TODO BIEN, TODO BIEN, PIBE

TODO BIEN, TODO BIEN, PIBE

Sí ve, Carlos, que usted no cambia, que usted, el hombre que más sabe de fútbol en Colombia, es de pocas palabras. Prefiere hablar con el balón, y más de uno ha sufrido las consecuencias de esa manera tan particular de entablar conversación. Pero con su escasa locuacidad, antes del Mundial del 94 en Estados Unidos, le hizo recitar al país dos palabras que lo identifican. Se acuerda?

20 de agosto 1997 , 12:00 a.m.

Todo bien, todo bien , decía y dirá usted cada vez que le pregunten Pibe , cómo está o cómo está el equipo? Y ya recordará cómo llegaron los Valderrama a Santa Marta. Usted no lo vivió, pero ahí estuvo su compadre Fabio Poveda, que hurgó en su vida antes y después de que usted naciera y escribió un libro. El Pibe , se llama.

Bueno, pues en él cuenta cómo fue aquello antes de su salto al mundo. El compadre escribió que se instalaron en el barrio Cundí y luego se marcharon a la Semaforía, cerca de la estación del tren, a pocas cuadras de Pescaíto (Santa Marta), donde Jaricho conoció a una negra grande y hermosa, a quien enamoró.

Ella no sabía que Jaricho era jugador de fútbol. El había terminado bachillerato en el Liceo Celedón. Luego se fue a estudiar a la gélida Tunja. A Tunja, qué lucha y qué duro.

Usted, Carlos, aún no estaba en las cuentas de nadie. Fue un noviazgo de dos años. Y no faltaron las dificultades. Aurelio era hermano de Juana, y nadie sabe por qué diablos, como dicen ustedes los costeños, le cogió cola al Jaricho , sí Jaricho , su padre, que se llama igual que usted.

Aurelio aún no lo pasa. Y por qué hablar de Aurelio? Eche, es que el hombre era un marcador de punta izquierdo que jugaba en el Unión Magdalena y de un zapatazo suyo se incubó el único título que el Unión obtendría en el fútbol profesional, tras deshacerse del Deportivo Cali, por allá en el año 68.

Aurelio pudo con Cali, pero no con Jaricho . Así que se casaron el 26 de julio de 1959. Y vivieron en Pescaíto, ese barrio quieto de puertas abiertas y gente tranquila, que de tarde en tarde sacaba su mecedora para ver pasar el día, jugando dominó o lotería o viendo a los chiquillos chocar con los andenes en la frenética búsqueda de una pelota de caucho.

Y usted, Pibe , casi no nace. Su padre se había casado con Juana Palacio, había tenido a María, pero se separaron, por las dotes de Don Juan de ya sabe quién.

Solo que un día, él la visitó, le habló al oído, la acarició y así tuvieron al segundo hijo. Carlos, el Pibe . De manera que usted nació el sábado 2 de septiembre de 1961, a las 9:30 de la noche.

De pequeño casi nunca le prohibieron jugar. A veces su madre se molestaba porque ensuciaba las paredes de la casa. Un vez lo sorprendió dormido, abrazando un balón. Muchacho, ese balón te va a matá , sentenció.

Recordará las calles ardientes del barrio Pescaíto y las primeras patadas a un balón. Esos días largos que empezaban a las 10 de la mañana y se extendían a la medianoche. Fútbol y más fútbol, con algunas idas al bate. Y todo bien, todo bien, porque cuando se es niño las adversidades son cosa de grandes. Eso por lo menos se cree.

Recordará también que pasó a la cancha La Castellana, en el corazón del barrio. El primer equipo fue la Escuela Infantil del Caballito Atencio. Allí la chiquillada iba detrás de la bola, iluminada por la luna llena y los focos de las casas que rodeaban el campo.

En el colegio y antes de llegar a la Selección Magdalena fue goleador, pero con el tiempo se convirtió en el organizador, el cerebro, el dueño de las ideas y de la pausa. Era en la tranquilidad del medio campo donde usted podía hacer sus jugadas cortas, sus amagues y desplantes, mientras escuchaba la ovación de la tribuna.

Bueno, y a todas estas, de dónde salió lo de Pibe ? Un entrenador del Unión Magdalena, el Turco Deibe, lo veía tan pequeñito que le preguntaba a su padre cómo está el pibe? . Desde entonces dejó de ser Carlos y hasta su esposa Claribeth Albán le dice así.

A usted desde pequeño siempre le gustó el balón. Y no fue una casualidad. Pues su familia era de futbolistas. Su tío, Pablo, llegó a ser jugador profesional, un hábil puntero izquierdo. Y su padre probó el tenso clima de las grandes ligas sin mayor suerte.

El ascenso En cuestión de años le llegó la competencia de verdad. Jugó el torneo Coca Cola del 78 al 80. En los primeros años lo sentaban en el banco y usted, iracundo, más de una vez amenazó con dejarlo todo. Calma, calma, paciencia, Pibe , paciencia , le decían su padre y quienes le rodeaban.

En el 81 hizo su debut como jugador profesional. Entró al segundo tiempo de un partido Santa Fe-Magdalena, que terminó empatado a un gol. Y dos meses más tarde haría su primer gol como profesional frente al Cúcuta. El juego terminó empatado a dos goles.

Alguien estuvo detrás de su éxito. Perfecto Rodríguez, entrenador del Unión. Cuando terminaba la práctica, él lo llamaba junto con Didí Valderrama. Los llenaba de confianza, les decía que iban a divertir a la tribuna el domingo. Pibe jugaba mal, y Perfecto seguía en su fe. No se desanime , le decía. En días tan difíciles, nadie más perfecto que Rodríguez para mostrarle el camino.

Después pasó a Millonarios, de Bogotá. Allí no le fue bien. El técnico de ese entonces, Jorge Luis Pinto, lo envió a la banca. Eso usted lo ha sostenido una y otra vez. Además, el frío de la ciudad también jugó en su contra. Es que de Santa Marta a Bogotá hay más de una diferencia.

Tenía que regresar al calor. Entonces el Deportivo Cali, que alguna vez fracasó en su contratación, obtuvo su pase y supo de su talento.

Allí comenzaría su esplendor. Jugó en el medio campo al lado del morocho Bernardo Redín. Ambos, con su juego de pases cortos y a ras de piso, fueron la sensación. Cali consiguió dos subtítulos, detrás del América, en el 85 y el 86.

Usted se daría a conocer internacionalmente un año más tarde. Fue en la Copa América, en Argentina. Allí lo escogieron como el mejor jugador del torneo. Son muchos los que recuerdan el día que Colombia y Argentina disputaron el tercer lugar en el estadio Monumental de River. En medio de la niebla, Colombia, de su mano, derrotó 2-1 a los rioplatenses, que ese día alinearon a Diego Maradona. Y a Maradona lo escondió la niebla y usted brilló, tanto que fue elegido el Mejor de América.

A Europa Muy pronto, usted, que de niño montaba en bicicleta y se moría por el béisbol, pasó a Europa. Se marchó al fútbol de Francia. Louis Nicolin, un empresario de la recolección de basuras y adicto al equipo Montpellier, le pagó al Cali un millón y medio de dólares por su transacción.

No fue bueno el arranque. Sufrió el saboteo de dos jugadores, Bernardet y Le Moult, quienes se unieron para no pasarle la pelota. Me tocaba perseguir los saques del arquero porque era la única forma de tocar el balón. La bola me tenía que caer del cielo , así lo dijo.

Las dificultades apenas empezaban. No tuvo buenas relaciones con el técnico Pierre Mosca. A Mosca no le gustaba su estilo de juego. Decía que no pisaba el área. En su momento, usted reconoció que le faltaba contextura física.

Mosca, solo él, se fue del equipo. La temporada siguiente, en el 89, las cosas mejoraron. Se hizo dueño del medio campo, comenzó a manejar la ofensiva del Montpellier. Los resultados se dieron: campeón de la Copa de Francia al vencer en la final al Matra Racing; Copa Europea, donde eliminaron al P.S.V. y el Steua de Bucarest y hubo clasificación a los cuartos de final.

Se produjo el desquite. Mosca entrenaba para el Toulouse. Toda la semana los compañeros le recordaban. Viene Mosca este domingo . Baills, un amigo, le decía que tenía que marcar un gol y bailar salsa. En el primer minuto, usted ya lo había hecho. Ese día ganaron 2-0. La revancha había sido cobrada.

Llegó el Mundial del 90 en Italia, y fue destacado por su fútbol. Lo mismo ocurrió con Colombia, que al final se fue eliminada por Camerún. Pero la imagen que dejó fue impresionante.

De manera que pasó al Valladolid, de España. Allí estuvo con Francisco Maturana, como técnico, Leonel Alvarez y René Higuita.

Fue un desastre. El equipo perdió los primeros cuatro partidos del campeonato, el presidente, que los había llevado fue retirado, y buena parte de los socios no congeniaban con los colombianos.

Además las dificultades económicas no se hicieron esperar. Los pagos se retrasaron. Si algo se recuerda de su paso por Valladolid fue el famoso incidente que tuvo con Michel, del Real Madrid.

Michel le cogió los testículos, con tan mala suerte que la televisión no omitió detalle. Usted le contaría al compadre Poveda con pelos y señales el incidente. Contaría que le dijo: Ajá, y qué? Te gustó, maricón? .

Regresó a Colombia, donde lo recibió el modesto Independiente Medellín y más tarde alineó con el Junior. De nuevo el calor de la Costa y de su gente y a solo una hora de Santa Marta.

Ya era el año 93, quizás su año más espléndido. Salió campeón con Junior. Los barranquilleros aún recuerdan cómo fue ese gol del título. América y Junior empataban a dos goles. Quedaban pocos segundos. Un balón se apareció en el área. Usted lo recibió. Tenía el arco a disposición. Amagó. Usted no patea. Con su pasmosidad de habitante de Pescaíto observó a un compañero y le lanzó el pase. Lo dejó en clara posición de gol, y Osvaldo Makenzie anotó. Días más tarde le preguntaron qué había pensado en el instante que tiró el pase. Eche, yo solo pensé en hacer una jugada bonita . Así es usted.

Luego vendría esa brillante eliminatoria al Mundial de Estados Unidos que culminó con el 5-0 sobre Argentina en el estadio Monumental. Con sus 1,75 de estatura y 70 kilogramos de peso, orientó el barco.

Pero fue un espejismo. Pelé y Beckembauer no se ahorraron elogios. Sugerían que Colombia podría llegar al título del mundo. Nada más dañino.

La lesión Antes del Mundial, se lesionó gravemente. No había día en que los aficionados no preguntaran por su estado de salud. Ocurrió en un partido contra Suecia. Tuvieron que operarlo de la rodilla.

Su evolución fue rápida, tanto que se atrevió a jugar por encima del diagnóstico médico. No valieron los ruegos del presidente de la República, César Gaviria. Regresó y jugó sin problemas.

La historia del fracaso ya es conocida. Colombia se devolvió muy rápido. En el vuelo de Los Angeles-Bogotá, una azafata le contó que habían matado a Andrés Escobar.

Pero el fútbol brinda nuevas oportunidades. Y usted, chiflado en los estadios y criticado por la prensa, recobró su dimensión. Sigue siendo el hombre clave de la Selección. El año pasado, cuando el equipo galopaba en la eliminatoria, era el dueño de las buenas ideas. No ha sido siempre así? Usted es el eje y tiene temperamento. No se asusta ante nada. Una noche se enfrentaban Millos y Junior en Bogotá. Su hermano Alan, también jugador profesional, lo golpeó. Al minuto le devolvió un violento planchazo. Un periodista le preguntó el porqué de su reacción, y respondió: Si hubiera sido mi papá, también le doy .

Así es usted, que juega para el Tampa Bay de Estados Unidos y que hoy parte hacia el juego 101.

Ojalá diga todo bien, todo bien , esta noche, cuando acabe el juego contra Bolivia, después de gobernar a sus 21 colegas.

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