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UN TORRENTE DE EMPRESAS MEXICANAS HA PASADO A MANOS DE EXTRANJEROS

UN TORRENTE DE EMPRESAS MEXICANAS HA PASADO A MANOS DE EXTRANJEROS

AL ENTRAR A LA TORRE de Grupo Financiero Santander Mexicano SA, Marcos Martínez, el presidente de su directorio, ve abundantes señales de la forma en que las adquisiciones que han realizado muchas compañías internacionales están cambiando el panorama empresarial mexicano. Grandes estandartes con el emblema blanco y rojo del Banco Santander SA de España ondean como las banderas de una conquista. Mientras prende su computador, sabe que encontrará por lo menos cinco mensajes de correo electrónico de su jefe, Ana Patricia Botín. Ella no se sienta en la oficina de al lado y ni siquiera al final del pasillo; puede estar en Madrid, Buenos Aires o Nueva York.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
30 de septiembre 1997 , 12:00 a. m.

Pero la presidente ejecutiva de Santander Investment SA, que continuamente recorre el mundo, quiere que la actualicen de manera constante sobre su reciente adquisición en América Latina.

La compra del quinto grupo financiero más grande de México por parte de Santander es sólo un ejemplo de la racha de adquisiciones. Durante los últimos dos años se ha producido una inmensa transferencia de propiedades de manos mexicanas a extranjeras.

Las multinacionales han invertido más de US$ 7.000 millones en acciones en empresas de todo tipo, desde una productora de botellas para tequila hasta la cervecera más famosa de México.

Las adquisiciones están causando trastornos tanto en los salones de los directorios como en las fábricas. Están cambiando la forma en que los mexicanos trabajan y la forma como perciben su futuro. Y serán un tema importante durante las elecciones presidenciales en el año 2000 porque se le atribuyen a las políticas económicas del gobierno actual.

Para muchos defensores del libre comercio dentro y afuera de México, las ventas representan la inevitable globalización de las compañías mexicanas, que durante mucho tiempo escondieron su ineficiencia mediante tarifas proteccionistas y regulaciones. Tras la caída de tales barreras en virtud del Tratado de Libre Comercio (TLC) y otros acuerdos, las compañías mexicanas están cada vez más expuestas a competidores internacionales y ya no les queda otra opción que convertirse en multinacionales o fusionarse con una multinacional.

Cifras inesperadas Hasta el momento, un número inesperado de empresas ha vendido grandes participaciones a socios extranjeros en lugar de incursionar en otros mercados internacionales. Distintas razones motivan cada una de las ventas. Algunas se deben a que una nueva generación de la familia propietaria asume el control de la empresa.

Otras tienen que ver con necesidades financieras o cambios de estrategia. Pero en general, la meta es volverse más grandes, más audaces y verdaderamente internacionales tan pronto como sea posible.

El TLC ha obligado a la comunidad empresarial mexicana a pensar más globalmente , afirma William Rhodes, vicepresidente del directorio de Citicorp, que hace poco se expandió en México. Con estos nuevos vínculos, las empresas mexicanas serán competidoras más fuertes y más globales .

En julio, B.A.T. Industries PLC, de Inglaterra, asumió el control de Cigarrera La Moderna, la gigantesca tabacalera de México, en una transacción valorada en US$1.500 millones. Unos días antes, Philip Morris Cos. aumentó su participación en Cigarros La Tabacalera Mexicana SA, la segunda compañía más grande del país, del 29% al 50%, por US$400 millones. En junio, Wal-Mart Stores Inc. anunció planes para adquirir el control de Cifra SA, la minorista más grande del país, en un negocio valorado en más de US$1.000 millones. En julio, Procter&Gamble Co. compró Loreto y Peña Pobre, una empresa de productos de consumo, por US$170 millones. Bell Atlantic Co. obtuvo el control completo de su socio de telefonía celular, Grupo Iusacell SA, con una inversión total de más de US$1.000 millones. La lista continúa y se espera que siga creciendo.

Pero no todo el mundo está contento.

La economía ha perdido su significado nacional , lamenta Ricardo Pascoe, director de asuntos internacionales del partido de izquierda más grande del país. La riqueza y la fortaleza de la economía y las firmas bien establecidas están yendose por el sifón de la globalización .

La ola de fusiones podría haber tomado por sorpresa a muchos mexicanos porque es un cambio drástico respecto a las políticas del ex presidente Carlos Salinas de Gortari, quien insistió en que la propiedad de las empresas quedara en manos de mexicanos durante el programa de privatización de US$23.000 millones que puso en marcha a principios de los 90. Unas cuantas docenas de familias adineradas de México invirtieron sus fortunas en bancos, minas, la compañía telefónica y otras empresas. La mayor parte de las veces, las compañías extranjeras obtuvieron permiso sólo para comprar participaciones minoritarias en negocios grandes o para comprar participaciones en filiales.

En ese entonces el peso era sólido y las tasas de interés relativamente bajas, por lo que hubo un auge en el consumo, las ventas se incrementaron y los nuevos propietarios obtuvieron rápidamente una buena recompensa. Los inversionistas extranjeros trataron de quedarse con una tajada, pero los dueños mexicanos se mostraban reacios a compartir el pastel. Entre 1992 y 1994, realizamos una docena de viajes y nos reunimos con casi todas las familias que las firmas de Wall Street suelen representar; nos vieron como competidores en potencia y no como socios en potencia , dice Thomas Hicks, presidente de Hicks, Muse, Tate & Furst Inc., una firma de adquisiciones de Dallas.

Luego, la devaluación del peso, en diciembre de 1994, y el viraje posterior en las políticas económicas cambiaron todo , dice Hicks. Como las familias mexicanas habían estado renuentes a compartir la propiedad de las empresas a principios de los 90, se habían endeudado mucho en lugar de vender acciones. Pero el gran aumento de las tasas de interés llevó a muchas empresas al borde de la bancarrota y otras cayeron al abismo. Cuando los otrora adinerados mexicanos buscaron ayuda, vieron que la mayor parte de sus amigos estaban tan mal como ellos o peor. Y en la puerta esperaban las grandes compañías extranjeras, cargadas de dinero. Por ejemplo, Hicks Muse, compró acciones de cuatro empresas mexicanas el año pasado.

El derrumbe del peso creó una gran necesidad de capital , dice Hicks, que espera que su firma invierta US$1.000 millones en México y Sudamérica en los próximos tres a cinco años.

Aunque México ha sobrevivido la crisis económica, es probable que las políticas actuales sigan atrayendo a los inversionistas extranjeros. Después de la devaluación, el presidente Ernesto Zedillo y el Secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz, hicieron más énfasis en las exportaciones que en el consumo. Han dejado que el peso flote libremente respecto al dólar, lo que mantendría los productos mexicanos en una posición competitiva en los mercados internacionales. Las exportaciones no petroleras subieron un 33,1% en 1995 y un 18,6% en 1996. Pero la estrategia tiene un costo para las empresas mexicanas. La larga historia de inestabilidad cambiaria hace que los inversionistas pidan rendimientos mayores en los bonos e intereses más altos por los créditos que los que le piden a compañías similares de economías desarrolladas. Por tanto, aunque las empresas mexicanas quieran crecer en otros países, los costos de financiación son prohibitivos para la mayoría.

Hasta la fecha, sólo dos empresas mexicanas _Cemex SA, un conglomerado cementero, y Pulsar International SA, una empresa agroindustrial_ han logrado transformarse en compañías transnacionales. Tanto Cemex como Pulsar se endeudaron en grandes cantidades para comprar empresas de otros países, pero ahora pueden defender sus mercados nacionales al amenazar a sus rivales de EE.UU. y Europa en los mercados internacionales. Lorenzo Zambrano, presidente del directorio de Cemex, lo llama la capacidad de tomar represalias y es algo que casi todos los ejecutivos mexicanos quieren.

Sin embargo, la mayoría de las familias mexicanas que crearon las grandes empresas saben que la expansión hacia el extranjero no está libre de riesgos y exige una administración con alta preparación y por eso se asocian con transnacionales.

Un acuerdo sorprendente que está en curso es la compra que planea Anheuser-Busch Cos, de St. Louis. La empresa espera comprar una participación del 50,2% en Grupo Modelo SA, que produce la cerveza Corona, por unos US$1.600 millones. Debido al aumento de las ventas extranjeras, Modelo ha logrado recaudar un colchón de protección de US$380 millones, por lo cual las familias dueñas de la empresa no necesitan ni la capacidad de distribución de la empresa de St. Louis ni su dinero.

No entiendo por qué lo hicieron , dice un ex ejecutivo de Modelo.

No obstante, en un mundo en el que hasta la cerveza se ha convertido en un mercado mundial, sí necesitan la influencia de Anheuser-Busch. Modelo es fuerte, pero no se considera invencible , declara Eduardo Cepeda, presidente del directorio de Banco J.P.

Morgan SA, filial mexicana de J.P. Morgan y que actuó como asesor para Anheuser-Busch.

Una cosa es vender la cerveza en muchos mercados y otra cosa es competir con una planta eficiente de Anheuser-Busch en una situación de libre mercado , afirma.

En México, las dinastías que antes eran todopoderosas comienzan a ceder el control de sus negocios de una forma parecida. La transición es dolorosa pero emocionante para los ejecutivos que buscan ajustarse al estilo de las transnacionales que ahora son sus empleadores.

Solange Lucio, miembro de un equipo de banqueros de inversión mexicanos que compró un banco en una privatización en 1992 y forjó el Grupo Financiero InverMéxico SA, fue nombrada directora responsable de operaciones bancarias para consumidores de ésta. Luego, Lucio creó una empresa conjunta de tarjetas de crédito con Household Credit Service Inc. de Prospect Heights, Illinois.

Sin embargo, cuando la devaluación del peso casi llevó a InverMéxico a la quiebra, Banco Santander la compró en 1996. Varios de los socios de Lucio salieron y sus inversiones prácticamente se esfumaron. Hoy, Lucio es una ejecutiva de lo que ahora se llama Banco Santander Mexicano, una filial del Grupo Financiero Santander Mexicano, pero ya no es directora.

Usted sabe que la crisis le duele a uno , dice, golpeando un bolsillo vacío. Hace poco Lucio decía que la alianza con Household era su bebé , pero ahora observa con resignación que el vínculo se disolvió en abril por no caber dentro de la estrategia de Santander. La ejecutiva insinúa que la enérgica compra realizada por Santander creó roces culturales. Pero ahora el banco mexicano se recupera de su crisis y su nueva fuerza competitiva hace que los empleados den vivas a los esfuerzos de Santander, porque están orgullosos de ser líderes del mercado , dice.

Una constante La historia de Lucio se ha repetido muchas veces en bancos mexicanos afectados por la crisis económica. Las entidades extranjeras controlan plenamente un 15% de las instituciones bancarias mexicanas y además tienen varias participaciones minoritarias.

Su inversión total superó los US$3.000 en los últimos dos años. Los nuevos dueños han destruído muchos de los antiguos vínculos fraternales entre los banqueros y otros empresarios. Ese cambio le ha abierto oportunidades al inversionista internacional.

A finales de los 80, Jaime Bernstein, un empresario mexicano, decidió abrir una fábrica de vidrio para aprovechar la creciente necesidad de botellas hechas a la medida de los productores de tequila. Consiguió un préstamo de Grupo Financiero Probursa SA, del que era accionista y a cuyo presidente de la junta directiva conocía. Fué fácil , dice Bernstein. Confiaba en pagar el crédito con los ingresos de un negocio con una empresa de EE.UU. Pero eso nunca sucedió. Tras la devaluación, la tasa de interés del crédito de Bernstein subió al 120%. Tres meses después había dejado de pagar. Vendíamos todas las botellas que producíamos , recuerda, pero los pagos del préstamo se estaban comiendo todas las ganancias.

Banco Bilbao Vizcaya, de España, asumió el control de Probursa en 1995. Pronto, le dijeron a Bernstein que emprenderían una acción legal contra él. Para entonces, las cuotas de intereses no pagadas habían elevado el valor de su crédito a unos US$6 millones. Intentaron quedarse con nuestras casas... con nuestros autos , dice.

Frustrado, Bernstein acudió a su antiguo amigo, el ex presidente del directorio de Probursa, que tenía una oficina en el banco aunque los españoles ya lo controlaban.

Bernstein arrojó las llaves de la fábrica en el escritorio de su amigo y le dijo: Hey, Pepe, quédate con la planta . Pero BBV no quería la planta. Quería dinero.

A través de otro amigo, Bernstein entró en contacto con Hick Muse. Como la legislación sobre bancarrota no hace demasiado atractiva la opción de la ejecución hipotecaria, el banco aceptó US$3 millones, sin saber que la firma de Dallas le estaba ayudando a Bernstein a reestructurar a su empresa a cambio de una participación directa.

Ahora, Bernstein es un socio minoritario en la empresa de vidrio que fundó, pero no le importa. Hicks Muse está invirtiendo en la planta, para aumentar su capacidad. Yo tenía un ciento por ciento de los problemas y no dormía. Pero ahora tengo el 30% de un negocio rentable, dice. Además, no sé cómo decirlo en términos de negocios, pero esos tipos me gustan mucho .

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