EL DERRUMBE DE UN CACIQUE

EL DERRUMBE DE UN CACIQUE

Cuentan los que conocieron a Diomedes Díaz Maestre a mediados de los 80, que en el bus con aire acondicionado en el que los músicos del cantautor vallenato realizaban sus giras promocionales por toda la geografía costeña la cocaína la servían en cucharitas de oro.

05 de febrero 2001 , 12:00 a.m.

Cuentan los que conocieron a Diomedes Díaz Maestre a mediados de los 80, que en el bus con aire acondicionado en el que los músicos del cantautor vallenato realizaban sus giras promocionales por toda la geografía costeña la cocaína la servían en cucharitas de oro.

Así fue desde que el dinero empezó a llegarle a manos llenas por las ventas multimillonarias de sus discos. Más de 13 millones de copias en 25 años de carrera artística constituyen un récord difícil de igualar.

Su adicción a las drogas llegó al punto que en los conciertos las decenas de asesores con los que contaba el que le cargaba los pañuelos, los papeles, la maleta, la plata, la loción, el agua le alcanzaban toallitas blancas para retirar los ripios de cocaína que le quedaban en el bozo.

Los músicos tenían que soplarle al oído las letras de las canciones porque se le olvidaban , recuerda Mónica Vásquez, una bumanguesa que lloró al enterarse de que los polvos blancos para disimularle a su ídolo el brillo de la cara realmente eran cocaína.

Cómo llegó a ese estado uno de los más grandes ídolos populares del país, ahora prófugo de la justicia y condenado en ausencia a 12 años y medio de prisión por el homicidio de Doris Adriana Niño, una de sus miles de admiradoras, en una noche de drogas y orgía?.

Según su consejero y acordeonista de muchos años Nicolás Colacho Mendoza, a Diomedes lo mataron las amistades .

El era un gran compañero , aclara Colacho sin desacomodarse el sombrero que es parte de su personalidad. Nunca tuvimos ni un sí ni un no. Lo único que me molestaba era su incumplimiento. Tenía amigos que lo aconsejaban mal .

Colacho recuerda la noche que, en pleno concierto en la población de Mate (Bolívar), uno de esos amigos venido de Cartagena para que le animara una parranda privada lo sacó del brazo en plena presentación.

Cayeron al escenario piedras, sillas, palos. Casi nos matan. Tuvieron que escoltarnos hasta las afueras del poblado , dice Colacho .

El incumplimiento de Diomedes se volvió una constante. En infinidad de ocasiones, los pilotos de las empresas aéreas que arriban al aeropuerto Alfonso López de Valledupar tenían que inventar cualquier disculpa para demorar los vuelos 15 y hasta 30 minutos esperando al siempre retrasado ídolo de multitudes.

Muchas veces viajó en las cabinas de los aviones porque perdía el cupo , advierte Joaquín Guillén, representante artístico de Diomedes durante 14 años. Los más felices, sin embargo, eran los pilotos y las azafatas, que se divertían con sus apuntes.

Se produjeron situaciones extremas. A comienzos de los 90, en la población de La Junta de los Remedios, el presentador oficial de un baile casi muere a bala por el incumplimiento de un ídolo que nunca llegó.

Así lo cuentan algunos de los asistentes: Lo anunciaron a las 8 de la noche, a las 10, a las 11, a las 12, a la 1. A las 3 de la madrugada, cuando el anunciador se disculpó porque Diomedes ya no iba a poder llegar, el público encendió a plomo el escenario . La droga y las mujeres lo habían retenido de nuevo.

Que vivan las mujeres.

Diomedes Díaz nació en la finca Carrizal, jurisdicción del corregimiento de La Junta, municipio de San Juan de Cesar (sur de la Guajira), a las 7 de la noche del domingo 26 de mayo de 1957. Es hijo de Elvira Maestre ( Mama Vila ), tejedora de morrales y recolectora de algodón, y de Rafael María Díaz, capataz y gallero. Lo bautizaron con un nombre que sacó la madre del almanaque Bristol.

El nacimiento del primero de diez hijos fue celebrado durante tres días con el acordeón de Reginaldo Fragoso. Mama Vila , 60 años, enfundada en una batola de florecitas, recuerda: Yo no quería que me lo despertaran, pero Fragoso, parado al lado de la cama, hizo resoplar el fuelle del acordeón. Ajá, el niño seguía con su ojito el instrumento, como embobao .

El mito había nacido. Según cuenta el periodista Luis Mendoza Sierra en su libro Un muchacho llamado Diomedes , Fragoso le dijo a Mama Vila antes de partir con su acordeón hacia otros lares: Si quiere anote. Ese niño que nació antiayer revolucionará la música. Será un ídolo. El será la música nuestra . No se equivocó.

Con un padre al que no le faltaba chirrinche para sus borracheras y que iba a caballo de pueblo en pueblo persiguiendo mujeres, Diomedes creció con el imperativo de ayudar a su mamá. Vendió cocadas de leche en El Peñón, a donde se lo llevaron a vivir a los tres meses de nacido; hizo las veces de espantapájaros en cultivos de maíz, tejió morrales, vendió carbón y pastoreó ovejas.

En los tiempos en que compraba café a los indios de la Sierra, en sus travesías por el soto bosque, se banqueteaba en el burro y la linterna de lámina corrugada que cargaba para iluminar los caminos en la noche, se convertía en guacharaca. En la oscuridad cantaba sones de Luis Enrique Martínez, Alejo y Alfredo Durán.

Los arhuacos de la Sierra Nevada cuenta Luis Mendoza en su libro gustaban mucho de que Diomedes les cantara canciones a cambio de cargas de café. Los indios, mientras apuraban chirrinche, le insistían: cantáaa, cantáaa... . Eran tiempos en los cuales los parranderos consideraban a Diomedes una perturbación en las fiestas.

Siempre- prosigue Mendoza- pedía la oportunidad para que lo dejaran cantar en ellas. Como no lo dejaban, él se metía sin la anuencia de los anfitriones. La gente terminaba espantándose . Pero el espanto duraría poco.

Cumplidos los 17 años, en 1974, su tío Martín Maestre- quien años después se mataría en un accidente de tránsito del que Diomedes salió ileso se entregó a la tarea de pulir a su sobrino tanto en el canto como en la composición.

De los tiempos en que hacía las veces de espantapájaros y cantaba Pericos que están buscando/no se coman la cosecha/mejor váyanse pai l mango/y no dejen ni las pepa, pronto saltó a las grandes ligas.

Los primeros en reconocer las dotes de compositor de esta obra de la naturaleza como lo ha llamado Colacho , su consejero, fueron Jorge Quiroz y Luciano Poveda. Ellos le graban su primero disco, La negra.

Mede- como le decían a Diomedes desde pequeño era muy inteligente. A los diez años demostraba unas inclinaciones hacia la música como ninguno , dice Mama Vila con las manos sosteniéndose la cara y los codos apoyándose en los muslos. La tina de la leche la tenía pandeada de tanto tocar en ella sus canciones .

Temiendo que en Villanueva, población a la que los Díaz Maestre se habían mudado en 1966, Diomedes se convirtiera en mujeriego y parrandero como su padre, Mama Vila lo envió a donde una hermana en Valledupar. Más exactamente, a una humilde vivienda del barrio La Cagá . Eran las postrimerías de los años 60.

Los zapatos, los calcetines, un par de interiores y un pantalón con los que salió el muchacho desmirriado de Villanueva, fueron adquiridos a través de un trueque de mochilas con Navarro, un tradicional comprador de artesanías de la región.

Valledupar, entonces, era el templo de la música. Todo el que quería ser músico o folclorista tenía que vivir allí. Y hasta la Ciudad de los Santos Reyes había llegado para quedarse, a finales de los 70, Diomedes Díaz Maestre, el hijo de Mama Vila .

El mensajero.

Diomedes estudiaba al tiempo quinto de primaria en la Concentración San Joaquín y primero de bachillerato en la Escuela Industrial. Entonces le entró la nostalgia por su primera novia, Martina Sarmiento, con la que tuvo el primer hijo. Le seguirían 25 más en unas diez mujeres, inspiradoras de cerca de un centenar de canciones famosas como Bonita , La Reina , Todo es para tí y Mi primera cana .

Como no podía visitarla ni a ella ni a su familia por falta de dinero, Diomedes empezó a animar fiestas en Patillal, La Junta, La Peña y San Juan del Cesar. Cuando no reunía lo del pasaje en las parrandas, servía de bulteador al transportista Kin Sierra, cuyo vehículo era el único que cubría la polvorienta ruta Valledupar-La Junta.

En su mira estaba ser el mensajero de Radio Guatapurí, a donde llegaban los artistas. El gerente quedó en que el seleccionado para el puesto sería anunciado por la emisora. Diomedes se la pasaba 24 horas pegado al radio.

Un día, en plena exposición en el colegio, dejó caer la tiza y el borrador. El maestro y los alumnos, creyendo ver un loco, lo siguieron hasta perderse en veloz carrera por la estrecha puerta del salón de clases. El había impuesto la moda de cargar el morral hasta en las exposiciones. Le habían dado el trabajo. Lo oyó en el transistor que cargaba en el morral.

Pronto renunciaría a Radio Guatapurí. Comenzó a trabajar como auxiliar de los grupos musicales de Freddy Peralta y Miguel López. Su trabajo: montar y desmontar columnas de sonido, desenredar y tender cables y atender órdenes y gritos de técnicos de sonido.

Sólo pasada la medianoche, cuando el público empezaba abandonar el espectáculo, le daban la oportunidad de cantar. También lo hacía cuando el cantante se demoraba en llegar a las presentaciones, defecto que Diomedes repetiría a lo largo de su carrera musical. De las rechiflas del comienzo, pasó a los aplausos. Su talento saltaba a la vista.

Trabó entonces cercana amistad con quien fuera el fundador del Binomio de Oro, Rafael Orozco, a través de las competencias musicales en el colegio Loperena de Valledupar, y luego hizo contacto con el acordeonero Emilio Oviedo. Este le permitió su primer gran éxito musical: Cariñito de mi vida, canción en la que Orozco lo bautiza como El Cacique de La Junta .

Con los pocos ahorros, Diomedes logra grabar Herencia Vallenata con la ayuda de Náfer Durán, Rey Vallenato y hermano del célebre Alejo Durán. Aunque no es un éxito rotundo, empieza a aparecer en las listas radiales. Es con Elberto El Debe López como Diomedes alcanza notable figuración. Sale al mercado Tres canciones.

Su carrera sería meteórica. Vendría la asociación con Juancho Rois- quien muere en un accidente aéreo en noviembre de 1994- , con Colacho Mendoza, Gonzalo Arturo El Cocha Molina e Iván Zuleta. Diomedes llenaría escenarios como el Madison Square Garden de Nueva York, y estadios en Venezuela. Su vida: la música. Su decir: De la Virgen para acá, que vivan las mujeres -.

Cien chivos.

Casi todos - familiares y amigos- coinciden en que la vena musical de Diomedes le viene de su abuelo materno, Gregorio Maestre, un acordeonero natural de Patillal (Cesar). Incluso, primos de éste eran poetas. Pero casi nadie explica de donde proviene su nobleza.

Antes de emprender cualquier gira, Valledupar se paraliza alrededor de la casa de los Díaz Maestre , cuenta Martha, una vecina del barrio Los Cortijos: Aquí llegan a pedirle que para una fórmula médica, que para los útiles escolares de los niños, que la ropita de diciembre, que es que no hemos comido, que... .

Cuando estaba peleado con su primera esposa, Patricia Acosta, tomaba como residencia una de las habitaciones del hotel Vajamar. En 1987- recuerda Tomás Adolfo Lara, auxiliar de parqueadero del Vajamar- llegó una viejita con una nieta parapléjica. Le dijo a Diomedes que no tenía como operarla. Le regaló un millón de pesos .

Los habitantes de Codazzi, sabiendo que Diomedes es devoto de La Virgen del Carmen, le pidieron una imagen para su iglesia. La mandó a traer de Cali , cuenta el ex jefe de prensa Paul Bolaños. Le costó cerca de medio millón de pesos.

Iván Zuleta, el joven acordeonero con quien alcanzó a grabar cuatro CD, no olvida un día de 1998 que mandó a traer cien chivos de su finca para regalárselos a los indios arhuacos. El fuerte de Diomedes son los pobres. Ellos lo quieren tanto, que se tatúan el cuerpo con su imagen. O ahorran todo el año para comprarse el CD .

De esos gestos nobles, pasa a la locura. En Baranoa (Atlántico) no olvidan la noche en que en medio del delirio colectivo, Diomedes le preguntó, en pleno concierto, a un vendedor de confites: Cuánto vale todo lo que llevas en la chaza? . El hombre respondió que 50 mil pesos. Diomedes sacó 100 mil y empezó a tirar chicles, cigarrillos y bananas a los asistentes.

Con las ganancias de sus primeras grabaciones compró siete casas en Valledupar para sus hermanos, le construyó una a sus padres y adquirió la finca donde nació y donde su papá era el capataz.

Pero la buena vida de la estrella que durante años se granjeó la amistad de los narcos a costa de nombrarlos en sus canciones, terminó en los estrados judiciales.

Una juez lo condenó la semana pasada a 12 años y medio de cárcel y le impuso una multa de 35 millones de pesos por no haber impedido, pudiendo, la muerte de Doris Adriana Niño, una de sus miles de seguidoras muerta en extrañas circunstancias en la noche del 15 de mayo de 1997 en un apartamento en Bogotá.

Aunque para las autoridades es claro que aquella noche hubo droga y sexo con la participación de sus guardaespaldas, la joven mujer habría muerto por asfixia mecánica y no por una sobredosis de cocaína como alega la defensa del cantautor vallenato.

A pesar de las sindicaciones, en Valledupar, su ciudad adoptiva, no todos creen en la culpabilidad de Diomedes. Siempre le gustaron las mujeres, como al papá, pero jamás les hizo daño , dice Mama Vila .

Otra cosa opina la justicia que libró esta semana orden de captura contra el hombre que, según Iván Zuleta, es el único- junto con el Santo Ecce Homo- capaz de paralizar al Valledupar.

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