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LA OTRA GRAN PRIORIDAD

LA OTRA GRAN PRIORIDAD

A los más de tres millones de desempleados que hay en Colombia no se les puede decir que desafortunadamente en el corto plazo no hay solución posible para su grave problema ( que en muchos casos lleva ya más de un año) . Y que por lo tanto, por favor esperen del gobierno y de los economistas ideas y planes para remediar su situación el año entrante. Por esta razón PORTAFOLIO decidió convocar a una sesión de trabajo a las autoridades económicas y a reconocidos expertos en la materia, para plantear nuevas fórmulas que contribuyan en breve a reducir el terrible flagelo.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
01 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

A los más de tres millones de desempleados que hay en Colombia no se les puede decir que desafortunadamente en el corto plazo no hay solución posible para su grave problema ( que en muchos casos lleva ya más de un año) . Y que por lo tanto, por favor esperen del gobierno y de los economistas ideas y planes para remediar su situación el año entrante. Por esta razón PORTAFOLIO decidió convocar a una sesión de trabajo a las autoridades económicas y a reconocidos expertos en la materia, para plantear nuevas fórmulas que contribuyan en breve a reducir el terrible flagelo.

No nos conformamos - en nombre de cientos de miles de familias golpeadas por la desocupación- a dejar que el mercado y los programas oficiales vigentes mejoren la situación marginalmente. Hay que hacer esfuerzos imaginativos, incluso corriendo riesgos ( moderados, sin poner en peligro la estabilidad macroeconómica ni sacrificando el mediano plazo), para que mucha gente pueda volver a tener un ingreso.

Poco sirve tener inflación baja - y disminuyendo, tasas de interés moderadas, tipo de cambio en equilibrio, superávit en la balanza comercial, abundantes reservas internacionales, y un déficit fiscal bajo control, si se tiene un alarmante desempleo del 20 por ciento.

Bien sabemos que fórmulas mágicas no existen, que es muy difícil aplicar remedios que tengan rápido efecto, que es imposible recibir los beneficios sin pagar algunos costos. Pero al mismo tiempo creemos que sí hay espacio para maniobrar sin poner en serio peligro nada importante. Y estamos convencidos de que el Gobierno y el Banco de la República tienen la obligación de analizar con cuidado - sin prejuicios, sin dogmas - las interesantes propuestas que recogemos en esta edición. El pragmatismo debe imperar. No se puede improvisar ni se deben emplear mezclas explosivas. Pero algo nuevo, que pueda integrarse en forma complementaria a los actuales manejos, se debe adicionar para atacar el enorme déficit de oportunidades laborales.

Pensamos que un Fondo para la creación de empleos en obras públicas y para financiar los estudios de muchos jóvenes que no consiguen puesto y no tienen con que pagar sus estudios, es una buena idea. Compartimos la urgencia de destrabar de una vez por todas el crédito hipotecario con medidas jurídicas y financieras radicales que hagan de nuevo viable la financiación de la construcción y adquisición de vivienda. Estamos convencidos de la necesidad de darle mayor flexibilidad al mercado laboral con cambios profundos en las normas. Vale la pena estudiar a fondo la idea de un fondo de capitalización empresarial. Y estamos de acuerdo con que los recursos de la emisión se reorienten a actividades generadoras de empleo, a la educación de jóvenes y a la capacitación de la mano de obra no calificada.

No debe interpretarse como populismo decir que el objetivo de la política económica debe ser el trabajo, la salud y la educación de la gente. Y no se debe descalificar la ayuda especial que el Estado debe brindarle a los más necesitados en épocas de crisis como la actual.

Llegó la hora de aprender de los errores del asado, de profundizar en los conocimientos, y de aguzar el ingenio, para elaborar un plan de choque que sin echar por borda la estabilidad ni el futuro, logre aportar soluciones efectivas al grave desempleo.

Destacado: Poco sirve tener inflación baja, tipo de cambio en equilibrio, tasas de interés moderadas, superávit comercial, reservas internacionales abundantes y un déficit fiscal controlado, si se tiene un alarmante desempleo del 20 por ciento.

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