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LOS CLINTON, A DEVOLVER REGALOS

LOS CLINTON, A DEVOLVER REGALOS

Cuando el 20 de enero el ex presidente Bill Clinton y la nueva senadora por el estado de Nueva York, Hillary Rodham Clinton, dejaron la Casa Blanca después de ocho años seguramente tenían algo en mente: cómo decorar las dos mansiones en las que vivirían en esta nueva etapa: una de cinco habitaciones en el suburbio neoyorquino de Chappaqua y otra, también de cinco habitaciones, en un de los sectores más exclusivos de Washington.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
11 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Al parecer, parte del problema estaba resuelto ese día, pues con los Clinton salieron varios camiones de mudanzas llenos de muebles y artículos personales de la familia presidencial. Dentro de los objetos removidos de la Casa Blanca se encontraban regalos valorados en 190 mil dólares (cerca de 400 millones de pesos) recibidos por la familia en el curso de la administración del presidente Clinton. Por si la dudas, los obsequios estuvieron acompañados con un inventario detallado que fue publicado por varios medios de comunicación. Fue entonces que estalló la bomba: varias de las personas que aparecían en la lista como autoras de algunos de los regalos pusieron el grito en el cielo al enterarse que sus preciados objetos habían terminado en manos de los Clinton. Ofendidos comerciantes y fabricantes de muebles se comunicaron con el diario Washington Post y aseguraron que los artículos que aparecían como obsequios personales a la familia presidencial fueron en realidad donados al gobierno federal como parte del proyecto de remodelación de la Casa Blanca adelantado en 1993.

Un documento del Servicio de Parques, agencia encargada de la administración de la mansión presidencial estadounidense, corroboró las declaraciones al confirmar que los objetos hacían parte de la colección permanente de la residencia. Nunca le hubiera dado un regalo a los Clinton , dijo Brad Noe, antiguo ejecutivo de Henredon Furniture Industries, uno de los donantes.

Los muebles en cuestión, dentro de los que se encuentra dos sofás de más de 10 mil dólares, una alfombra de mil dólares y unas lámparas de 1.170 dólares, suman en conjunto cerca de 28.000 dólares y se convirtieron la semana pasada en otra más de las controversias que han rodeado el fin de la era Clinton y que tiene a voceros y representantes de la pareja apagando fuegos por todos los flancos.

Antiguos administradores de la mansión presidencial aseguraron que la forma en que la pareja se llevó los muebles podría ser calificada como una forma inapropiada de conversión de propiedad gubernamental .

Los señalamientos éticos y la presión publica obligaron a la ex familia presidencial a devolver los objetos en duda el jueves y con ellos enviaron una declaración en la que aseguran que los muebles aparecían en una lista de la oficina de obsequios de la Casa Blanca, que se encarga de tramitar los regalos destinados directamente al Presidente, lo cual les dio a entender que pertenecían al primer mandatario.

Cómo aparecieron los mismos muebles en las dos listas?, en la del Servicio de Parques y en la de la oficina de obsequios, aún no está claro, pero algunos sugirieron un simple error de secretarias.

Pero el lío de los regalos no termina ahí. Un buen número de otros obsequios con los papeles en regla fueron recibidos por la familia presidencial entre noviembre y diciembre de 2000, cuando Hillary Clinton ya había sido elegida senadora al Congreso. Y si bien nadie violó ninguna regla legal o de protocolo, planteó nuevas dudas éticas sobre la intención de los donantes y los agasajados. El regalo que más ha llamado la atención es un juego de una mesa y cuatro sillas con un valor de 7 mil dólares entregado por Denise Rich, ex esposa de un millonario fugitivo que resultó favorecido en el paquete de perdones que firmó el presidente Clinton la última noche en su oficina.

Nuevamente las sospechas y los señalamientos obligaron a la pareja a anunciar que pagarán con dinero de su bolsillo todos los obsequios que recibieron en el curso del año pasado. Todo suma un total de 86 mil dólares.

La controversia no es exclusiva de los Clinton. En 1989, cerca de 20 amigos le regalaron a Ronald Reagan y su esposa, Nancy, una mansión de 2,5 millones de dólares en Bel Air, California. Además, la ex primera dama fue investigada por el uso, en calidad de préstamo, de vestidos y joyas valoradas en más de un millón de dólares.

Con el regreso de los muebles y el pago de los otros obsequios los problemas no terminan para los Clinton. En el Congreso se adelanta una investigación sobre el perdón concedido por el ex presidente a Marc Rich, señalado como el autor del fraude fiscal más grande en la historia de E.U. y la controversia por el astronómico precio del alquiler de la oficina que el ex presidente planea ocupar en Manhattan continúa. Ahora resulta que después de acordar que su fundación pagaría la mitad de los 650 mil dólares de alquiler mensual, el precio definitivo es 860 mil dólares al año, lo que indica que los contribuyentes estadounidenses tendrían que pagar más de 500.000 dólares, casi la suma combinada de las oficinas de los otros cuatro ex presidentes.

Con este panorama, parece que el sino de escándalo que marcó la administración Clinton seguirá con la ex familia presidencial por algún tiempo.

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