UN NEGOCIO QUE CRECIÓ COMO UN TIRO

UN NEGOCIO QUE CRECIÓ COMO UN TIRO

En Creaciones Miguel Caballero existe una regla: vendedor que llega, vendedor que le pone el pecho a las balas.

29 de junio 1997 , 12:00 a. m.

Luis Alfonso Sarmiento no fue la excepción. Cuando llegó a la compañía, hace dos años, tuvo que demostrar que los chalecos antibala que estaba vendiendo si eran realmente efectivos.

La demostración la hizo ante un centenar de personas que asistían a una feria de seguridad en el Centro Comercial Andino. Allí le dispararon a quemarropa con una pistola calibre 38.

La primera vez uno se asusta mucho. Así tengas puesto el chaleco, el solo hecho de saber que te van dar un balazo a 50 centímetros asusta a cualquiera, hasta al más macho , dijo Sarmiento.

John Murphy y Miguel Caballero son los dueños de esta fábrica de chalecos antibalas que el año pasado vendió más de 300 millones de pesos. Ellos sostienen que la demostración ha hecho parte del éxito comercial de la empresa.

En los cuatro años que lleva operando, sus dueños se han disparado en 46 oportunidades. La demostración más reciente la hicieron en el estudio fotográfico de EL TIEMPO.

La mejor manera de probar los chalecos es utilizándolos nosotros mismos. Es el mejor control de calidad que podemos hacerle al producto , dicen.

Los dos empresarios afirman que era necesario involucrar a los vendedores en las demostraciones para que ellos mismos se convenzan de la calidad del producto que están ofreciendo.

Ellos aseguran que es conveniente que el vendedor viva la experiencia y le transmita al cliente lo que se siente en el momento de recibir un impacto para que así él pueda creer en el producto .

Las prendas blindadas que produce Creaciones Miguel Caballero las han adquirido políticos, comerciantes, e industriales, así como la Policía, la Fiscalía, la Armada y el Ejército.

Una de sus creaciones es el chaleco antibalas-salvavidas, diseñado exclusivamente para los infantes de Marina. En caso de que un infante caiga al agua, se mantiene a flote.

Sus diseños también se venden en Ecuador, Guatemala, México y los Estados Unidos. El hecho de fabricar chalecos antibalas en el país más violento del mundo, se ha convertido en nuestro mejor sello de garantía , sostienen.

Chaleco liviano Murphy y Caballero dicen que el éxito de sus productos se basa en tres cosas: discreción, comodidad y seguridad.

Su más reciente creación es un chaleco liviano Nivel IIIA . Pesa solo 1,2 kilos, detiene munición de armas cortas hasta de 9 milímetros y se puede adquirir desde 390.000 pesos en adelante.

Un chaleco convencional pesa dos kilos y puede costar entre 520.000 y 690.000 pesos.

Lo que pretendemos con este nuevo producto es brindarle protección a todos los policías, a los escoltas privados y a los vigilantes. La idea es masificar el uso del chaleco antibala como sucede en otros países , dicen.

Caballero sostiene que en Ecuador y México los conserjes de los edificios, los policías de tránsito y los guardias que protegen las estaciones de servicio tienen chalecos antibalas.

Dice que es irónico que en Colombia, el país más violento de todos, no se haya masificado tanto este producto como ocurre en otras partes del mundo.

Chalecos a la moda Este par de colombianos también elaboran productos especiales como chalecos blindados para mujer, chalecos blindados para grupos tácticos, botas blindadas para minas quiebrapatas y cascos blindados para motos, entre otros.

En este momento, calculan que el 90 por ciento de los escoltas motorizados que hay en Bogotá utilizan sus chompas especialmente diseñadas para este oficio.

En los próximos días le van a suministrar a la Policía chalecos con un altísimo control de calidad y eficiencia balística, cuya calidad, según sus fabricantes, está por encima de los chalecos importados.

Para la utilización de sus trajes blindados combinan la fortaleza de dos materiales mundialmente utilizados para la fabricación de estos productos.

Se trata de Spectra-LCR y Twaron Okevlar, cuya combinación disminuye el peso y proporciona mayor resistencia balística que los chalecos convencionales. También utilizan un material amortiguante especial que reduce el impacto hasta en un 30 por ciento.

Caballero asegura que su compañía es la única en el mundo que tiene garantía de mantenimiento para todas sus prendas, durante un año. Revisamos periódicamente los paneles de balística, es decir el material blindado insertado a las prendas , dice.

Ellos saben que se acerca la temporada electoral lo que dispara el mercado de chalecos blindados y sus ventas pueden llegar a crecer hasta en un 20 por ciento.

Es por eso que por estos días se están preparando para atender el aumento de la demanda. Y para no desaprovechar la oportunidad, crearon una tarima antibalas, liviana y ligera, para proteger a los políticos a la hora de pronunciar sus discursos en la plaza pública.

Murphy y Caballero supieron desde un principio que este era un negocio difícil, pero decidieron ponerle el pecho a un mercado que día a día crece en medio de las balas.

De los Andes al blindaje John Murphy y Miguel Caballero comenzaron este negocio en 1991 con 30.000 pesos prestados, cuando estudiaban Administración de Empresas en la Universidad de los Andes.

Con ese dinero hicieron su primera chaqueta de cuero que vendieron en 300.000 pesos.

Pero la afición de Murphy por la balística y los carros blindados (negocio en el que trabajaba) los llevó a inventarse su primera chaqueta de cuero antibalas y a dejar el negocio de las chaquetas tradicionales.

Fue en 1993 cuando hicieron su primera demostración en la Feria del Cuero y frente a las cámaras de un noticiero de televisión. El hematoma del golpe le duró a Murphy 15 días, pues el producto no estaba perfeccionado.

Cuentan que por esa época estaban de moda los chalecos de cuero y que los escoltas siempre los utilizaban y bajo ellos camuflaban sus armas.

A raíz de esta observación decidieron diseñar un producto que hiciera las dos cosas: que sirviera de protector antibalas y que fuera elegante. La fórmula tuvo éxito.

Después desarrollaron más prendas blindadas como gabardinas, bleizer, chalecos fotógrafo y trajes mucho más especializados para la industria militar.

Hoy en día en su fábrica trabajan 25 personas.

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