GUILLERMO GONZALEZ

GUILLERMO GONZALEZ

No se especializó. Lo especializaron en el diseño de estadios de fútbol. Por hacer una vez uno, siguió con otro y otro... Estudió ingeniería por tradición: su abuelo fue ingeniero de la Escuela Central de París, y su padre premio Ponce de León de la Nacional y profesor. Así, sin entender en casa las conversaciones de su padre con sus alumnos, ahí estaba, parando oreja.

15 de abril 1991 , 12:00 a.m.

La carrera la inició en Chile, pues ingeniería industrial no había entonces en Colombia. Pero cuando se decidió por la civil, regresó. Se graduó en 1940 en la Universidad Nacional.

Todo era igual a hoy, pero en volumen y trascendencia menor. Se hicieron los ferrocarriles, la navegación por el río Magdalena era importante. Hoy siente la ventaja de los computadores, pero añora esos tiempos en que se pensaba más y se trabajaba más tranquilamente. Al igual que extraña sus cátedras y el contacto con los estudiantes.

Diseño, asesoría, construcción... Estadios, iglesias, estaciones, piscinas, acueducto, parqueaderos, cárceles, monasterios... Bogotá, Cartagena, Medellín, Barranquilla, Tunja, Popayán...

La lista es grande. Siempre trabajando en compañía de otros ingenieros. Y mucho desde el cargo de director de edificios nacionales del Ministerio de Obras Públicas (cargo que ya no existe), donde se hacían edificaciones como cuarteles, normales, palacios de justicia, hospitales, hoteles...

Pero tal vez, en técnica, su mayor trabajo es el astillero de Conastil en Cartagena, de donde se sacan a tierra barcos hasta de 120 metros de largo y se parquean cual si fueran carros.

Guillermo González Zuleta, de 75 años, es de esos bogotanos nada cachacos, tranquilos, serios, tercos, de poca lectura, que poco hablan y que contestan con preguntas.

Es un piloto de la aviación que pronto estará sin licencia para volar. No se la renovarán este año.

Tiene de sus dos matrimonios 14 hijos, 24 nietos y espera su primer bisnieto. Claro que no es un abuelo típico, consentidor y alcahuete.

La corbata se la cuelga por esa vida social-profesional agitada. Pero aprovecha para guardarla ahora que está construyendo el estadio de fútbol de Cúcuta.

El Pote , como le dicen desde el Gimnasio Moderno, cumplió, a finales del año pasado, cincuenta años de vida profesional. Y el jueves recibió el premio José Gómez Pinzón.

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