían soñar a un público aún asombrado con la magia de la novedosa cajita...

La bogotana Marina García nunca tuvo tiempo para algo diferente a la actuación. Su hija Aleida recuerda que la actriz se emocionaba al evocar sus pinitos en los años 40, cuando hacía parte de la compañía infantil Alvarez Sierra que dirigían los chilenos Gabriel Martínez y Lili Alvarez. "Mi madre nos decía que eran las épocas de los artistas integrales porque no solo actuaban sino que bailaban, cantaban y la mayoría hasta tocaba un instrumento musical. Ella era experta en tocar guitarra y llegó a formar el dúo Las sureñitas, con una amiga", dice Aleida, mientras enseña varios recortes de prensa con reseñas de su madre, fallecida el pasado 21 de diciembre.

En uno de ellos, casualmente, se destaca que en 1981 obtuvo el premio a mejor actriz por su caracterización en el cortometraje La portadora de cadáveres, que dirigió Mónica Silva. También fue una de las primeras voces de las radionovelas popularizadas por Nuevo Mundo de Caracol y Todelar. En el campo de la televisión actuó entre otras en: Marina de noche, Un largo camino, El caballero de Rauzán, Candó y Señora Isabel y en Ay! Cosita linda mamá, su última aparición en la que interpretó a Obediente, una bondadosa ama de llaves.

Bruja buena.

En esta misma novela también actuó por última vez Mónica Silva, una paisa cuyo verdadero nombre era Luz María Flórez. Ella era Esfinge Terranova, una bruja buena que ayudaba a sus consultantes a encontrar el amor. "Nunca uso la magia negra que es la que le hace mal a la gente. Tampoco soy bruja. Soy una vidente", le dijo a EL TIEMPO en la que fue su última entrevista, antes de retirarse del medio. Ella nos dejó el pasado 19 de enero.

Mónica ingresó a la televisión en 1956, en el programa Teatro de Cámara que dirigía Fausto Cabrera. Recibió en los años 60 el premio Nemqueteba de oro como mejor actriz. También se destacó en las historias de Dialogando y en la comedia Casos y cosas de casa. Fue socia fundadora del Cica y en cine participó en los cortometrajes: Traje de novia. Bolívar de Roberto Triana e Historias de muchas. Además, fundó y dirigió los grupos de teatro El Búho, el de la Universidad Nacional y el de Arte Popular y estuvo casada con el director Santiago García.

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