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UN MUNDIAL, PERO SIN BALÓN

UN MUNDIAL, PERO SIN BALÓN

La Constituyente sigue sin arrancar. Las explicaciones que le ha dado a la prensa el encargado de gerenciarla, no convencen. Todo se está yendo en preparativos logísticos, pero sin que aparezca la almendra; lo esencial. La gente, más confundida que nunca, sigue preguntándose qué es lo que se va a reformar. Hay un vago y larguísimo catálogo de propuestas, cada una de ellas encabezada por el vocablo tentativo y un poco timorato de posibilidad , pero no el gran proyecto que le sirva al país de hilo conductor para salir del laberinto institucional en el que, inesperadamente, se metió. Si en algo el Gobierno debe ser afirmativo, claro, directo, es en estas materias que tienen que ver con la existencia misma de la nación. Si el régimen está, realmente, interesado en darle a Colombia un revolcón institucional, debe decir cómo es la Constitución que quiere y elaborar un proyecto concreto que recoja su criterio y se lo haga conocer, nítidamente, a los miembros de la Asamblea y, antes que na

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
26 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

Pero tampoco se advierte, ni siquiera a la distancia, el Murillo Toro, el Miguel Antonio Caro o el Darío Echandía que saque adelante las tesis del Gobierno dentro de la Asamblea Constitucional. Para decirlo con entera franqueza, no se vislumbra en la nómina de los ministros esa mezcla de gran jurista, de político habilísimo y de cumbre a la vez intelectual y moral que sea capaz de orientar, manejar, controlar y, si es preciso, amonestar y frenar con coraje que puede ser arriesgado a un Cuerpo que, al contrario de lo que ocurrió con los Constituyentes de 1863 y de 1886 y con el Congreso de 1936, será aventuradamente heterogéneo y que, por su propia naturaleza, probablemente se va a desbocar.

De cualquier manera, todo indica que ese Licurgo criollo no será el doctor Julio César Sánchez. De él se dice que, en cuestión de días, podría renunciar. Al parecer, se convirtió en otra de las muchas víctimas que va dejando tendidas en el campo el monstruo calculador y glotón de la gobernabilidad. Como en los cuentos góticos, el doctor Sánchez con las mejores intenciones pero imprudentemente contribuyó a crear una verdadera hidra y ahora está a punto de ser devorado por esa criatura burocrática, clientelista, insidiosa y tentacular. Es una lástima, pero por culpa de la gobernabilidad se metió en el lío inextricable de las gobernaciones, en el fiasco de la designatura, en el malentendido de la Procuraduría, y acabó perdiendo el respaldo de grupo que él mismo le exigía, rigurosamente, a quien quería formar parte de la nómina estatal. El duranismo, al cual representaba en el gabinete, le quitó su apoyo y ahora es muy probable que tenga que irse, porque así funcionan las reglas de la gobernabilidad. Son las consecuencias de depender de dos fueros, el grupista y el presidencial. Para sostenerse en el puesto, hay que cabalgar sobre ambos. Esa es la lógica que rige el esquema del Gobierno con los directorios que, precisamente, tuvo en el doctor Sánchez a su más empeñoso ejecutor.

Pero, quién podría reemplazarlo? Si la gobernabilidad sigue operando, probablemente la vacancia la llene el doctor Luis Fernando Jaramillo, que es el funcionario con mayor respaldo político en el gabinete ministerial. Tiene la plena confianza del presidente, que lo nombró nada menos que Canciller, y el total apoyo del Congreso que lo eligió Designado por unanimidad. Además, es serio aspirante a suceder al doctor Gaviria y si, como ministro de Gobierno, logra sacar adelante la Constituyente, quedará en primerísimo lugar en la fila india que ya se empieza a formar.

Pero no será nada fácil manejar la Asamblea Constitucional. Porque sobre el horizonte de la Constituyente se observan ya signos que indican que ahí se va a plantear nuevamente, y con mayor fuerza que nunca, el tema de la extradición. Imaginar que no ocurra así, es una ingenuidad. Ya García Márquez lo incluyó en sus propuestas de futuro Constituyente y lo declaró punto ineludible dentro de la reforma a la Constitución. Por otra parte, es obvio suponer que los interesados en que la no extradición de nacionales se eleve al rango de principio constitucional, no van a desperdiciar la oportunidad que les brinda la Asamblea que se va a reunir. Llevarán el tema, con toda seguridad, a las mesas de trabajo, a las sub-comisiones, a las comisiones y a la propia Constituyente, aunque el Gobierno se oponga con el argumento de que los acuerdos políticos suscritos con los partidos (incluido el M-19, que al parecer en este caso hizo otra salvedad) y el decreto que autoriza a votar en favor o en contra de la Asamblea, excluyen del temario materias que afecten los compromisos adquiridos por el Estado colombiano en virtud de un tratado internacional.

La Constituyente puede, entonces, convertirse en el referéndum que en diciembre se frustró, al precio de sacrificar la reforma constitucional. Se diría que la tesis, tan ardientemente defendida por algunos congresistas entonces, de aplazar la consulta para el mes de septiembre de este año, fue la que finalmente prosperó. Ese referéndum simplemente se postergó y posiblemente se producirá en enero de 1991, cuando se reúna la Asamblea Constitucional. Ahora bien: si eso ocurre y todo induce a pensar que va a ocurrir, los cargos de ministro de Gobierno y de ministro de Justicia, a pesar de su altísimo rango, no serán de envidiar.

De cualquier manera, en el ministerio de Gobierno, no es solo el ministro el que está en crisis. La sufre también todo el despacho, del cual ya solo queda el cascarón. El que fuera el cargo ministerial más importante del país, cada vez se parece más a la soberana de Inglaterra, que reina pero sin gobernar. Porque aunque, de acuerdo con la Carta, la institución del Gobierno la constituyen el Presidente de la República y el Ministro del ramo, lo cierto es que en los últimos tiempos ha surgido un para-gobierno constituido por el Presidente y su Consejero y hasta por el Consejero y el Secretario General de la Presidencia, que está dejando a los ministros sin las funciones, aunque con la responsabilidad. Por obra de esa especie de desplazamiento del mando, el Palacio Echeverry va terminar convertido en la jefatura de personal de unas gobernaciones que también se quedaron sin poder.

Pero volviendo a la Constituyente, y para utilizar el símil deportivo de quien la gerencia, se podría decir que se parece a un mundial de fútbol en el que todo está listo: los estadios, los hinchas, las bastoneras, los masajistas y hasta los hooligans que lo pueden perturbar. Pero en el que, lamentablemente, a quienes lo organizan se les olvidó conseguir los equipos, el árbitro, los jueces de línea y hasta el balón.

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