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EN EL MUNDO DE LOS JÓVENES, LOS ANCIANOS SON UN NEGOCIO REDONDO

EN EL MUNDO DE LOS JÓVENES, LOS ANCIANOS SON UN NEGOCIO REDONDO

En un mercado laboral donde la juventud domina con su ímpetu y sus conocimientos tecnológicos, Bonnebell no le teme a la edad.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
07 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

En un mercado laboral donde la juventud domina con su ímpetu y sus conocimientos tecnológicos, Bonnebell no le teme a la edad.

Esta fabricante de lápices labiales saborizados, muy populares entre las adolescentes, tiene una línea de montaje donde trabajan 86 personas con un promedio de 70 años. El empleado más viejo acaba de cumplir 90, y su jefe, Jess Bell, hijo del fundador de la compañía, tiene 76.

Bell puso en marcha este departamento, exclusivamente integrado por jubilados, hace cuatro años, no como un experimento social, sino como una forma práctica de hacer negocios. La compañía necesitaba más operarios y, en una economía en pleno auge, los ancianos eran los únicos disponibles. Varias agencias habían suministrado personal temporal, pero éste no resultó confiable.

Ahora, los jubilados representan casi el 20% del plantel de 500 empleados de Bonne Bell, una firma familiar valuada en US$100 millones. Este singular grupo de trabajadores se ocupa de tareas que antes eran tercerizadas, con lo que la empresa ahorra más de US$1 millón y ha silenciado a los escépticos para quienes era ridículo trabajar con septuagenarios en el mundo hipercompetitivo de hoy. Pruebas al canto: las entregas se cumplen con puntualidad y la rotación laboral es casi nula.

Cuando Bell decidió dar este paso arriesgado, pensó primero en integrar a los viejos y a los jóvenes. Pero luego pensó: por qué no crear una línea de montaje solamente con los jubilados? Fue una jugada instintiva. Si bien la integración tenía sus ventajas, su propia experiencia le decía que no era grato trabajar rodeado de gente más rápida y con mayor habilidad para adaptarse a ciertos cambios.

No fueron muchos, dentro de la firma, los que se entusiasmaron con la idea en un primer momento. Por eso, Bell comenzó de manera gradual, hasta que estuvo seguro de que la gente le respondía como él esperaba. En la actualidad hay cerca de 50 jubilados en cada turno. La mayoría son mujeres y entre ellas muchas son viudas. El salario inicial es de US$7,50, más de un dólar por encima del mínimo, y sube a US$8 después de un año. No se pagan seguros de salud, pero casi todos tienen su propia cobertura.

Para la mayoría de los ancianos operarios ésta es una manera de reforzar sus magras pensiones. Para otros, en cambio, es una forma de sentirse activos. Para Bonne Bell, ha sido un excelente negocio.

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