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LOS RETOS DEL NUEVO SIGLO

LOS RETOS DEL NUEVO SIGLO

La humanidad entera liderada por sus dirigentes, y más especialmente por los de los países desarrollados y ricos, tiene al frente importantes retos para el nuevo siglo, los cuales convergen finalmente en uno central: eliminar la pobreza extrema y acabar con las condiciones de vida infrahumanas que soportan grandes grupos poblacionales a lo ancho y largo de todo el mundo. En muchos casos son países enteros y en otros, grupos de habitantes muy numerosos en determinados países o regiones.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
12 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

La humanidad entera liderada por sus dirigentes, y más especialmente por los de los países desarrollados y ricos, tiene al frente importantes retos para el nuevo siglo, los cuales convergen finalmente en uno central: eliminar la pobreza extrema y acabar con las condiciones de vida infrahumanas que soportan grandes grupos poblacionales a lo ancho y largo de todo el mundo. En muchos casos son países enteros y en otros, grupos de habitantes muy numerosos en determinados países o regiones.

No es éticamente aceptable que mil quinientos millones de habitantes de la Tierra vivan en condiciones de extrema pobreza; no es posible seguir avanzando en un mundo con los desarrollos tecnológicos y científicos que poseemos, invirtiendo sumas ingentes en tecnología, armamento, etc. sin haber primero solucionado las condiciones mínimas de supervivencia de toda la población mundial.

No pueden seguir existiendo diferencias tan marcadas en la vida promedio entre los diferentes países, que mientras los más ricos y desarrolladas cuentan con índices de vida superiores a los 70 años, entre los más pobres y atrasados se encuentren índices inferiores a los 40 años, como en algunas regiones o tribus africanas.

Es una verguenza para los grandes líderes mundiales que mientras unas regiones tienen disponibilidad infinita de recursos para el lujo y los excesos de toda clase, otras carezcan del alimento, la salud y la educación mínima para vivir como seres humanos. Que mientras los descubrimientos científicos y tecnológicos sirvan en algunos países para refinados y sofisticados sistemas de embellecimiento, de diversión o recreación, de comodidades y lujo, no se puedan utilizar en otros para lograr índices de mortalidad comparables a los de los países desarrollados, o condiciones de salud, alimentación y educación para los niños que les aseguren un futuro digno y unas condiciones mejores de vida en cada nueva generación.

El gran reto de la tecnología y de la ciencia es cómo trasladar sus beneficios a los países en desarrollo y sus regiones más deprimidas. La tecnología no puede enfocarse solamente al prurito de nuevos descubrimientos, que indudablemente han aportado grandes logros a la humanidad, sino buscar la forma que ésta beneficie a todas las sociedades.

La tecnología ha significado productividad, mejoras en las condiciones de producción, comercialización, distribución y enriquecimiento sin límites a sectores privilegiados que han tenido acceso a ella. Pero ésta debe ser accesible a los demás países que están retardados en su adopción, de forma tal que sus efectos benéficos se reflejen en la calidad de vida de sus habitantes.

Detrás de todos estos temas indudablemente hay criterios y decisiones políticas: es decir, el hacer alcanzable el desarrollo a ciertos grupos o países depende de estrategias políticas en las que se diseñen los planes y programas que permitan el traslado y la adopción de ciertas tecnologías en condiciones accesibles a los países que no están en capacidad de desarrollarlas, ni de adquirirlas en las condiciones comerciales de mercado.

De la misma manera dicho desarrollo está estrechamente ligado con las relaciones de intercambio entre países, las cuales deben ser revisadas no solo por los países desarrollados, sino por los organismos multilaterales que deben velar por la justicia y la equidad y buscar el progreso armónico de todos los países y regiones.

Es necesario que en las consideraciones que tienen quienes manejan realmente el mundo se tengan en cuenta los criterios que permitan que todos los países participen del intercambio comercial con valores justos para sus productos o servicios, con normas que no perjudiquen a unos y favorezcan a otros, con protecciones disfrazadas para los productores de los países poderosos y exigencias desproporcionadas para los más débiles a través de condiciones supuestamente con contenido social, pero que en la práctica son incumplibles por la misma pobreza de los países y terminan cerrando el círculo del empobrecimiento.

Todas las motivaciones políticas detrás de una resolución o decisión adoptada deben ser vistas no solamente bajo el prisma de la justicia y la equidad, sino también con la visión de que el desarrollo de los países más atrasados redundará en la estabilidad mundial, ya que si no les brindan oportunidades a los más pobres éstos son una amenaza permanente para la estabilidad y la paz y un foco permanente de conflictos y migraciones. Por el contrario, impulsar su crecimiento es una nueva oportunidad de generación de riqueza y de progreso para todos.

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