Secciones
Síguenos en:
CON LAS MANOS EN LA MASA

CON LAS MANOS EN LA MASA

A la vida de los poderosos, sobre todo de aquellos que se mueven en los terrenos movedizos de la política y los gobiernos, casi siempre terminan arrimándose misteriosos personajes que utilizan el chantaje contra las figuras públicas o al servicio de sus enemigos, para manipularlas, perpetuarlas en el poder o expulsarlas de él. En tiempos recientes, son muchas las fotografías indiscretas, las grabaciones o los videos comprometedores que circularon públicamente con el único propósito de producir terremotos políticos. Casos como el de John Profumo, el ministro británico que se cayó en 1963 al descubrirse su enredo con Christine Keller, la prostituta que también mantenía una relación con un espía soviético; o el de las tormentosas relaciones del pérfido director del FBI, J. Edgar Hoover, con los hermanos Kennedy; o el del presidente Nixon, derribado por sus propias grabaciones sobre el escándalo de Watergate, o el de los casetes que destaparon el escándalo de los narcodineros en la polític

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
03 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

A la vida de los poderosos, sobre todo de aquellos que se mueven en los terrenos movedizos de la política y los gobiernos, casi siempre terminan arrimándose misteriosos personajes que utilizan el chantaje contra las figuras públicas o al servicio de sus enemigos, para manipularlas, perpetuarlas en el poder o expulsarlas de él. En tiempos recientes, son muchas las fotografías indiscretas, las grabaciones o los videos comprometedores que circularon públicamente con el único propósito de producir terremotos políticos. Casos como el de John Profumo, el ministro británico que se cayó en 1963 al descubrirse su enredo con Christine Keller, la prostituta que también mantenía una relación con un espía soviético; o el de las tormentosas relaciones del pérfido director del FBI, J. Edgar Hoover, con los hermanos Kennedy; o el del presidente Nixon, derribado por sus propias grabaciones sobre el escándalo de Watergate, o el de los casetes que destaparon el escándalo de los narcodineros en la política colombiana, son prueba de que en la vida pública cada vez es más difícil la confidencialidad y son más frecuentes los escándalos como parte del juego político.

Ninguno de estos episodios, sin embargo, alcanzó las dimensiones del que vive ahora el Perú por obra y gracia de los videos grabados por el ex jefe de inteligencia Vladimiro Montesinos, el personaje que reinó en el vecino país durante diez años a la sombra del presidente Alberto Fujimori. Ni el nuevo presidente peruano, Valentín Paniagua, se libró del escándalo de los videos, el primero de los cuales precipitó hace cuatro meses la caída de Fujimori y su fatídico asesor. En un hecho que causó enorme conmoción, un supuesto agente de Montesinos afirmó la semana pasada que Paniagua aceptó dinero de aquel para su campaña electoral legislativa. Y aunque la acusación fue rechazada por el mandatario como parte de un complot contra la democratización del país, aquella acentuó la incertidumbre generada por el videogate .

Con la divulgación de la primera grabación clandestina de Montesinos, en la que este apareció entregando dinero a un congresista para que se pasara de la oposición al oficialismo, el pánico invadió las altas esferas peruanas. Y no sin razón. Tras aquella grabación, las autoridades descubrieron otras en las que políticos, militares y empresarios aparecen recibiendo ofertas de dinero o plata contante y sonante a cambio de promesas de colaborar con el gobierno; y según la prensa peruana, el archivo puede contener hasta 2.500 grabaciones de esa índole. De este modo, el brazo misterioso del ex asesor, prófugo de la Justicia, amenaza con seguir alcanzando a otros personajes, mientras las autoridades no han podido dar con él. Tal vez la detención en Miami de su hombre de confianza, Víctor Garrido, ayude a descubrir su paradero y a correr el velo que cubre otras de sus actividades delictivas, de las cuales no solo fueron víctimas los peruanos.

Uno de los capítulos del régimen fujimorista que está por aclararse es el del contrabando de armas enviado del Perú a las Farc el año pasado y su conexión con el narcotráfico, a cuya sombra se cree que Montesinos amasó una fortuna de millones de dólares. Ahora que las autoridades peruanas están investigando a profundidad los delitos del ex asesor, es esencial que se haga claridad sobre ese contrabando, que afectó la seguridad de Colombia, atentó contra las relaciones bilaterales y, según todos los indicios, comprometió a Montesinos, a otros funcionarios y a altos militares peruanos.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.