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LA VICTORIA DE VARGAS

LA VICTORIA DE VARGAS

Mientras los bogotanos se preparaban para vivir el Día sin Carro, el Club de Abogados del norte de la ciudad era escenario, en la madrugada del jueves pasado, de diálogos políticas al más alto nivel para definir quién debía ser el nuevo presidente del Concejo.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
04 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Mientras los bogotanos se preparaban para vivir el Día sin Carro, el Club de Abogados del norte de la ciudad era escenario, en la madrugada del jueves pasado, de diálogos políticas al más alto nivel para definir quién debía ser el nuevo presidente del Concejo.

La reunión, que transcurrió en medio de algunos tragos, era de los concejales que buscaban armar toldo aparte para apoderarse de la mesa directiva de la corporación, que inauguraba precisamente el primero de febrero sus sesiones ordinarias. En ese momento, estaban reunidos 22 concejales.

La mesa era encabezada por Alfonso Prada, la ficha clave para pelear la presidencia con el candidato de la llamada Alianza por Bogotá , de la que el mismo hacía parte y que había ayudado a conformar a finales del año pasado.

Todos llegaron a la cita convocados por celular por sus propios colegas, luego de la reunión celebrada pocas horas antes en el Club El Nogal entre quienes tenían dudas sobre el poder de la Alianza por Bogotá para elegir presidente.

En esta reunión había estado el Personero de Bogotá, Germán Varón. Según los asistentes, el funcionario compartió con ellos varias horas y les reiteró su interés de ser reelegido. Luego abandonó El Nogal.

Casi todo había quedado arreglado allí para el nacimiento de otra coalición. Varios concejales reconocieron que acudieron a la cita por el aparente rompimiento de la Alianza por Bogotá y la desbandada que se iba a dar hacia el nuevo bloque.

El rompimiento.

Ese mismo miércoles una reunión de los 26 integrantes de la coalición de Prada, que comenzó a las 10 de la mañana en el Club de Ingenieros, había terminado abruptamente sobre las 8 de la noche. Una llamada de Judy Consuelo Pinzón a Hipólito Moreno, que contestó accidentalmente Jorge Durán, provocó el sisma dentro de la alianza.

Moreno y Durán se trenzaron en una discusión que estuvo a punto de terminar en golpes. Los dos se recriminaron y se acusaron mutamente de sapos y traidores por hablar con Pinzón, quien no estaba dentro de la coalición y supuestamente hacia parte del otro grupo.

Los concejales, desconcertados, comenzaron a salir, cada uno por su lado, del club de la calle 39. La alianza había quedado completamente resquebrajada. Desorientados y buscando refugio, 12 terminaron sentándose a manteles a la medianoche con Varón en un salón de El Nogal.

Ya en la madrugada del jueves, se trasladaron al Club de Abogados, de la calle 91, donde se cocinaba la nueva coalición de 22 concejales antiguos y nuevos. Sus promotores eran Germán Olano, Omar Mejía, Jorge Durán, Jorge Lozada y Angel Custodio Cabrera, considerados pesos pesados del Consejo. Olano y Mejía dominaron el Concejo en los dos primeros años de Peñalosa y querían volver a tener ese poder.

A las seis de la mañana, todos salieron apresurados hacia sus casas, para evitar la retricción del Día sin Carro. El acuerdo político había quedado sellado: Prada, Soledad Tamayo y Collin Crawford serían postulados para la mesa directiva.

Para contrarrestar cualquier otro reacomodamiento de fuerzas, los integrantes de la nueva coalición pidieron, durante el acto de instalación de las sesiones ordinarias, convocar para el viernes la elección de la nueva mesa.

Ese jueves en la tarde, la Alianza por Bogotá se recompuso con los 14 concejales que se mantenían firmes. Tras una votación interna, se escogió por consenso como carta para la presidencia a María Victoria Vargas, porque parecía la más capaz de atrapar votos de otros sectores, debido a su recorrido político.

Los sacrificados fueron Darío Angarita, Bruno Díaz y Antonio Galán, quienes declinaron sus aspiraciones. El pacto incluía para las vicepresidencias al conservador Flavio Maya y la independiente Fabiola Posada.

La misión de Vargas, en las horas que siguieron, fue conquistar los votos de los independientes que se habían mantenido al margen de la disputa para asegurar la victoria. El hombre clave fue Juan Carlos Flórez, quien asumió la tarea de convencer a David Luna y Pedro Rodríguez, miembro del Partido Visionario. Su voto fue consultado con el alcalde Antanas Mockus a través de un alto funcionario de su gabinete.

Entra Peñalosa.

Mientras tanto, en la noche, se anunciaba a la prensa la conformación de la nueva coalición con 22 concejales y se despertó una ola de llamadas en procura de adhesiones. En ese momento, apareció en escena el ex alcalde Enrique Peñalosa y varios de sus más cercanos amigos.

Cuando todo el mundo pensaba que Peñalosa se encontraba en el exterior, varios concejales escucharon su voz por el celular. La petición era muy concreta: votar por Prada, defensor de su obra de gobierno y amigo personal.

La ofensiva telefónica fue reforzada por el ex secretario de Gobierno Héctor Riveros y otros amigos. Ellos se encargaron de convencer a varios concejales amigos de apoyar la candidatura de Prada. Hasta último momento Peñalosa intentó convencer de lo mismo al visionario Rodríguez, sin resultados positivos.

El viernes en la mañana, la Alianza hizo una nueva reunión en la sede de Hipólito Moreno, para verificar los votos que se tenían para pelear la presidencia. Vargas salió hacia el Concejo con 19 votos en la cartera.

Su contrincante, y superfavorito para ganar, Alfonso Prada, también caminaba hacia el mismo lugar con la seguridad de que los 22 votos lo pondrían en la presidencia este año.

Llegó la hora.

Ya en la sesión plenaria, los 42 concejales empezaron a anunciar públicamente su voto para la presidencia. La pelea se polarizó entre Prada y Vargas.

Los contactos en el recinto y los pasillos entre los líderes de los dos bloques llenaron de incertidumbre el proceso de elección. Cualquiera de los dos podía ganar.

Hipólito Moreno, luego de sostener una charla privada en la sede social con su colega Luis Eduardo Díaz, el concejal lustrabotas , anunció que su movimiento votaría en bloque. Al final, su estrategia le daría un doble triunfo: la vicepresidencia de la gorda Fabiola y la victoria de Vargas con el voto de Lucho Díaz, quien inclinó la balanza en favor de la Alianza por Bogotá.

Prada perdió a la hora de la elección 2 de los 22 votos que tenía como seguros. Carlos Moreno de Caro y Luna decidieron votar por Vargas. Fue el golpe de gracia.

Qué tan beneficioso es para el gobierno Mockus la elección de Vargas? La cercanía de la nueva presidenta con Mockus, con quien mantiene una relación de amistad desde hace 6 años cuando se conocieron en el Concejo, da la seguridad de que la corporación le extenderá de entrada un ramo de olivo al Alcalde para entablar unas relaciones de respeto mutuo , dice Flórez.

Con Prada en la presidencia- sostienen algunos concejales desde un comienzo se hubiera casado una pelea con la administración por los reconocidos antimockistas que hacían parte de su grupo como Olano, Mejía, Durán y Lozada.

Con su derrota, no sólo Prada perdió la posibilidad de ser presidente en los próximos dos años sino que quedaron comprometidas las aspiraciones de otros dos favoritos para ocupar la Personería y la Contraloría distritales: Germán Varón y Carlos José Bitar, amigo de Olano.

Según el pacto de los perdedores, la presidencia de Prada iba amarrada a la reelección de Varón en la Personería y a la elección de Bitar como nuevo Contralor.

El cambio radical que provocó la elección de Vargas en el panorama político abrió la baraja para otras opciones que el jueves estaban derrotadas. Ahora, en la alianza, suenan fuertes las candidaturas de Germán Arias, ex secretario de Gobierno de Jaime Castro, para la Personería, y la de Juan Antonio Nieto, para la Contraloría. Pero, según miembros de la propia agrupación, nada está definido aún.

Los próximos días serán decisivos para saber qué tan fuerte es la alianza, pues se intensificará el cabildeo político por la Personería y la Contraloría, que son quizás cargos más disputados que las dignidades del Concejo, por cuanto no sólo tienen alto presupuesto y una no despreciable burocracia sino que son fuertes bastiones de poder.

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