La cajita infeliz

La cajita infeliz

Según la Real Academia de la Lengua, la chatarra es algo que tiene poco valor o, peor aún, es la escoria que deja el hierro.

30 de junio 2013 , 12:00 a.m.

A la escoria la define como una cosa vil y sin ninguna estimación. No sorprende entonces que a la comida rápida popularmente se la llame comida chatarra.

Lo grave del asunto es que se ha convertido en la dieta habitual de montones de niños.

Hoy existen restaurantes que ofrecen como gran cosa un menú infantil que en muchos casos consiste en una variedad de opciones, que por supuesto los niños adoran: hamburguesa, perro caliente, pizza, pollo frito y las famosas salchipapas; básicamente comida procesada, llena de grasas, azúcares y aditivos químicos. Para muchos padres, es una increíble idea y el mejor servicio y solución que les puedan ofrecer, porque mientras ellos se hartan de ricas y nutritivas viandas, sus hijos comen sin chistar y todos pasan un agradable momento. Se trata de una discriminación, porque mientras los adultos se alimentan, los niños comen basura. La obesidad y malnutrición infantiles son una preocupante realidad, y estos menús agravan el problema.

Dice Unicef que la formación de la inteligencia, la buena salud, la personalidad y el comportamiento social se definen en la primera infancia, y que este desarrollo depende en gran parte de la alimentación. Así pues, usando una simple lógica, se puede deducir que el futuro estaría en manos de una generación alimentada con ¿escoria? ¡Qué susto! El paladar se debe educar, hay que enseñarle a conocer nuevos sabores y texturas, probando diferentes preparaciones. ¿No sería mejor que estos restaurantes ofrecieran lo mismo que tienen en la carta, pero en porciones y recetas ajustadas a los pequeños? Si limitamos a los menores con la comida que les damos, estamos limitando también su maduración y crecimiento en todos los aspectos. El facilismo de una sociedad desechable, sin tradiciones, alimentada de comida rápida, conectada a Internet, la televisión y las redes sociales, nos distrae del verdadero disfrute, por ejemplo, el de cocinar y compartir la mesa.

El periodista norteamericano Michael Pollan, autor de exitosos y premiados libros sobre alimentación, sabiamente afirma que uno debe comer alimentos hechos con ingredientes que se puedan imaginar crudos o creciendo en el campo.

Si somos lo que comemos ¿de qué están hechos nuestros niños? www.elcondimentariodemargarita.com El Condimentario

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