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AGUAS QUE LIMPIANDO VIENEN

AGUAS QUE LIMPIANDO VIENEN

Lanzó el anzuelo sólo para demostrarle a los incrédulos que lo acompañaban que ese río sí tiene vida. Una hora después, lo logró. En su canasta tenía una carpa y dos tilapias. Los tres, pescados en el río Bogotá. De esta manera, Antías Forero, un campesino sabanero, le entregaba a la misión del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que estudia la posibilidad de financiar la descontaminación de este río, la prueba irrefutable de que no es tarde para salvarlo y de que ya se está trabajando para lograrlo.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
27 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Les mostraba que a pesar de los olores fétidos y la contaminación, producto de los desechos que a él botan cinco millones de bogotanos, 24 municipios ribereños y 6.995 industrias, el Bogotá sigue siendo un río de bondades.

Porque las tierras que él baña continúan como las más ricas del país, porque gracias a sus aguas es posible que Bogotá y parte de Cundinamarca tengan energía, porque la industria se sirve de él para su funcionamiento, porque a pesar de ser durante decenios la alcantarilla más grande del país, el río continúa vivo.

Es que Forero, con sus 28 años, conoce como ningún otro al Bogotá. Le sabe su historia, esa que hicieron los turistas y pescadores quienes hasta finales de la década de los 30 lo utilizaron para sus vacaciones o como fuente de los más ricos cangrejos del país; y no como ahora para echarle basura .

Pero él no solo vive del recuerdo. También conoce su realidad actual y hasta, en cierta forma, el futuro de este río.

Conoce, por ejemplo, que es casi seguro que esos consultores del BID que durante estas últimas semanas han recorrido el río darán su visto bueno para que el Banco le preste a la Nación cerca de 55 000.000 de dólares, es decir, 29.260 000.000 de pesos, con destino a las obras de recuperación.

Además, sabe que en vista de esto a la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Bogotá, Ubaté y Suárez (Car) le correpondería hacer una contrapartida de aproximadamente veinte mil millones de pesos, aporte que también iría al proyecto.

Es conciente de que los resultados de los trabajos que se realizan y realizarán son parte de un proceso y que, por lo tanto, es ilógico pensar que los resultados se verán de la noche a la mañana.

Es que esa gestión ambiental, que más parece un compromiso de quijotes por lo gigantesco del objetivo, comprende la construcción de 24 plantas de tratamiento de aguas residuales en igual número de municipios vecinos del río, el montaje de 13 sistemas de pretratamiento de vertimientos de los mataderos localizados en las cuencas, principalmente la alta; la ampliación y mejoramiento de distritos de riego, la construcción de 26 rellenos sanitarios en igual número de poblaciones ribereñas y la reforestación de cerca de ocho mil hectáreas. El plan maestro De las obras también sabe Forero, pues los diferentes científicos y especialistas que han visitado la región se lo han explicado.

Las plantas de tratamiento, excepto la de Villapinzón, son grandes lagunas, una tras de otra, en las cuales poco a poco se decanta la contaminación, unas bacterias descomponen la materia orgánica y estas mismas mueren luego logrando descontaminar, en cerca de un 90 por ciento, las aguas residuales domésticas que hasta ahora son tributadas de manera directa al río.

En el caso de Villapinzón se agregan los residuos de 120 curtiembres artesanales. Por eso, la tecnología que se utilizará allí es una combinación de tratamientos químico y biológico, de lagunas de refinamiento y alcantarillados separados para aguas residuales domésticas e industriales.

Según Enrique Angel Turk, director ejecutivo de la Car, la tecnología ya fue ensayada con éxito por ellos en Chía y Cota, en donde ya operan plantas de tratamiento que han logrado descontaminar más del 80 por ciento.

En lo que respecta a los distritos de riego, La Ramada, Bojacá y TocaimaGirardot, el trabajo consistirá en la ampliación y cambio de sus fuentes de abastecimiento incluída la rehabilitación ecológica de la laguna de La Herrera.

Su objetivo es múltiple, ya que aparte de mejorar la calidad del riego, se beneficiarán cerca de 24.000 hectáreas, 14.000 más que hasta ahora, y se minimizarán los problemas de salud pública, tanto en esos municipios como en Bogotá, derivados de la utilización de aguas contaminadas para el rocío de cultivos.

En esa lista de grandes males también está la basura.

Ninguno de los municipios bajo nuestra jurisdicción dispone de manera técnica sus residuos: un 50 por ciento va a botaderos a cielo abierto, un 36 por ciento se quema contaminando aire y suelo y el 14 restante es lanzado a los ríos tributarios del Bogotá o a este mismo , dijo Aníbal Acosta, subdirector técnico de la Car.

De ahí la construcción de 26 rellenos sanitarios. La Car los financiará y luego de un año de operación se los entregará a los municipios para que se encarguen de su manejo. Los primeros estarán ubicados en Funza, Madrid, Mosquera, Subachoque, Facatativá, Anolaima y Chía.

Estos trabajos se complementarán con la reforestación de gran parte de la cuenca, obras de control de la erosión y recuperación de suelos, controles a las empresas contaminantes y la educación de campesinos del área del proyecto en acciones de conservación, protección y manejo de agua, suelo, flora y fauna.

Esta obra no es buena para muchos porque no tiene edificios. Pero es que ellos no se dan cuenta de que es importante porque beneficia a la comunidad, no sólo de los pueblos vecinos, no solo de Bogotá, sino de todo el país. Muerte a pasos No alcanza a tener cuerpo de río. Sólo es un riachuelo cuando cinco kilómetros después de su nacimiento comienzan a envenenarlo con los químicos de 120 curtiembres y los desechos que producen un matadero y cerca de cinco mil personas.

Es una especie de tortura sistemática: de Villapinzón hasta Bogotá, de Bogotá hasta Alicachín y de allí hasta el río Magdalena en Girardot. Tres recorridos con características diferentes pero un factor en común: contaminación.

PRIMERA ETAPA Recibe las aguas residuales de 17 municipios, 350.000 personas; el mercurio y otros químicos de los curtiembres de Villapinzón, la soda caústica de Alcalis, la ceniza de carbón de Termozipa y el formol y carbonatos que utilizan las empresas lácteas de la zona.

Esta agua se utiliza para abastecer al norte de Bogotá, a través de la planta de Tibitó, para el riego de cultivos, para el consumo industrial y para generar energía.

Pero apesar de todo, el nivel de contaminación no es alto gracias a los trabajos y controles que ha realizado allí la Car, en especial durante los últimos seis años.

SEGUNDA ETAPA La más crítica, ya que aquí es donde prácticamente el río muere. Por medio de las quebradas Juan Amarillo, Fucha, Tunjuelito y Soacha; Bogotá le bota al río cerca de 175.000 toneladas anuales de desechos.

Se vierten en especial detergentes, químicos, oxígeno disuelto, grasas, aceites, basura y materia orgánica y fecal.

La situación de este tramo es tan grave que no es posible ningún uso, ni siquiera con restricciones. Sinembargo, por fuerza mayor, la Empresa de Energía de Bogotá (EEB) debe utilizarlo para la generación de electricidad, pero con pérdidas.

Según el anterior gerente de la EEB, Alvaro Villegas, esa contaminación ocasiona vejez prematura en los equipos y una pérdida a la Empresa de cerca de siete mil millones de pesos cada 18 meses.

TERCERA ETAPA Aquí, un fenómeno natural es el que prácticamente le devuelve la vida al río: el salto del Tequendama, una caída de 1.500 metros que oxigena en parte estas aguas.

Este sector Alicachín-Girardot se caracteriza por los problemas de salud pública, pues la gran mayoría de las poblaciones ribereñas lo utilizan como fuente de sus acueductos y para el riego de cultivos.

A pesar de la alta calidad de estas tierras, en esta zona no es posible el desarrollo agrícola intensivo. El factor principal es la falta de un distrito de riego, sistema que la Car proyecta construir.

Toda esta degradación se extiende al río Magdalena, de ahí que el problema del río Bogotá sea de carácter nacional. La Compañía de Aguas La descontaminación total del río Bogotá siempre ha tenido un impedimento: la falta de recursos, en especial para la limpieza y tratamiento del tramo BogotáAlicachín, el más contaminado, y que tiene un costo aproximado a los dos mil millones de dólares.

El hecho de que el plan maestro de saneamiento que ejecutará la Car solo sea solución para las cuencas alta y baja, en especial para la primera, ha obligado a que las obras de descontaminación del tramo Bogotá sea de competencia nacional.

Así lo refleja la propuesta de constituir la Compañía General de Aguas, una empresa que estaría conformada por la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá, la Car, el Departamento de Cundinamarca y el Gobierno Nacional.

Su trabajo se basa en tres propuestas internacionales hechas por empresas de Francia, Gran Bretaña y España quienes proponen una rehabilitación del río por etapas.

La primera tendría un costo aproximado de 250 000.000 de dólares y tiene dos alternativas: la construcción de un solo colector de aguas negras que desembocaría a una gran planta de tratamiento o varios colectores de menor tamaño ubicados en la desembocadura de los afluentes del río, cada uno con su planta de tratamiento.

La viabilidad de estas obras está casi garantizada, pues las propuestas se basan en dos sistemas de contrato: Llave en mano y B.O.T., que traducido al español significa Construcción, Operación y Transferencia.

En ambos, la empresa contratada realiza las obras y luego de un tiempo de operación, en el que recuperan lo invertido, lo entregan a la Nación. La diferencia radica en que con el segundo se exige a las empresas oficiales que trabajan en el proyecto comprometer sus recursos anuales.

En las próximas semanas se conocerá el nombre de la compañía que realizará las obras.

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