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SUPER Y ALGO MENOS

SUPER Y ALGO MENOS

Hay en esta muestra dos fotografías de Carolina Herrera, la millonaria diseñadora venezolana, tomadas por Robert Mappelthorpe (1946-1989), que se enfrentan. Una es de 1977 y nos presenta más a la mujer rica, pulcramente peinada y maquillada, vestida con recato y hasta con un sombrero de malla que le cubre la parte superior de la cara. La segunda foto, de 1988, la revela como la diseñadora de modas en que la petrolera se transformó en menos de una década, con su descote espectacular y un peluqueado a lo New York, corto y húmedo. De alguna manera, puede pensarse que estos dos trabajos de Mappelthorpe, el controvertido y a veces repudiado por pornográfico, enmarcan el espíritu de esta exposición que reúne a cinco fotógrafos de Estados Unidos, Venezuela y Colombia, aun si nuestros representantes se encuentran, es mejor aceptarlo, fuera del marco conceptual de la muestra que se originó por instancias de la Fundación Museo de Arte de Acariagua-Araure en Venezuela. Y es que a pesar de que

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
29 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Las fotos de Mappelthorpe señalan la pauta ideológica de 5X5. Retratos donde la anécdota distractora es eliminada, como en Newman, Ritts y los venezolanos Elena de la Ville, Memo Vogeler y Fran Beaufrand. Donde puede detectarse un evidente minimalismo emocional (Newman y los venezolanos José Sigala y De la Ville, y en menor grado Vogeler y Ritts). Y donde el absoluto poder diseñístico de las imágenes contribuye a que los temas, los sujetos, sean captados en su esencia como figuras del espectáculo, cualquiera que este sea.

Así, la peculiar chaqueta en hojas del músico David Byrne se torna normal ante el marco de cortinas rojas que Leibovitz diseñó para la toma, o las túnicas andrajosas que llevan los modelos de Beaufrand se hacen cómplices de un erotismo algo desgastado. En las obras de Weber, el encuadre abarca ciertos detalles que sugieren facetas específicas, como la gran cantidad de cosméticos de Madonna o el cómico montaje de los muscolosos extras de Hollywood. Igualmente, Newman maneja algunas formas para reafirmar la personalidad pública de sus retratados: la tapa de un piano que parece una inmensa nota musical en Stravinsky, o la fabulosa calavera de búfalo en la pintora Georgia O Keefe.

Es importante anotar que mientras el grupo estadounidense es homogéneo en calidad visual y técnica (incluso podría decirse que es muy superior), el venezolano es muy irregular, y el colombiano un poco menos que desastroso. Porque resulta bastante claro que el sofisticado humor de Leibovitz (Keith Haring es mostrado desnudo pero pintado como una de sus obras) o el sublime lirismo de las flores de Mappelthorpe, enmarcadas con papel de colgadura, se encuentran supeditados a una brillante manipulación técnica. Entre los venezolanos, las truculencias temáticas de Margarita Scannone y los retratos amanerados de Vogeler dejan más dudas que satisfacciones. Por otro lado, son dignas de mencionar las fotografías seriadas e impresas en papel periódico de Sigala, los close-ups de músculos de De la Valle y los curiosos tableaux melodramáticos de Beaufrand.

Lo que sorprende de la selección colombiana (Hernán Díaz, Ramón Giovanni, Vicky Ospina, María Ester Galvis e Ignacio Gómez Pulido) no es tanto su irregular calidad artística sino el desatino con que fueron escogidos. Mientras los estadounidenses y venezolanos presentan básicamente retratos en formatos grandes, los colombianos exhiben un popurrí de pornomiseria, publicidad y difuminación en tamaños ridículos. No existió, según parece, el intento de avanzar alguna idea sobre la fotografía colombiana. O peor, sobre la fotografía en general. De todos modos, una visita a 5X5 ofrece la posibilidad de codearse con un número extenso de superestrellas, desde Picasso y Dan Flavin hasta Meryl Streep y Mel Gibson, pasando por muchos desnudos masculinos, para terminar en la exquisita y metafísica orquídea de Mappelthorpe.

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