FARSA CULTURAL

Es muy raro que un escritor norteamericano logre influencia social , dice Don DeLillo. Antes que él, Cervantes vio la fractura creciente entre inteligencia y civilización. Su hidalgo inaugura los extranjeros modernos, abundantes en el arte y la literatura, de los que Lukacs explicó que tienen la conciencia más grande que el mundo. La grieta se ha ido agrandando, en forma que cultura e inteligencia son hoy adversarios en cosas importantes. Frente a realidades, pero sobre todo tendencias, hay mucho aceptable solo para un embrutecimiento voluntario. Nadie niega progresos, pero con costos, imposiciones y, sobre todo, perspectivas inadmisibles.

28 de junio 1997 , 12:00 a. m.

El rompimiento provoca deformidad. La mayor, que el progreso no depende de la inteligencia sino del poder y del económico. Como conciencia, la alta cultura es marginada. El arte se neutraliza como decoración o espectáculo elitistas. Inciden en la vida pública ciencia social o filosofía? Hay que ver la política o los medios. Pensamiento y creación pierden sentido aislados de la sociedad que los produce. Al extrañamiento contribuyen artistas o escritores ajenos a lo que sucede, o que disimulan su extrañamiento en extravagancias o jergas, resignados al destierro en torres de marfil en academias o universidades. Sin hablar del filisteo, que se siente culto porque tiene libros o cuadros pero ignora donde está parado.

Al dirigente criollo se le nota hoy demasiado su incultura. Su educación lo explica. Antes, por lo menos, quería parecer europeo. Colegios y universidades tradicionales insistían en el humanismo, ahora barrido como estorbo improductivo. La dirigencia nueva identifica educación con profesionalización barnizada con cultura superior. Al sometimiento progresivo a la economía le faltaba el reducto de la universidad para uniformar la sociedad en el tener para ser. Sin saber qué es, se llaman pragmatismo la amoralidad y la dependencia. La defección ante el narcotráfico es la prueba reina. Hay la consigna de poner la universidad al servicio de la productividad salvaje en otra estafa a la juventud.

Soluciona un ministerio el marginamiento de la alta cultura? La perjudica, porque la entrega más al manoseo político ya conocido. La isla del espíritu se manejará como el resto. Arte e inteligencia deberían molestarse con que se trate de desvirtuarlos, o instrumentalizarlos, como se dice sofisticadamente, desde gobiernos desautorizados. Con otro poder, convendría un ministerio de verdad. Fuera presidente De Gaulle, o ministros Malraux o Semprún, pero se verá a delfines, caciques y lagartos manipulando premios, viajes, becas, nombramientos, volviendo la cultura propaganda y cómplice del horror que vuelven todo, sometiéndola a la trampa y la ignorancia. Como creer que lo que manda hoy pueda reconciliar realidad e inteligencia.

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