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LOCADEMIAS DE CONDUCCIÓN

LOCADEMIAS DE CONDUCCIÓN

Oiga, usted dónde aprendió a manejar? Mi papá me comenzó a soltar el carro cuando yo tenía 12 años y ahí, poco a poco.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
10 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Oiga, usted dónde aprendió a manejar?.

Mi papá me comenzó a soltar el carro cuando yo tenía 12 años y ahí, poco a poco.

Y dónde sacó el pase? Eso le pagamos a un tramitador y ya.

Esta conversación es típica de muchos de los automovilistas que actualmente ruedan por las calles colombianas, tal como lo confirma una encuesta contratada por el Fondo de Prevención Vial y realizada por el Centro Nacional de Consultoría.

Dentro de muchas preguntas a 1.100 automovilistas en las principales ciudades del país, se determinó que el 50 por ciento de los conductores aprendieron con un familiar y que jamás recibieron "algún tipo de capacitación".

De estos resultados se puede explicar por qué desde 1997 ocurren más de 50.000 accidentes anuales en Bogotá y que murieran 7.500 personas en accidentes de tránsito cada 12 meses en Colombia.

Al fin y al cabo, conducir un carro no es solo apretar el acelerador y echar gasolina. Por el contrario, esta es una actividad peligrosa que requiere de profunda capacitación en no solo las técnicas de conducción sino también en normas de tránsito, civismo, ética, tolerancia, respeto, cortesía, disciplina en la vía, primeros auxilios y seguridad y prevención y control de incendios, como mínimo.

Jorge Alberto Galindo, director del Fondo de Prevención Vial y Angel Bejarano, director de la escuela de conducción de la Secretaría de Tránsito y Transportes de Bogotá, coinciden en que "el problema central está en la educación".

Bejarano explica que "el esquema actual de academias de conducción de propiedad de particulares, solo emite certificados de aptitud para la obtención de las licencias de conducción, pero en realidad no educa con suficiencia a los aspirantes a conductores, sobre todo porque basta con que se pague el servicio para obtener el documento".

Contrario a lo que sucede en países organizados, el artículo 31 del Acuerdo 0051 de 1993 eliminó el examen que realizaban las autoridades a los aspirantes y se delegó en estos terceros la enseñanza de las técnicas de conducción sin que las autoridades sirvan de examinador final.

"Esto en sí mismo no sería problema, de no ser porque algunas escuelas de conducción se convirtieron en empresas comercializadoras del certificado de capacitación teórico-práctico, documento sin el que nadie puede tramitar la licencia de conducción", dijo Bejarano.

El año pasado el concesionario administrador de gestiones ante el tránsito de Bogotá recibió 54.603 solicitudes de licencia de conducción para automóviles y 14.481 para motocicletas.

Cuántos de estos graduados están bien capacitados? Si nos atenemos a la encuesta mencionada, solo 27.300 recibieron algún tipo de instrucción, consistente en al menos 27 horas de curso teórico-práctico.

Y eso que se sabe de academias que entregan los certificados sin que la persona haya sido capacitada, tal como la Ferrari de Mariquita, que fue sancionada el 22 de diciembre pasado.

Quién controla?.

De otra parte, si bien los programas de capacitación para aspirar a la licencia de conducción de automóvil particular exigen 37 horas de programa (10 de técnicas de conducción y 10 de normas de tránsito y seguridad vial, 7 de mecánica básica, 5 de seguridad, prevención y control de incendios y 5 de primeros auxilios), la misma ley en su artículo 20 establece que la intensidad horaria mínima debe ser del 40 por ciento para la práctica y del 60 por ciento para la teoría, lo cual reduce a solo 20,2 horas la instrucción a quienes manejan carro.

En Bogotá hay más de 100 academias autorizadas. Telefónicamente pudimos contactar a 49 de ellas. En promedio cobran 126.775 pesos por curso mínimo, ofrecen 22,7 horas de teoría y 10,8 horas de práctica. (Ver recuadro).

El control sobre la calidad de la capacitación y el cumplimiento de la intensidad horaria de los cursos que ofrecen más de 500 escuelas de conducción del país está a cargo de la Subdirección Operativa de Tránsito y Seguridad del Ministerio del Transporte, dependencia que luego de la reorganización del 2 de febrero del año pasado cuenta con 5 funcionarios.

Adicionalmente se delegó en la Regional de Cundinamarca, con tres funcionarios, el control de las 120 escuelas de este departamento y de Bogotá. Son suficientes para asegurar la calidad de la capacitación?.

Si bien el 16 de enero pasado el Ministerio sancionó a tres escuelas (dos por allegar información no correspondiente a la realidad para la obtención de la licencia de funcionamiento y una por expedir certificados a personas que no había capacitado), es conocido por la ciudadanía que a muchas de las escuelas lo único que les importa es la venta de los certificados y la tramitación de las licencias de conducción.

Así parece confirmarse a través de varias preguntas que se hicieron en la misma encuesta.

Por ejemplo, el 50 por ciento desconoce el significado de las dos líneas amarillas continuas pintadas en el centro de la vía; el 76 por ciento no tiene ni idea de que existen tres tipos de señales de tránsito; y dentro del 24 por ciento que dijo conocer los tres tipos de señales, el 44 por ciento no supo describir cómo eran las reglamentarias.

A todas luces se aprecia que el sistema educativo del conductor no está funcionando y que el Estado se equivocó cuando delegó la responsabilidad de calificar la idoneidad de los aspirantes a conductores.

Mientras que el Estado reasume la responsabilidad, en solo Bogotá murieron el año pasado 828 personas en accidentes de tránsito.

Falta el examen.

Si bien el examen que todo aspirante a conductor debía aprobar fue abolido en 1993 (por corrupción), actualmente la Escuela de Conducción de la Secretaría de Tránsito y Transportes de Bogotá intenta que esta atribución le sea retornada para así servir de filtro de conductores y de control a las academias.

No tratan de eliminar el esquema de que las academias impartan la capacitación sino que el Estado procure un mejor control.

La necesidad es inmediata porque, según la misma encuesta, "a pesar de que la totalidad de las infracciones evaluadas se consideran peligrosas, los conductores con mucha frecuencia incurren en ellas poniendo en riesgo sus vidas y las de los peatones".

El desconocimiento de las normas de tránsito también se evidencia cuando solo el 55 por ciento de los conductores respondió correctamente que la velocidad máxima permitida para transitar en áreas urbanas es de 60 kilómetros por hora.

Si bien hay escuelas que solo les interesa vender el certificado de aptitud, también hay conductores que no quieren la capacitación y por eso están dispuestos a pagar. De ahí la necesidad de que el Estado sea el examinador final.

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