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VIVIENDA

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Este artículo se escribe en la madrugada del día de la reunión de Pastrana con Tirofijo . Si avanza la paz, va a ser muy útil tener una política de vivienda popular, y si no avanza lo va a ser aún más. El otro día pronunció Pastrana un discurso sobre la política de vivienda en el que delineó unas buenas ideas. Lo que dijo fue alentador, pero todavía no existe un programa de vivienda. El Presidente se echó el discurso y, como buen colombiano que es, debe estar pensando que esa es la política. Hace falta tomar las decisiones y poner en práctica las ideas.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Este artículo se escribe en la madrugada del día de la reunión de Pastrana con Tirofijo . Si avanza la paz, va a ser muy útil tener una política de vivienda popular, y si no avanza lo va a ser aún más. El otro día pronunció Pastrana un discurso sobre la política de vivienda en el que delineó unas buenas ideas. Lo que dijo fue alentador, pero todavía no existe un programa de vivienda. El Presidente se echó el discurso y, como buen colombiano que es, debe estar pensando que esa es la política. Hace falta tomar las decisiones y poner en práctica las ideas.

El problema de la vivienda y del sector de la construcción tiene varios orígenes: en primer lugar, todavía existe un exceso de inventarios que tiene los precios deprimidos. Es mucho más barato comprar un apartamento de esos que recibieron los bancos en dación en pago que construir o comprar uno nuevo. En segundo lugar, muchas de las empresas de construcción han sido liquidadas o están en reestructuración. En tercer lugar, hemos tenido la más fuerte recesión económica de los últimos cincuenta años y un desempleo sin par, lo que ha ocasionado una caída vertiginosa de la demanda potencial. Adicionalmente, se derrumbó el sistema de financiamiento, con lo cual también se vino abajo la demanda efectiva de vivienda.

Sin financiación no hay programa de estímulo a la construcción que valga. Es imperativo, entonces, para acelerar la recuperación de la economía y ayudar a generar empleo, que se establezca otro sistema de financiación que funcione y que permita que la gente pueda ir pagando por la vivienda a medida que crece su ingreso, durante un largo lapso de tiempo. Se está diciendo erróneamente que eso no se necesita porque las personas que les están comprando apartamentos a los bancos lo están haciendo de contado. Por eso no se venden sino unas pocas propiedades por semana.

Lo primero que hay que solucionar es darles a los bancos la seguridad de que si vuelven a prestar no les van a poner conejo con el respaldo de los tribunales. En el medio jurídico existente, los intermediarios financieros no tienen esa certeza porque se ha creado demasiada inseguridad jurídica. En segundo lugar está el problema del calce o descalce entre las tasas de interés activas indexadas a la inflación y las pasivas atadas al DTF.

El Gobierno está proponiendo que se cree un fondo con recursos públicos el Frech para asegurar a los bancos contra un desfase entre las dos tasas. La idea es buena pero la forma como se propone hacerlo es muy enredada. Parece diseñada por los mismos econometristas que estudiaron el asunto. Lo que hay que hacer es sencillamente que el Banco de la República ofrezca hacer un SWAP de tasas de interés cambiándoles a los bancos la tasa de corrección mas 13,6 por una de DTF más 6, en las condiciones actuales, y revisar las condiciones del canje cada seis meses para las nuevas transacciones. En este momento ganaría Banco de la República si los bancos hicieran el canje, con lo que se crearían las condiciones para crearle un capital semilla al Frech y derrumbar el impedimento financiero que surge de la diferencia entre la naturaleza de las tasas activas y pasivas.

Solucionando los puntos anteriores, todavía queda por resolver lo más difícil: no hay plata para financiar vivienda! El Gobierno propone varios esquemas que van desde la titularización de hipotecas (muy buena iniciativa) hasta las inversiones forzosas disfrazadas (muy mala idea). Lo que hay que hacer es pedirle al Banco Mundial un crédito de quinientos millones de dólares para el financiamiento de vivienda popular, con lo que se podrían financiar entre veinte mil y treinta mil viviendas, para arrancar. Eso lo ha venido haciendo México anualmente desde hace más de diez años, con mucho éxito. En Colombia no había habido necesidad de hacerlo porque había Upac. Pero como ya no hay, se tiene que acudir al financiamiento externo.

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