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UN SUEÑO CREADO CON LADRILLOS

UN SUEÑO CREADO CON LADRILLOS

Tomás Jaramillo no pudo decir que no a la sugerencia de sus alumnos.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
10 de febrero 2001 , 12:00 a. m.

Tomás Jaramillo no pudo decir que no a la sugerencia de sus alumnos.

Ellos querían mostrar a familiares, amigos y demás pobladores de Chía todo lo que habían aprendido durante el primer taller de teatro que habían recibido en sus vidas.

De eso hace 15 años. Entonces, Tomás y sus jóvenes aprendices no contaban con los elementos necesarios para hacer un montaje ni con el lugar adecuado para presentarlo. Aun así se ingeniaron la manera de hacerlo y lo lograron.

Esta primera obra le abrió las puertas a lo que hoy se conoce como el Teatro Los ladrillos, una fundación sin ánimo de lucro, cuyo espacio cultural le permite a la comunidad tomar el arte como suyo.

Así, desde sus inicios, ha involucrado a los habitantes de Chía en un mundo artístico, donde no solo hay cabida para las artes escénicas, sino también para la danza, la pintura, la música, y demás actividades culturales que ayudan a descubrir en cada persona la gran capacidad que posee para ser artista.

Hoy, Tomás y su esposa, María Victoria Mayorga (Toto), recuerdan que gracias a la colaboración de la gente se fundó lo que es hoy el teatro. Algunos, por ejemplo, dieron cemento o ladrillos para su edificación. Así, poco a poco, de ladrillo en ladrillo, se construyó este sueño.

Jóvenes, niños, adultos y ancianos, todos tienen cabida en este teatro. Tanto así que hay una actividad especial para ellos que se llama Sea usted el artista , donde tienen la oportunidad de subirse a las tablas del escenario y experimentar todas las sensaciones que puede llegar a sentir un actor en el momento de la obra.

Pero no todo ha sido color de rosa para el Teatro Los Ladrillos. En varias ocasiones ha pasado por crisis muy fuertes y ha sido inevitable pensar en su cierre. Sin embargo, gracias al apoyo de la gente del pueblo y a la fuerza de sus fundadores ha logrado seguir adelante.

Incluso, personas que residen en Bogotá, y que lo frecuentan a menudo, también han colaborado en la loable tarea de continuar con un sueño que crece y que ahora, más que nunca, es una feliz realidad...

El ladrillo.

Mientras celebra los primeros quince años del teatro que dirige, Tomás recuerda como los pobladores fueron sintiendo la necesidad de crear otro espacio dentro del teatro, puesto que después de una función se reunían a charlar y hacer sus comentarios de la obra. "Pedían unos tinticos, unas sillitas y algunas mesas para estar más cómodos", cuenta.

De esta manera, el Ladrillo tuvo que destinar un rinconcinto para las tertulias, los cuenteros y los músicos, que siempre estaban acompañados por algún trago, un café, una arepa y hasta una pedazo de carne bien asada.

Este lugar es particularmente placentero. Las chimeneas que lo rodean dan un aire acogedor y su estructura asimila a un horno donde se secan los ladrillos. Los objetos y las lecturas que envuelven este salón promueven el amor por el arte, como también lo hace la arquitectura del teatro, que es mucho que una simple estructura en ladrillos. Es arte.

*Proyecto de comunicación para jóvenes de Casa Editorial EL TIEMPO y Fundación Restrepo Barco.

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