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COLOMBIANOS EN EL LIMBO

COLOMBIANOS EN EL LIMBO

Más de 30.000 colombianos que viven en España sin permiso de residencia y trabajo sufren por estos días las consecuencias de la ley de extranjería que empezó a aplicarse en ese país el pasado 23 de enero. Muchos de ellos han perdido sus puestos de trabajo y comienzan a pasar fatigas para pagar el arriendo y dar de comer a sus familias. Otros han decidido encerrarse en algunas iglesias en protesta por la nueva disposición. Otros, presos de la angustia, han tomado el mal camino de la delincuencia.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
10 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Más de 30.000 colombianos que viven en España sin permiso de residencia y trabajo sufren por estos días las consecuencias de la ley de extranjería que empezó a aplicarse en ese país el pasado 23 de enero. Muchos de ellos han perdido sus puestos de trabajo y comienzan a pasar fatigas para pagar el arriendo y dar de comer a sus familias. Otros han decidido encerrarse en algunas iglesias en protesta por la nueva disposición. Otros, presos de la angustia, han tomado el mal camino de la delincuencia.

La ley fue aprobada en el Parlamento español con los votos de la mayoría absoluta que posee el Partido Popular (PP), encabezado por el jefe del Gobierno, el conservador José María Aznar, y ha recibido críticas desde la oposición socialista y los sindicatos. Contempla medidas muy severas contra la inmigración ilegal. Autoriza la expulsión casi inmediata de los "sin papeles", a quienes prohíbe los derechos de asociación y reunión, y sanciona con el cierre hasta por cinco años y multas de un máximo de 120 millones de pesos a las empresas que den trabajo a los indocumentados.

Como consecuencia de dicha medida, unos 200 mil inmigrantes que no tienen permiso de residencia, y que en su mayoría recogen cosechas o laboran en el sector de la hostelería algo que los españoles se niegan a hacer por los bajos salarios que se pagan- , han sido recientemente despedidos por sus patronos y originado un grave problema social. Consciente de ello, y a veces presionado por gobiernos extranjeros, Madrid ha dado los primeros pasos para regular la inmigración procedente de Marruecos, Polonia y Ecuador, países de donde surge el más alto número de sin papeles del Africa, Europa del Este y América Latina, respectivamente. El pasado 31 de enero, el ministro del Interior español, Jaime Mayor Oreja, suscribió en Quito un convenio por el cual cada año 30.000 ecuatorianos podrán radicarse legalmente en España, siempre y cuando lo hagan con un contrato de trabajo bajo el brazo.

Colombia busca un convenio similar para sacar de apuros a sus súbditos indocumentados en España. El lunes de esta semana, el ministro de Trabajo, Angelino Garzón, dijo en Madrid que encontró buen eco en el secretario de Estado español para la Extranjería y la Inmigración, Enrique Fernández-Miranda, con quien discutió el asunto. Pero hay que decir que el Gobierno ha debido pisar el acelerador hace mucho tiempo para conseguir la regularización de esos miles de colombianos. No se entiende cómo la Embajada en Madrid, que representa a la segunda colonia de sin papeles más numerosa de Latinoamérica, y que ha podido hacer legítimo y buen uso de la estrecha amistad que une al presidente Pastrana con el señor Aznar, no se pellizcó a tiempo para iniciar negociaciones bilaterales y haber evitado a millares de colombianos los rigores de la ley de extranjería. Hace meses se supo cuál iba a ser la redacción de la norma y hace meses viene dando cuenta nuestra prensa del éxodo colombiano hacia España y tuvo que viajar un ministro para hacerle el trabajo al embajador.

Lo ideal es que el eventual convenio, cuya negociación está a punto de dar comienzo entre las cancillerías de Bogotá y Madrid, otorgue las mejores garantías a los compatriotas que viajen a la Península. Debe saberse que, según las Naciones Unidas, España requiere 600.000 inmigrantes de aquí a 50 años para mantener la fuerza de trabajo es el país con la tasa de natalidad más baja del mundo- y toda la Unión Europea, 12 millones. La inmigración constituye una de las prioridades de la UE. Es imperativo que Colombia lo tenga claro. No es menos importante que España reconozca sus vínculos y deberes históricos con Hispanoamérica, vínculos que recogen ciertos tratados internacionales del siglo XIX aún vigentes, donde se plantea una política bilateral más abierta, muy distinta a la restrictiva que hoy impone el PP.

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