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RESPIRO

RESPIRO

Hay diversas opiniones y análisis en torno al desempeño de la economía que van desde el exagerado optimismo oficial que pregona una vigorosa reactivación hasta el miope pesimismo de algunos que insiste en la debacle del aparato productivo. Pensamos que la realidad está en un punto intermedio; probablemente lo peor ya pasó pero aún estamos lejos de una recuperación robusta.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
08 de septiembre 1997 , 12:00 a. m.

Sinembargo, el punto que queremos compartir hoy no es nuestro diagnóstico de la coyuntura económica. Lo que queremos plantear -con base en que la crisis económica ya tocó fondo y hay algunas luces alentadoras- es que se requiere un esfuerzo adicional por parte del sector financiero para facilitar la reanimación de los negocios.

Hay muchas empresas que experimentan serias dificultades en sus flujos de caja para atender normalmente el pago de sus obligaciones financieras. Esto sucede como lógica consecuencia de la impresionante desaceleración. A pesar de los ajustes severos que se han realizado en muchos negocios, los ahorros y eficiencias generadas han sido insuficientes para compensar la enorme pérdida en el volumen de ingresos y el natural deterioro de la rentabilidad. Y no todos los empresarios tienen recursos propios para capitalizar sus empresas y sortear así el déficit.

Por lo tanto queda tan solo un camino para los casos más delicados: lograr acuerdos con los acreedores financieros y los proveedores, para obtener el oxígeno necesario que les permita salir adelante. No se trata de condonar deudas ni de reestructurar pasivos con tasas subsidiadas. Sencillamente se deben extender los plazos de las financiaciones y conceder un período de gracia, lapso de tiempo en el cual no se efectúa el pago de capital ni de intereses de la deuda, pero sí se causan los gastos financieros que más tarde se pagarán (cuando la recuperación lo permita).

El sistema financiero en general, a pesar de la crisis, se encuentra en un estado muy saludable gracias a la buena gestión de sus administradores. La cartera vencida es relativamente baja, la situación patrimonial es muy sólida y la rentabilidad es buena. Esta positiva condición le permite al sector financiero ser más amplio, darle un respiro a empresas de los demás sectores productivos de la economía que tienen problemas graves.

Ese oxígeno adicional no implica aumentar el riesgo de las entidades financieras. Todo lo contrario: ese aire adicional le permitirá vivir a los enfermos graves y repagar así sus deudas. En otras palabras, el respiro que sugerimos no es un acto de caridad ni de simple solidaridad fraternal. Es una decisión económica racional. Y es, además de factible, conveniente para todos en un momento en el que empiezan a aparecer señales de recuperación.

Las instituciones financieras tienen que actuar con inteligencia y paciencia en este momento clave en el que se está comenzando a invertir la tendencia negativa que traen los negocios en los últimos años. Si no lo hacen -si no dan ese respiro que proponemos- perderán ellos, perderán las empresas y muchos colombianos. Si lo hacen, todos ganaremos y la esquiva reactivación será más factible, más sólida y más próxima.

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