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PRODROMO DE UNA DEFENESTRACIÓN

PRODROMO DE UNA DEFENESTRACIÓN

El relato que al embajador de La Haya, Ramón de Zubiría, le hizo el ex presidente Guillermo León Valencia sobre el episodio de remoción del general Ruiz Novoa, ministro de Guerra entonces, fue posterior al que en días antes, en Bonn, nos había hecho al embajador de Zubiría y a mí, que entonces representaba al gobierno del Presidente Lleras Restrepo ante el de la República Federal de Alemania. Ocurrió en alguno de los días de noviembre de 1968, al retornar a Bonn de una reunión que en Berlín hube de convocar, con asistencia de los jefes de misión en la entonces Comunidad Económica Europea y los en España, Inglaterra y Ginebra me acompañaron el ex presidente Valencia, Víctor Mosquera, Silvio Villegas, Ramón de Zubiría y Antonio Oviedo. De Bogotá viajó el Secretario General del Ministerio de Relaciones, doctor Germán Cavelier. Fotografías conservo que el ex presidente me envió después desde Madrid, con laudatorias expresiones de agradecimiento, fechadas 2 y 3 del siguiente diciembre.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
14 de septiembre 1997 , 12:00 a. m.

A Bonn nos encaminamos luego el ex presidente y Ramón de Zubiría. Gratos e inolvidables días aquellos y en alguna hora de sobremesa, alentados de Zubiría y yo por la cordialidad, buen humor y expansivo ánimo del ex presidente le pregunté por las circunstancias íntimas del caso Ruiz Nova . Púsose de pie, alentado por resonante risa y en la versión grabada que después en La Haya le hizo al embajador, se reproduce el noventa y nueve por ciento de la versión de Bonn . En el uno por ciento incluyo dos pasajes adicionales, relativos a episodios posteriores al retiro del general.

Palabras más, palabras menos he aquí uno: a) Después de la caída del general Ruiz, en algunas ocasiones coincidíamos él y yo como concurrentes o invitados a actos sociales. El (el general) aprovechaba para acercárseme en son de saludo para echarme alguna vaina y me propuse que si en cualquiera próxima ocasión reincidía, yo le echaría una mía . Y esa oportunidad se presentó. Me encontraba en equis lugar un día, cuando mi estado de salud no era el mejor y como de costumbre se acercó el general y me dijo: Se le ve muy mal, señor Presidente, qué le ocurre? . Y en el acto le disparé a la paloma: Es posible general que yo me vea mal, pero a usted lo felicito porque sí se ve muy bien de everfit .

b) Nos dijo que los preparativos para el lanzamiento de la candidatura del ministro de guerra a la presidencia se adelantaban con mucho esmero y recursos de publicidad, entre otros un cartel de las dimensiones de estatura del general, vestido con todos los alamares, condecoraciones y presillas propias para efectos ceremoniales y texto alusivo a investidura presidencial.

Sentimiento de frustración La remoción del general estuvo cronológicamente precedida de algunos (entre otros muchos) antecedentes inmediatamente anteriores, concretamente uno el 9 de diciembre de 1964. En Rionegro, Antioquia, habría de conmemorarse ese día el centésimo cuadragésimo aniversario de la victoria en Ayacucho, una de la cuyas figuras descollantes era el joven general Córdoba, oriundo de Rionegro. Habría de inaugurarse el impresionante monumento de homenaje a Córdoba, la escultura ecuestre de Rodrigo Arenas. Una comisión de la junta de festejos vino con anticipación a Bogotá para invitar al Presidente Valencia. Este se excusó porque les dijo desde meses anteriores estaba comprometido para asistir en Cali a algún acto solemne y como estaba en apenada mora, no podía en tal ocasión reincidir en la postergación. Les expresó que como se trataba de una festividad en memoria de un histórico acontecimiento de armas y de una figura marcial heroica le pediría al ministro de guerra, general Ruiz, que lo representara en Rionegro.

De fidedigna fuente tuve conocimiento que los comisionados antioqueños se despidieron con silencioso sentimiento de frustración. Pero por otro lado, bienquerientes ciudadanos del general en Medellín recibieron con entusiasmo la inesperada noticia de su presencia allá y se dispusieron a aprovecharla para inscribir el 9 de diciembre, en la alcaldía de Rionegro, su nombre como candidato a la presidencia.

Al finalizar noviembre o en los dos o tres primeros días del siguiente diciembre tuvo lugar en Bogotá la Convención Liberal. Uno de los delegados de Antioquia, Alberto Jaramillo Sánchez, en una reunión privada con la Dirección Liberal a la que fui invitado en calidad de consejero ideológico de esa entidad, puso en conocimiento de ella la preocupación reinante en Medellín y Rionegro por los preparativos que se adelantaban para solemnizar el lanzamiento de la candidatura del general. En la sesión plenaria final de la Convención fui elegido, en compañía de José Francisco Socarrás, para que en nombre del partido liberal nos hiciéramos presentes en Rionegro, y que allí hiciéramos explícitos los sentimientos patrióticos del liberalismo, porque el general Córdoba desde los comienzos de la patria colombiana siempre ha sido venerado por la entereza de su carácter y su heroica resistencia a la dictadura de Bolívar.

El doctor Socarrás hubo de excusarse por imposibilidad de asistir y de mi parte preparé un corto discurso para ser leído en la plaza de Rionegro. Al llegar a Medellín tuve conocimientos que tanto el gobernador como algunos miembros de la junta de festejos habían recibido con desagrado la noticia de lo dispuesto por la Convención Liberal y la situación parecía en principio haber quedado resuelta con la exclusión del delegado liberal procedente de Bogotá. Todos los preparativos estaban programados para que en la Plaza de Rionegro pronunciara su discurso el general Ruiz y el restante programa habría de completarse en la Casa de la Convención, monumento histórico donde en el primer semestre de 1863 sesionó la histórica Convención de Rionegro, integrada por las más sobresalientes figuras del radicalismo, que debatieron y aprobaron la Constitución Federal del 8 de mayo de 1863.

La decepción por la ausencia del Presidente Valencia era persistente, acompañada de ostensible malestar, por dos poderosas razones de naturaleza constitucional y política: el sistema de Frente Nacional vigente excluía en forma perentoria la posibilidad de ejercicio de la presidencia a candidatos no pertenecientes a partidos distintos del liberal y el conservador. Como militar en ejercicio, el general Ruiz Novoa no podía identificarse como miembro de uno u otro partido. Además el turno presidencial para el período 1966-1970 le correspondía al liberalismo y ya la candidatura del doctor Carlos Lleras Restrepo estaba prefigurándose para la elección.

Fue así como Jaramillo Sánchez y otros personajes resolvieron comunicarse con el presidente Valencia, que se encontraba en Cali, acompañado de sus dos ministros vallecaucanos, Gustavo Balcázar y Cornelio Reyes. El presidente atendió el llamamiento de los medellinenses y aunque afectado por ocasional estado febril que lo indisponía, accedió a trasladarse a Medellín, anunciando que hacia las once de la mañana esperaba aterrizar en la capital antioqueña para continuar de allí hacia Rionegro.

A las 9 ó 10 de la mañana de ese 9 de diciembre, en el aeropuerto medellinense tocó tierra el avión que de Bogotá transportaba al general. Yo formaba parte de la comisión que habría de recibirlo. Viva conservo en mi memoria la lividez del rostro del general cuando cortésmente se le hizo saber que el Presidente llegaría una o dos horas más tarde para inaugurar el monumento! Llegado el presidente atendió la invitación para trasladarse al club campestre donde descansó una media hora y escuchó de parte del gobernador y algunos miembros de la junta de festejos el desagrado por la participación del delegado de la Convención Liberal. Por sugerencia de Alberto Jaramillo me abstuve de entrar al recinto a donde fue conducido el Jefe del Estado. Pero al salir este para continuar la marcha hacia Rionegro, amablemente me tomó de un brazo y en presencia de los que con él salían me dijo, dejándome la impresión de su propósito que escucharan los demás sus palabras: Señor doctor Restrepo: no sólo por lo que usted representa en la academia de los juristas, sino porque además tiene la investidura de la Convención del Partido Liberal, he dicho y lo repito ante usted que en mi gobierno, en presencia o ausencia mías no acepto discriminaciones políticas contra ningún colombiano. Mi investidura presidencial reposa en la elección con que los dos partidos históricos me han ungido y lo invito a que me acompañe a Rionegro y pronuncie su discurso en primer turno y yo lo haré después de usted .

Días contados En la plaza de Rionegro me acerqué al Presidente para expresarle nuevamente mis gracias y decirle que me sentiría muy agradado si me permitiera hablar en la Sala de la Convención y que fuera él quien ante el monumento se dirigiera al público. Así quedó convenido y mientras el Presidente improvisaba su discurso aproveché para incorporarle a mi texto de veinte minutos unas palabras que me vinieron a la mente con relación al recinto de la Casa de la Convención.

Concluido el acto en la Plaza nos encaminamos al otro monumento histórico. En el proscenio tomaron asiento creo no estar errado en el orden de colocación y de mención de frente a la apretada, voluminosa muchedumbre de oyentes: ministro Balcázar, presidente Valencia, ministro Reyes, ministro Ruiz, Carlos Restrepo. El micrófono estaba colocado frente a mí, cercano por lo mismo al señor general. Este destacado oficial había venido agitando la opinión con el enunciado de tesis de gobierno, de proyectos políticos. En la América Latina de entonces varios gobiernos eran de vestidura e investidura castrenses. Si no recuerdo mal pues este escrito no ha sido confrontado sino con mi memoria el general mantenía en circulación un eslogan: el cambio de estructuras. Cuando en la primera parte de mi discurso expresé que las estructuras no se cambian por orden del día de Estado mayor el muy atento público que, advertía yo, cada vez era más atento, estalló en aplausos, se pusieron de pie los sentados y concentraron sus miradas hacia el rostro del general. Y la añadidura que en la plaza incorporé mientras el Presidente hablaba, más o menos fue esta: ... y en esta misma sala, hace ya 101 años, un vigoroso grupo de civiles inermes se enfrento y obligó a compostura a un soberbio general Tomas Cipriano de Mosquera ornado con el prestigio de triunfador en una guerra .

Amigos me dijeron después que el general Ruiz Novoa no pudo contener su desagrado. En su página editorial EL TIEMPO reprodujo mi discurso cuatro días después en forma destacada. El 16 de diciembre siguiente, día concluyente de las sesiones ordinarias del Congreso, el presidente Valencia ofreció como de costumbre, un agasajo de despedida a los parlamentarios. Invitado como fui, al saludar de mano al Jefe del Gobierno, con una ligera sonrisa y voz apenas perceptible me dijo: Muy valeroso y elocuente su discurso en Rionegro .

Los días del general Ruiz Novoa estaban contados. En enero siguiente si no me traiciona la memoria fue su despedida del gobierno y de las Fuerzas Armadas.

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