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AMÉRICA LATINA: PROGRESO DESIGUAL

AMÉRICA LATINA: PROGRESO DESIGUAL

Convergencia en cuanto al modelo político y económico y búsqueda de formas de cooperación en el continente y con otras regiones son algunas de las características que definen en esta última década del segundo milenio a América Latina. Así lo plantea el distinguido profesor Abraham F. Lowenthal en el ensayo que anualmente escribe sobre la región.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
15 de septiembre 1997 , 12:00 a. m.

La convergencia en lo político y en lo económico la subraya como un cambio de proporciones históricas. Y al respecto no descarta que en el camino surjan obstáculos, desviaciones y cambios de rumbo. La clave estaría en la capacidad de producir resultados exitosos pronto. Así, se consolidaría el modelo. Contra ello conspiran percepciones negativas, tales como la idea de que la concentración del ingreso se está empeorando, el crecimiento del desempleo o la profundización de las distancias étnicas o sociales. Lo importante es que la mayoría sienta que el nuevo modelo político-económico la beneficia. De allí la urgencia de políticas sociales. Es que el tema de la solidaridad es el que está moviendo multitudes. El caso de la princesa Diana así lo corrobora, al igual que el de la madre Teresa. Por si hiciera falta, para darle la razón al profesor Lowenthal.

Veamos algunas de las cifras que ilustran su ensayo: al principio de los 90 a la región ingresaron como inversión extranjera cuarenta mil millones de dólares por año. Con todo, ha predominado la inversión de portafolio sobre la directa. Y la inversión de portafolio vuela, como las golondrinas, hacia los mercados que van ofreciendo mejor rendimiento. Y eso abundaba en la región. Ya no tanto. El nivel de ahorro sigue siendo bajo, sobre todo si se compara con el de los países asiáticos.

En el terreno político, Lowenthal señala los fenómenos tanto de corrupción como de violencia asociada con el problema de las drogas, que están afectando a Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú, Venezuela, Surinam, México, partes de Brasil y muchas islas caribeñas. Y señala que en muchos países de Latinoamérica hay que fortalecer el estado de derecho, la rendición de cuentas, la seguridad ciudadana y el respeto por los derechos humanos. Al mismo tiempo, ve progresos en el fortalecimiento de la sociedad civil, en el reconocimiento de los derechos de las poblaciones indígenas, más participación de las mujeres en la vida política, social y económica.

Y la democracia? Cuenta con más apoyo pero hay escepticismo con respecto a sus instituciones.

Y en lo social? Cerca del 24 por ciento de los latinoamericanos viven con menos de un dólar por día! La clase media está sufriendo y muchos se debaten en la incertidumbre. El abismo entre quienes ya viven el siglo veintiuno (Internet, celulares) y quienes continúan anclados en el siglo diecinueve sigue creciendo. El 20 por ciento de los latinoamericanos más ricos obtiene ahora diecinueve veces el ingreso del 20 por ciento de los más pobres. Muchos latinoamericanos viven todavía en los tiempos del cólera: sufren tuberculosis, malaria y otras enfermedades contagiosas.

Lowenthal cree que está creciendo el consenso con respecto a que la educación, la equidad y la participación política y la mayor competitividad se refuerzan entre ellas, pero que no es fácil formular políticas exitosas en estos campos. Mejorar la calidad de la educación es un elemento clave frente a la velocidad de los cambios tecnológicos.

Nafta, dice Lowenthal, es el marco para el proceso de integración silenciosa , que por décadas ha venido ocurriendo entre México y Estados Unidos. Con el Caribe ocurre algo similar: el transporte aéreo y las llamadas telefónicas se tratan como asuntos locales en Estados Unidos. En el sur se incrementan los intercambios comerciales y se intensifican los existentes con el Asia.

Y el mayor desafío? Superar el desequilibrio entre la modernización económica y la rigidez política; entre la modernización del Estado y la necesidad de que este ofrezca servicios públicos indispensables y ejerza una autoridad legítima. El tema es, pues, la capacidad del Estado y no su tamaño.

Pero Latinoamérica seguirá debatiéndose entre la euforia y el pesimismo. Debería predominar una visión realista de sus progresos y dificultades. Así nos iría mejor!

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