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ALTA TENSIÓN

ALTA TENSIÓN

Definitivamente las dificultades e impactos económicos, las frustraciones y la falta de incentivos en las labores diarias constituyen algunos de los principales detonadores de la tensión arterial.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
08 de septiembre 1997 , 12:00 a. m.

Y esto significa, según los investigadores, que la tensión arterial alta encuentra a sus más frecuentes víctimas a quienes pertenecen a las clases sociales media y media baja. En cambio, contrariamente a lo que se podría haber supuesto, rara vez se encuentra entre los menos favorecidos o entre quienes tienen sus necesidades ampliamente satisfechas.

Los científicos dan un ejemplo a manera de ilustración: el almuerzo. El alto ejecutivo puede ordenar los alimentos que no contienen grasa y con bajas dosis de sal, puede comer pescado o pollo asado, y lo hace cómodamente instalado, en un ambiente agradable y sin que nadie lo acose.

El empleado, en cambio, deberá almorzar de pie y de prisa, con lo que primero encuentre, entre más barato mejor, y estos son los alimentos generalmente clasificados como junk food , poco nutritivos y muy poco saludables.

El hecho de no tener situaciones sociales y económicas estables facilita la expresión de enfermedades y trastornos como la hipertensión arterial. Sin embargo, la expresión última de estas alteraciones está determinada por un factor genético .

Lo que implica, en resumidas cuentas, que el estado de perturbación de la función síquica, lo mismo que las angustias, tensiones y frustraciones, facilitan la expresión o desarrollo de enfermedades. Sin embargo, el terreno debe ser abonado por una predisposición heredada o carga genética.

Estas son dos de las conclusiones extraídas de las conferencias de expertos internacionales que, con el tema de la hipertensión arterial y nuevas terapias, participaron en el XV Congreso Latinoamericano de Farmacología celebrado en Cartagena durante los últimos días de agosto, en presencia de más de mil especialistas colombianos y extranjeros. Los expertos entrevistados fueron el italiano Giuseppe Crippa, investigador y profesor del departamento de medicina interna de la Universidad de Piacenza (Italia), y Ariel Reyes, cardiólogo y también investigador del Instituto de Teoría Cardiovascular de Montevideo (Uruguay).

Enemigo silencioso Desde hace mucho tiempo, y hasta la saciedad, se ha hablado de la hipertensión arterial como de uno de los peores enemigos de la salud. Principal actor en las enfermedades y accidentes cardio y cerebrovasculares, la HTA tiene dos características que la hacen aún más insidiosa: se desarrolla y cumple su estragos sin manifestarse ni dar ningún síntoma específico, y aparecer, en más del 90 por ciento de los casos, sin ninguna causa que la justifique, o sea, de origen desconocido.

En este terreno, las últimas investigaciones han hecho menos progresos de los que se quisiera para determinar el porqué de la inmensa mayoría de los hipertensos. Sin embargo, sí se han confirmado algunos aspectos importantes. El primero de los cuales, la herencia. Se sabe hoy, con certeza, que una persona tiene hasta 80 por ciento de posibilidades son de entre 25 y 30 por ciento si uno de los progenitores lo fue.

Esto constituye el primer punto de partida para una prevención: la hipertensión no se cura pero sí se controla. Y, controlándola, se evitan las complicaciones y consecuencias letales. Para quienes tienen una predisposición genética, las medidas de precaución deben iniciarse casi desde la infancia: no al tabaco, poco alcohol, ejercicios en un programa constante; cuidado con la alimentación para evitar la obesidad; controles periódicos con el médico, entre otras.

Y es que los especialistas, de todos modos, aconsejan que toda persona al entrar a la edad adulta se someta a controles médicos por lo menos una vez al año. El consejo tiene su punto de partida en el hecho de que la hipertensión arterial es cada vez más frecuente, y esto no solo en Colombia, sino en el mundo. En Uruguay, por ejemplo, se sabe que el 40 por ciento de la mortalidad general de la población es producida por los accidentes cardiovasculares y estos, casi sin excepción, van acompañados -bien sea originados o agravados- por la HTA.

En Colombia, las muertes por enfermedades cardiovasculares (entre ellas el infarto) ocuparon durante los últimos años el primer renglón en incidencia, y solo fueron y siguen siendo desplazadas por las muertes violentas, accidentes, homicidios. Según el cardiólogo Robledo Kaiser, en 1994 -última cifra disponible- la enfermedad coronaria, el infarto, los derrames cerebrales y otros relacionados con la HTA produjeron el 32 por ciento de las muertes en la población adulta colombiana.

Entre las principales causas que originaron estas muertes, el especialista colombiano cita la hipertensión arterial sumada al tabaquismo, al consumo de alcohol, la obesidad, el sedentarismo, la diabetes y, obviamente, la herencia o predisposición genética. Entre las mujeres, el doctor Robledo agrega dos factores de riesgo: la HTA y la píldora anticonceptiva y, para las que están en la menopausia, factores hormonales. Se sabe que las hormonas femeninas protegen a las adultas jóvenes contra el infarto pero, al dejar de producirse dichas hormonas (durante la menopausia), se incrementa en las mujeres el riesgo de enfermedades cardiovasculares hasta llegar a duplicar su incidencia con relación a los hombres.

Falta de constancia Los investigadores concuerdan en citar la suspensión de los tratamientos como otro de los grandes factores de riesgo. Cuando se habla de medidas contra la hipertensión arterial, se mencionan dos aspectos: el cambio de hábitos que, en una gran mayoría de pacientes basta por sí solo para normalizar su tensión; y la prescripción de medicamentos.

Pues bien, la actitud observada entre los pacientes es muy variable: hay quienes no aceptan cambiar sus hábitos de vida (lo cual les sería suficiente para estabilizarse) y, por lo tanto, se ven obligados a someterse a tratamientos farmacológicos, hay quienes tampoco cambian sus hábitos de vida y son obligados a tomar dosis superiores de medicamentos, con efectos secundarios no siempre deseados; están los pacientes que abandonan sus terapias como reacción a las molestias o efectos secundarios que les producen los medicamentos, y hay, finalmente, quienes simplemente abandonan el tratamiento porque se sienten mejor o se aburren de cuidarse.

Entre estos últimos, que parecen sumar el 30 por ciento de los incumplidos, se encuentran los de mayor riesgo ya que la falta de constancia lleva a grandes picos en la tensión arterial y esto, al incrementarse y disminuir abruptamente los flujos y presiones sanguíneas, afecta en mucho mayor grado el estado de las arterias y del mismo corazón.

Ante esta miscelánea de incumplimientos, los investigadores recalcan la importancia de que los médicos tratantes mantengan una relación estrecha con sus pacientes. De hecho, uno de los aspectos más importantes para alcanzar el éxito en el tratamiento es el diseño de un programa absolutamente individual. Cada persona tiene antecedentes y características , un bagaje cultural y unos hábitos particulares que la hacen distinta. Y estos son factores indispensables para tener en cuenta en cualquier tratamiento.

Cuatro enfoques Los medicamentos para controlar la tensión arterial siguen agrupados en cuatro grandes familias: las ya tradicionales, o sean los diuréticos y los betabloqueadores, y los más recientes como son los inhibidores de la ECA (enzima de conversión de la angiotensina) y los antagonistas del calcio.

El progreso que se presenta hoy en el mercado incluye el perfeccionamiento de dichas drogas, con acción terapéutica mucho más específica, menos reacciones o efectos secundarias y, algo muy importante: con una vida larga. Esto significa que los medicamentos cuyo efecto se prolonga durante 24 horas pueden ofrecer un control mucho más eficaz y seguro en el sentido de que impiden las peligrosas fluctuaciones de la tensión en los casos de olvido de una toma. Estos medicamentos -ventaja adicional- son formulados para ser tomados una vez al día lo que, según los médicos, es más atractivo para evitar la inconstancia y el abandono.

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