VÍA A BUCARAMANGA, UN PELIGRO LATENTE

VÍA A BUCARAMANGA, UN PELIGRO LATENTE

Desde antes de emprender el viaje, desde Barranquilla o Bogotá, la mente y sentidos de Carlos Merchán se pone alerta ante el peligro que respresenta la travesía de 214 kilómetros de la vía Bucaramanga-Barbosa (Santander). Merchán, de 54 años, es uno de los tres mil conductores que diariamente se aventuran por ese recorrido, entre la Costa y Bogotá.

03 de marzo 1994 , 12:00 a. m.

La idea de quedar atascados en uno de los derrumbes, que suelen deslizarse en la curva menos pensada; de caer en manos de las bandas de piratas terrestres, o de que uno de los cientos de desniveles (ondulamientos) los saquen de la vía y los pongan cuesta abajo, desvelan a los más exprimentados choferes. Entre ellos a Merchán, quien ha dedicado su vida a correr y descorrer las carreterras colombianas detrás de la cabrilla de una tractomula.

El tramo crítico se inicia en el Alto de los Curos, se adentra en el Cañón del Chicamocha, sube al Alto de Chiflas, cae a San Gil y se columpia hasta Barbosa, despues de pasar por Socorro, Oiba y Vado Real.

El 65 por ciento de los vehículos que hacen el caluroso y accidentado recorrido, pues se atraviesa parte la Cordillera Oriental, son de carga.

El Gobierno no le da importancia a este tramo --cruzado por los ríos Chicamocha, Fonce y Suárez-- es la queja de los transportadores y pasajeros.

A esta crítica se agrega el actual desmonte del Ministerio de Obras Públicas, que afecta al Distrito 15 de Carreteras. De los 500 operarios que habían para atender los 2.039 kilómetros de vías de Santander, solo quedan 200 personas.

Para Merchán, quien recorre dos veces por semana la vía Barranquilla-Bogotá, el camino se pone difícil al entrar al Cañón del Chicamocha, treinta kilómetros después de Bucaramanga.

En la cuesta de Pescadero, hace tres semanas, un derrumbe bloqueó el tránsito durante 18 horas. En estos casos la única alternativa es esperar, porque no hay vía alterna.

En este sitio el peligro sigUe latente, dice el jefe de la división técnica del Distrito 15, Mauricio Mejía, porque una mole de unos siete mil metros cúbicos amenaza con caer a la vía. Si esto pasa, la interrupción sería de unos tres días.

El peligro se intentará conjurar el 13 de marzo. Para ese domingo, aprovechando la inmovilización por las elecciones, está proyectado dinamitar el pico de la montaña.

Antes de Aratoca, al finalizar el tramo de Pescadero, las curvas de la carretera se estrechan y las fallas en el terreno deterioran permanentemente el pavimento. En estos tres kilómetros, según la Policía Vial, hay un accidente grave por semana.

Allí es necesario remover unos 25.000 metros cúbicos de roca para rectificar el recorrido. La construcción de cada kilómetro vale, según el ingeniero Rafael Pérez, 200 millones de pesos.

En el sector de La Virgen, a pocos kilómetros de Socorro, se presenta hundimiento permanente del pavimento en un tramo de 200 metros como consecuencia de una falla geológica. El viaducto para corregir el problema valdrá unos cuatro mil millones de pesos.

Los treinta kilómetros entre Socorro y Oiba son de verdadero miedo, dicen los conductores. La vía angosta y ondulada, de curvas forzadas y cunetas profundas, provocan entre siete y diez accidentes mensuales.

Si no se toman bien las curvas uno termina volcado, dicen Carmelino Gutiérrez, conductor de un bus, y Alberto Sánchez Fuentes, propietario de una tractomula. En el último mes hubo pérdidas de más de 500 millones de pesos por volcamientos de tractomulas, según las compañías aseguradoras.

La rectificación de este sector, dice el director del Distrito 15, Jorge Arenas, costaría ahora unos siete mil millones de pesos. Pero el presupuesto anual es de 3.019 millones.

En similares circunstancias se encuentran algunos tramos cerca de Vado Real y a la entrada de Barbosa. Las bases del puente sobre el río Suárez están amenazadas por otra falla geológica.

La accidentalidad también es atribuida, por los conductores, al robo y destrucción de las señales de tránsito. En Santander diariamente se roban unas diez señales e igual número son destruidas por los vándalos y en accidentes. Cada aviso, que vale sesenta mil pesos, debe ser respuesto de inmediato.

La acción de los piratas, que semanalmente comente un promedio de dos asaltos, también desvela a Merchán, pues en el sitio menos pensado aparecen y despojan de sus pertenencias y carga a pasajeros y conductores.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.