MUERTE EN LA MACARENA I

MUERTE EN LA MACARENA I

Dos hombres y un solo final. A ambos el destino les perforó el alma en el santuario de La Macarena, sitio idealizado por el mundo entero y profanado desde siempre por la ignorancia y la brutalidad del hombre colombiano -sin distingo alguno-.

11 de septiembre 2001 , 12:00 a.m.

Dos hombres y un solo final. A ambos el destino les perforó el alma en el santuario de La Macarena, sitio idealizado por el mundo entero y profanado desde siempre por la ignorancia y la brutalidad del hombre colombiano -sin distingo alguno-.

Hablamos de Melquicedec Fernández (más conocido como Melco) y Darío Mayorga Cruz, el primero asesinado hace siete años y el segundo muerto en accidente aéreo hace seis, ambos en La Macarena y ambos en septiembre. Dos hombres que se convirtieron -cada uno en su campo de acción- en símbolos regionales de tenacidad, de alma cristalina y acciones humanas encaminadas a la búsqueda permanente de un país más cercano a la utopía que tantos soñamos, donde el hombre sea en verdad amigo del hombre.

Estos dos soñadores construyeron su universo a partir de la.

premisa de que esta sociedad requiere de gente que una sus esfuerzos con hechos y realizaciones que, en sus casos, se vieron reflejados en el desarrollo de un trabajo sin par en el campo social e intelectual de nuestra región y nuestro país.

Melco, radicado desde 1966 en Villavicencio y desde mediados de la década de los ochenta en la sabana y la selva metenses, fue primero, como artista plástico, crítico de arte e investigador social, uno de los pioneros del movimiento artístico llanero. Promovió las primeras exposiciones que se colgaron en la ciudad y dirigió los primeros murales colectivos.

Luego se lo tragó la selva, pero desde allí cimentó un profundo trabajo ecológico por La Macarena, a partir de su propio ejemplo y el de su familia, creando conciencia entre los pobladores de este templo universal. Así, no fue un intelectual llegado al campo, sino un campesino más que demostró cómo se puede vivir con la naturaleza y con los demás seres vivientes en un ambiente de armonía, tolerancia y respeto. Infortunadamente, en medio de sus sueños una ráfaga le atravesó el alma, pero en respuesta, su tarea sigue viva, en el espíritu aguerrido de su familia, que continúa su lucha en La Macarena.

*Escritor y periodista

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