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EL DELFÍN HUÉRFANO

EL DELFÍN HUÉRFANO

En reciente reportaje con el presidente Pastrana, Marianne Ponsford le pregunta en Cromos qué político ha estudiado con detenimiento, y a quién admira. A lo cual Pastrana responde, sin vacilar: A mi padre, indudablemente . De verdad? A su padre?, le contrapregunta: Sí. Ha habido dos personas que claramente influyeron en Andrés Pastrana. Mi abuelo y mi padre, a quienes respeto y admiro .

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
04 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

En reciente reportaje con el presidente Pastrana, Marianne Ponsford le pregunta en Cromos qué político ha estudiado con detenimiento, y a quién admira. A lo cual Pastrana responde, sin vacilar: "A mi padre, indudablemente". De verdad? A su padre?, le contrapregunta: "Sí. Ha habido dos personas que claramente influyeron en Andrés Pastrana. Mi abuelo y mi padre, a quienes respeto y admiro".

Hube de presenciar en vivo y en directo la solemne posesión de Bush como nuevo presidente de los Estados Unidos, finalmente elegido por el Colegio Electoral en medio de los más apretados comicios, y acompañado por los más encumbrados parlamentarios republicanos, encabezados por el famoso senador Lott. Y, desde luego, por el nuevo vicepresidente, Dick Cheney, equivalente a la relación de uno de nuestros ministros más veteranos con Andrés, respecto del delfín Bush. Pues además de consejero el muy derechista Cheney es, sobre todo, gran amigo de su padre, el ex presidente Bush.

El caso de los Pastrana y los Bush (the Bushes, dicen los gringos) admite más de una comparación. En primer término porque, salvo el caso de John Adams y su hijo John Quincy Adams, en 1825, es la primera vez que una familia logra prolongar su estirpe en el poder, en términos más o menos cercanos. Bush padre fue Presidente de E.U. en 1989 y su hijo lo es solo doce años después. Cuando quienes más sonaron siempre como posibles sucesores de John F. Kennedy, eran precisamente algún hermano suyo, o su hijo, lo que no sucedió. El poder político de esta familia lo sigue representando Ted Kennedy en el seno del Congreso, y ya no más.

Aquí no hay duda de que también los Pastrana les ganaron la partida a unos cuantos apellidos que legítimamente han aspirado a ver coronada la cosecha paterna, en la ascensión de algún vástago a la presidencia. Mas, como digo, en esta materia los Pastrana derrotaron en sus ambiciones a otras familias en su momento talvez con más pedigree político. La única diferencia es que, luego de breve y penosa enfermedad, Misael Pastrana no alcanzó a ver a su hijo posesionándose de la Presidencia, como sí le correspondió ahora a Bush. Sin duda, la presencia del ex presidente norteamericano fue, políticamente, lo más importante en la posesión de su hijo, George Walker... Además porque otro hijo suyo, Jeb, es el gobernador de la Florida, que fue el Estado que aparentemente le dio el triunfo electoral a su hermano. Esto es, que la influencia política de los Bushes es, hoy, significativa a todos los niveles, incluso en el tema de un presunto fraude...

Pero así como Pastrana recibió un país prácticamente dividido en dos (y eso sin que nadie quiera meterles el diente a los dineros con que Valencia Cossio logró el triunfo pastranista en Antioquia, en 1998), lo que ocurre en E.U., en este sentido, sí que da para más. Porque, con fama de ser simpático aunque bastante tontarrón, Bush hijo tiene el desafío de aglutinar en cualquier caso a una nación en la que más de la mitad de los votantes lo hicieron por Gore. A una nación que Clinton deja en la más impresionante opulencia, aunque ya con algunos signos de decaimiento, después del impasse de las elecciones. Nación en fin que es como jamás lo había sido la más poderosa del planeta. Para gobernarla, Bush podrá contar siempre con el feliz consejo de su padre, hombre ducho y a quien le correspondió gobernar en la era de lo que algunos califican como la tercera presidencia de Reagan.

Misael Pastrana fue un dirigente que, pese a la ayuda de los liberales y con el transcurso de los años, terminó convertido en uno de los voceros más sectarios del partido Conservador. Aun más, incluso, que Alvaro Gómez, y ni se diga frente a Belisario Betancur. Sinembargo, es una coincidencia casi generalizada que quien hoy le hace más falta no sólo a Andrés Pastrana sino al país, es la presencia del ex presidente Pastrana. Precisamente para aconsejar a su hijo en tantos asuntos tan neurálgicos, comenzando desde luego por el vidrioso clima reinante alrededor del proceso de paz.

Nunca un gobernante había alcanzado los límites de impopularidad que registra el actual; nunca la opinión desapasionada e independiente (para no reducir la cuestión a un presunto odio de religiosos antipastranistas) había visto con mayor preocupación la fragilidad de un mandatario en el ejercicio del poder, apoyado exclusivamente por voceros del gran capital; nunca los colombianos habíamos tenido tanto susto, en relación con el futuro inmediato de nuestro porvenir. Empero, a lo mejor la voz experimentada del ex presidente Pastrana estaría asesorando a su auténtico sucesor con las horas de vuelo que personajes como éste al fin y al cabo tenían, para lidiar el torbellino de la política y a pesos pesados como Tirofijo .

Por eso entiendo en parte la confesión del Señor Presidente, cuando deja entrever que quien más le hace falta, en estos momentos, es su padre. Y en ese sentido, ojalá el ex presidente George Bush no vaya a morirse, al menos durante los próximos cuatro años, para bien de la comunidad internacional.

robpos@eltiempo.com.co

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