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DEL CORAJE EN LA POLÍTICA

DEL CORAJE EN LA POLÍTICA

Al escribir este artículo desconozco cuál será el desenlace de la reunión que sostendrán el señor Presidente de la República y Manuel Marulanda. La expectativa nacional e internacional es enorme y pocas veces en la historia política del país una nación se pone de pie con electrizante atención para mirar y analizar lo que acontece a partir de las actitudes y posiciones que se asuman en una cita crucial.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Al escribir este artículo desconozco cuál será el desenlace de la reunión que sostendrán el señor Presidente de la República y Manuel Marulanda. La expectativa nacional e internacional es enorme y pocas veces en la historia política del país una nación se pone de pie con electrizante atención para mirar y analizar lo que acontece a partir de las actitudes y posiciones que se asuman en una cita crucial.

Más que una confrontación de poderes es un examen sobre el carácter. Y para quien ejerce una función pública, este tipo de desafíos es una oportunidad que bien puede proyectarlo a una cota de medianía o encumbrarlo a la cima de los grandes estadistas.

El presidente Pastrana pudo advertir que su actitud adoptada la semana anterior, de dar un plazo perentorio a las FARC para que respondieran si reanudaban o no de manera formal las conversaciones, congregó al país en torno suyo y generó un sentimiento masivo de respaldo por parte de todos los sectores de opinión pública.

Pero toda esa suma de apoyo moral, que ha incluido manifestaciones expresas de gobiernos extranjeros, espera también, con una mezcla de ansiedad y escepticismo, que se dé un giro sustancial en el rumbo del proceso de paz. El factor más preocupante no radica tanto en que no se hayan podido mostrar resultados tangibles como en el hecho tremendamente desalentador de que, hasta hoy, no se han visto señales ni indicios por parte de las FARC de avanzar en la voluntad de lograrlos. Y, lamentablemente, hay que decirlo, el gobierno de manera reiterada ha asumido una actitud bastante pasiva, limitado a hacer concesiones a las exigencias que una de las partes impone como agenda. En vez de un armisticio, que es un pacto entre poderes relativamente equilibrados, la impresión que ha quedado de estos dos primeros años es el equivalente de una capitulación a retazos que un vencedor le decreta al vencido.

El extenso territorio que se cedió como zona de distensión rebasó los limites de lo que razonablemente hubiera podido constituir un espacio para garantizar la seguridad de los alzados armas durante las negociaciones. Pero concedida ya una zona tan extensa de la patria, el gobierno ha debido exigir un rápido acuerdo sobre la agenda concreta de temas para negociar y forzar a que su contraparte manifestara dentro de un plazo muy breve, cuáles son sus aspiraciones en lo económico, en lo social y en lo político, si el leit motive de los que luchan es una redistribución del poder en nuestra sociedad.

Por supuesto, la guerrilla puede estar pensando que prolongar el conflicto le favorece para posicionarse en la mesa de las transacciones. Pero también deben ser conscientes que están asumiendo un riesgo alto al apostarle a esa estrategia, porque es muy probable que esa correlación de fuerzas cambie rápidamente en su contra.

Ojalá la Divina Providencia ilumine a nuestro Presidente y temple su carácter para este reto que afronta, con el respaldo moral de una nación. El coraje sin arrogancia, como lo prueban los ejemplos de John Kennedy y Winston Churchil, ha sido la cualidad humana que más ha influido para cambiar el curso de la historia.

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