Una ciudad en jaque por los vándalos

Una ciudad en jaque por los vándalos

30 de junio 2013 , 12:00 a.m.

El vandalismo en Bogotá está entrando en una nueva y devastadora etapa. Ahora, los ciudadanos que atentan contra lo público no se conforman con destruir señales de tránsito, pintar grafitis en sitios prohibidos y dañar paraderos, sino que la emprenden contra vías completas.

El caso más reciente es el de la avenida de Los Comuneros, en el centro de Bogotá, donde los vándalos, además de robarse las rejillas de los sumideros y las tapas de las alcantarillas, arrancaron los adoquines.

"Aquí se llevan todo. Hasta los postes de la luz", denunció Pedro Cotrina, habitante del barrio Santa Bárbara, quien ha sido testigo de cómo los vándalos "se echan al costal los ladrillos de los andenes".

Según información de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), la reposición de la reja de un sumidero cuesta 150.000 pesos, una suma nada despreciable si se tiene en cuenta que en un solo día se pueden llevar hasta veinte.

El robo de estos elementos, además de constituir un peligro patente para los peatones, es considerado nocivo, porque facilita la entrada de basura y escombros a las redes subterráneas.

El Acueducto señaló que se buscará una solución conjunta con el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), pues esta entidad no ha hecho todavía la entrega oficial de la obra, pese a que hace más de tres años está en operación.

La saqueada avenida de Los Comuneros les costó a los bogotanos 9.800 millones de pesos, aprobados por el Concejo de Bogotá en 1995, dinero que los amigos de lo ajeno se echan al bolsillo todos los días. .

Invasión de grafitis .

Los grafitis vandálicos, que se multiplican con celeridad por fachadas de edificios insignes, iglesias, casas, locales comerciales, muros y monumentos, también son una plaga para la estética urbana.

"Es que si fueran bonitos... Pero esas letras que uno ni entiende. Antes pintábamos la fachada cada año. Pero ahora para qué, si al otro día está otra vez toda rayada", se quejó Jeimmy Castillo, propietaria de una papelería de la carrera 4a. con calle 20, atacada por mamarrachos de pintura. La pelea contra esta enfermedad ha resultado desigual, pues hasta hace poco entró en vigencia el Decreto 482 del 2011, por el cual se reglamentaron las sanciones disciplinarias para quienes incurran en este tipo de actos. "La parte más difícil de esta norma es su implementación. Hay que articular toda una red, que no es solo pasar de una acción sancionatoria, que implicará que el que dañe el bien público tendrá que restituirlo y pagar una multa de hasta medio salario mínimo, sino también es fomentar la práctica responsable del grafiti", explicó Cristina Lleras, director del Departamento de Artes Plásticas del Instituto Distrital de Artes (Idartes).

La despreocupación de los bogotanos por el mobiliario público es tan aberrante que en recientes encuestas sobre cultura ciudadana realizadas por Corpovisionarios, menos del 20 por ciento de los interrogados defiende lo público y menos del 20 por ciento considera que las instituciones hacen una buena defensa del patrimonio de la capital.

En el caso de las señales de tránsito, de las 217.930 que existen en Bogotá y que sirven, en su mayoría, para prevenir accidentes, 39.948 se encuentran en mal estado por la acción de personas que motu proprio deciden atacarlas. Algo parecido ocurre con los paraderos de los buses, los hidrantes, las bancas de los parques, los postes, los puentes peatonales, los andenes, las estaciones y portales de TransMilenio y las ciclorrutas.

Alemania utiliza aviones no tripulados contra grafiteros .

En países como Estados Unidos, Inglaterra y México han combatido con vehemencia los grafitis, endureciendo las penas para los infractores e invirtiendo en la restauración del mobiliario y los muros de las ciudades. Sin embargo, el caso más reciente de un enfrentamiento frontal y agresivo contra quienes incurren en esta práctica es el de Alemania, en el que la compañía estatal de ferrocarriles, Deutsche Bahn, implementó, a comienzos de este mes, drones (aviones no tripulados) con cámaras de seguridad para poder capturar a los que pintan en las estaciones y tener pruebas para judicializarlos. Sesenta mil euros le costó a la empresa implementar esta tecnología para vigilar el tren y el metro, según registró la prensa internacional, debido a que solo el año pasado fue necesario eliminar más de 14.000 grafitis. Esto le costaban en promedio 7,6 millones de euros al año.

Señales, las principales víctimas.

Los vándalos tampoco les dan tregua a las señales de tránsito: las rayan, tuercen y hasta las arrancan. De las 217.930 instaladas en las vías, 48.048 tuvieron que recibir mantenimiento y enderezarse, el año pasado. Este año, la cifra ya llega a 39.948 señales, según la Secretaría de Movilidad.

Estas 'gracias' de algunos desadaptados hacen que los bogotanos se saquen del bolsillo entre 800 millones y 1.000 millones de pesos, al año. Durante el 2013, se han invertido 304 millones de pesos. Todos estos dineros, según Movilidad, podrían usarse en la instalación de nuevas y mejores señales

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