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ROSARIO DE PERLAS

ROSARIO DE PERLAS

El pasado 30 de enero hice una doble lectura de EL TIEMPO: la del periódico del día y una muy cuidadosa del número uno, que como bien sabemos apareció en las calles bogotanas el 30 de enero de 1911 a tres centavos el ejemplar. Y como el que poseo se halla en perfectas condiciones de conservación, pude adelantar dicha lectura sin el mínimo tropiezo.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

El pasado 30 de enero hice una doble lectura de EL TIEMPO: la del periódico del día y una muy cuidadosa del número uno, que como bien sabemos apareció en las calles bogotanas el 30 de enero de 1911 a tres centavos el ejemplar. Y como el que poseo se halla en perfectas condiciones de conservación, pude adelantar dicha lectura sin el mínimo tropiezo.

Lo primero que el lector se topa en este histórico ejemplar de EL TIEMPO es un editorial de su fundador, don Alfonso Villegas Restrepo, en el que el grande e inolvidable periodista presenta las bases del pensamiento republicano que fue definitivo en la consolidación de la concordia nacional después de la horrenda sangría de los tres años. Viene luego un artículo del doctor Luis Zea Uribe sobre el mismo tema y una nota social en la que el nuevo diario da la bienvenida a la familia del presidente Carlos E. Restrepo, que por esos días pasaba una temporada en la capital. Viene luego la información internacional traída por los cables. Hay una nota de carácter científico y una notable curiosidad: un artículo del ilustre escritor español Angel Ganivet sobre "cómo mueren los finlandeses".

Bien vale recordar que Ganivet se había quitado la vida en la ciudad de Riga en 1898. Por lo tanto, lo más seguro es que la nota de EL TIEMPO haya sido tomada de sus Cartas finlandesas. En seguida hay un aviso fúnebre que hoy nos hace sonreír piadosamente, en el cual se da cuenta del fallecimiento del señor Johan Petersson "a consecuencia de un catarro pulmonar". Luego vienen los avisos, entre los que vale destacar uno en que don Leo S. Kopp anuncia los vidrios planos producidos en su fábrica Fenicia y otro en que Posada y Tobón da a conocer sus kolas y cervezas de uva.

Finalmente regreso a la página editorial del 30 de enero de 2001 y corroboro la gratificante certeza de que durante estas nueve décadas EL TIEMPO ha sido una incomparable escuela cotidiana del buen idioma, del lenguaje pulcro, preciso y transparente que lleva a los lectores las noticias y las opiniones sin sombra de los equívocos y las ambiguedades que suelen derivarse de un manejo torpe y balbuciente del idioma. De manera que esa cátedra cotidiana que nació el 30 de enero de 1911 sigue tan vigente y tan irreprochable como en la alborada de su nacimiento. Pero es que no podría ser otra la realidad de un diario cuyas páginas enaltecieron Eduardo Santos, Baldomero Sanín Cano, Ximénez , Alberto Lleras, Roberto García-Peña, Hernando Téllez, Juan Lozano y Lozano y tantos contemporáneos que es mejor no mencionar para no caer en injustificables omisiones.

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