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CAFÉ, VÍCTIMA DEL MODELO NEOLIBERAL

CAFÉ, VÍCTIMA DEL MODELO NEOLIBERAL

Colombia exportaba su café al precio promedio de 1,34 dólares en el año cafetero 88/89, cuando el gobierno de Estados Unidos suspendió su apoyo a las cláusulas económicas del Convenio Internacional del Café (CIC). Al suspenderse éste, los precios promedios en dólares han evolucionado así: 89/90: 0,90; 90/91: 0,93; 91/92: 0,72; 92/93: 0,74; 93/94: 1,31; 94/95: 1,78; 95/96: 1,31; 96/97: 1,89; 97/98: 1,59; 98/99: 1,21 y 99/00: 1,12 (datos de Fedecafé).

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
12 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Colombia exportaba su café al precio promedio de 1,34 dólares en el año cafetero 88/89, cuando el gobierno de Estados Unidos suspendió su apoyo a las cláusulas económicas del Convenio Internacional del Café (CIC). Al suspenderse éste, los precios promedios en dólares han evolucionado así: 89/90: 0,90; 90/91: 0,93; 91/92: 0,72; 92/93: 0,74; 93/94: 1,31; 94/95: 1,78; 95/96: 1,31; 96/97: 1,89; 97/98: 1,59; 98/99: 1,21 y 99/00: 1,12 (datos de Fedecafé).

Ahora, está en la franja de 0,70-0,80. Qué pasó?.

La escuela económica predominante hoy en el mundo es elneoliberalismo económicoi que enseña que la dirección de la economía en cada nación, y en el mundo, se debe dejar a las fuerzas ciegas del mercado que con el mecanismo en la libre formación de los precios alentará o desestimulará la producción de bienes y servicios en régimen de libre competencia nacional e internacional. En este contexto, no hay espacio para pactos o mecanismos de precios de sustentación que era lo que pretendía el CIC y los otros pactos de precios para productos básicos.

El neoliberalismo económico olvida que el precio de las exportaciones básicas para las sociedades pobres es un auténtico salario básico colectivo porque de ese precio-ingreso-salario-colectivo, viven en mayor o menor medida vastos grupos humanos y la economía nacional de muchos países vinculados al precio del estaño, o del cobre, o del arroz, o del banano o del algodón, etc.

En Colombia hay 600 municipios que producen café y millones de personas vinculadas económicamente a él. Las sociedades opulentas tiene sistemas de protección con base en precios de sustentación para sus productos agropecuarios, como Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Canadá, etc., y es más, exportan sus excedentes del campo a precios por debajo de los costos (lo cual se llamadumpingi ) a los países menos desarrollados contribuyendo a la ruina de los agricultores de éstos. Eso es lo que ha ocurrido por ejemplo en Colombia desde 1992 hasta hoy.

Al suprimirse el CIC, los precios quedaron dependiendo del tamaño y la calidad de la cosecha colombiana y mundial, que en buena parte dependen del clima, los insumos, la tecnología, el precio del mercado, la tasa de cambio y la tasa de inflación. Ni el clima ni el precio del mercado mundial son controlables. Los otros, a veces.

La rentabilidad del precio para el cafetero colombiano disminuyó, no solo porque el precio mundial ha caído sino por los robos y piratería terrestre, los retenes y los bloqueos, el alza de los seguros de transporte, la extorsión, los desplazados que dejan de ser trabajadores y cosecheros, el aumento de los costos por inflación, etc.

Lo pagado por la compra de la cosecha en precios constantes de septiembre 2000 bajó de cuatro billones cuatrocientos mil millones en 1991 a dos billones trescientos mil millones en el 2000 (Federacafé).

Esta reducción de casi el 50 por ciento en 10 años es un caso ilustrativo de lo que significa la doctrina económica imperante que olvida que para proteger los productos básicos de las sociedades pobres se pueden invocar las mismas razones que cada estado de las sociedades opulentas invoca para subsidiar a sus agricultores (así sean el 3,5 por ciento de la población total como en Estados Unidos): 1) Evitar la ruina de los agricultores en cada buena cosecha en que los precios se desplomarían. 2) Una transferencia de la sociedad urbana a la sociedad rural, fuente y símbolo de valores de la cultura de cada país. 3) Pago por tener una sociedad más justa y una autosuficiencia alimentaria, al menos en algunos productos, y 4) lograr que la población rural contribuya a la demanda de bienes y servicios de la economía.

Los jefes de Estado de las sociedades pobres deberían utilizar sus grupos (de los 3, la Comunidad Andina, de los 10 de Surámérica, de los 20 iberoamericanos, de los de Río, etc.) para plantear vigorosamente a los dirigentes de las naciones dominantes y de los organismos multilaterales la urgente necesidad de tener mecanismos que garanticen un piso tope y un ingreso retributivo razonable para el esfuerzo productor de los pueblos pobres, de la misma manera que hay un salario vital para las personas o un ingreso familiar mínimo en ciertos países. Las universidades y los medios deberían pronunciarse frecuentemente sobre el tema, los congresos gremiales y las ONG también.

La fundamentación está en las ideas de solidaridad humana y justicia social y global. La economía no puede abandonarse a las fuerzas ciegas del mercado cuando está de por medio el bienestar y la dignidad de varios miles de millones de seres humanos, en un planeta cuyos recursos deben ser para todos y no sólo para una minoría de población o de los países.

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