'Innovación, educación y salud, claves del crecimiento'

'Innovación, educación y salud, claves del crecimiento'

30 de junio 2013 , 12:00 a.m.

Director de 'Portafolio' Si existiera un Premio Nobel en el ramo de la administración de empresas, es indudable que Michael Porter se lo habría ganado hace rato.

Autor de 18 libros y de múltiples artículos académicos, este profesor de la Universidad de Harvard se ha especializado en temas como la competitividad de los países, la importancia de la innovación y las estrategias en el mundo de los negocios.

Creador e impulsor del concepto de valor compartido, según el cual el sector privado tiene mucho que ganar si la comunidad en la que opera progresa, estuvo esta semana en Colombia invitado por Pacific Rubiales. EL TIEMPO lo entrevistó en exclusiva.

El mundo económico se encuentra convulsionado de nuevo por la señales del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos de eliminar gradualmente los estímulos de los últimos años. ¿Cómo califica la situación? Hay muchas corrientes cruzadas. En el caso de la economía estadounidense hay un progreso lento, en el sentido de que los ingresos y el crecimiento no avanzan al ritmo que uno quisiera, pero avanzan. Más compleja todavía es la situación de Europa, que sigue con el viento de frente, al tiempo que es evidente el enfriamiento de países emergentes como China o Brasil. Por cuenta de esas realidades, los inversionistas se han tomado una pausa y estamos pasando por un periodo de incertidumbre que es mayor que el de hace unos meses.

¿El entusiasmo en relación con las naciones en desarrollo es justificado? No hay duda de que las economías emergentes van a seguir liderando el crecimiento en el futuro. Pero al mismo tiempo es claro que a nivel individual los países se están encontrando con temas que no han sido resueltos. El caso brasileño es típico: es un sitio difícil para hacer negocios, hay corrupción e ineficiencias y ha subido la presión para hacer correcciones. Espero que las concreten. Con China o India pasa algo similar. Existe una larga lista de cosas por arreglar, y en la medida en que se corrijan será posible aumentar la competitividad.

¿De dónde va a venir el crecimiento en los próximos años? Pienso que va a ser relativamente lento y estará impulsado por sectores asociados con innovación, educación y salud. Me refiero a fuentes alternativas de energía, vivienda popular o servicios sociales, entre otros. Eso cambia las cosas con respecto al modelo tradicional de atender el consumo de la clase media urbana.

¿Es justo decir que el viento de cola que tuvieron los países productores de materias primas pospuso la urgencia de hacer reformas? Sin duda. Ahora sí llegó el momento de hacer la tarea. La bonanza de productos primarios permitió que muchas naciones crecieran sin mucho esfuerzo. El reto en buena parte de América Latina, incluyendo a Colombia, es emprender las reformas que permitan mejorar en productividad.

Precisamente, hasta hace muy poco en los círculos financieros se decía que Colombia es el próximo Brasil, obviamente por sus posibilidades. ¿Qué le dice eso en las circunstancias actuales? Creo que este país ha avanzado en temas de competitividad, sobre todo más que Brasil. Eso no quiere decir que se haya hecho todo porque falta mucho, como en temas de justicia o infraestructura. También la seguridad sigue siendo un factor, reconociendo los avances conseguidos. Por eso despierta tanto interés entre los inversionistas.

¿Algún desafío en particular? Considero que la próxima frontera en materia de reformas en Colombia debe darse a nivel regional.

Hay muchas rigideces en el ámbito local e inmensas diferencias entre diversos sitios del país.

Lo que pasa con las regalías y cómo se invierten bien o mal en uno o en otro lugar es elocuente.

¿Sigue usando el modelo del Consejo de Competitividad de Colombia como un caso de mostrar en sus clases de Harvard? Así es. Y mis estudiantes, que vienen de 44 países, quedan fascinados con el sistema que existe aquí, en el que hay un espacio para que sector público y privado identifiquen metódicamente los cuellos de botella y problemas por resolver.

Cada vez son más las empresas multilatinas que se expanden por la región. ¿Qué mensaje les da? Últimamente me he venido concentrando en promover el mensaje del valor compartido en el sector privado. Creo que hay un potencial inmenso cuando se deja de creer que los negocios se encuentran aislados de las necesidades de la sociedad.

Cuando el presidente de una empresa le dice que paga los impuestos y sigue las reglas, y que hasta ahí llega su responsabilidad, ¿qué le responde? Esa ha sido la manera tradicional de ver las cosas. Pero yo le contesto que se está perdiendo de muchas oportunidades para mejorar su negocio y el entorno en el que opera, incluyendo la comunidad en la que vive.

¿Y cómo se recibe ese mensaje? Doy un curso para ejecutivos recién llegados a altos cargos en compañías grandes, que es solo por invitación. Este es uno de los temas centrales que trato, y puedo dar fe de que despierta un enorme interés.

¿Les dice que tomen una parte de sus utilidades y las inviertan en la sociedad? No, eso es filantropía, que es diferente.

Les digo que una compañía que no sepa cuidar a sus trabajadores, cómo usar bien los recursos que tenga o preocuparse por utilizar energías limpias, para usar algunos ejemplos, no puede ser de clase mundial. Se trata de avanzar a un nivel más alto que el tradicional y llegarles a cientos de millones de personas que antes estaban fuera del radar de las empresas.

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'Me he vuelto mucho más optimista' .

¿Los casos de compañías que escuchan su mensaje son numerosos? Por docenas. Cada día me llegan más ejemplos de empresas que usan el concepto del valor compartido para crecer y que entienden que los problemas sociales son oportunidades económicas. En los países emergentes encuentro mucho interés cuando hablo de este tema, así no haya tanta experiencia para manejarlos.

Basado en lo que ve en el mundo empresarial, ¿se considera más un optimista o un pesimista? Me he vuelto mucho más optimista. En el momento en que comencé a desarrollar este concepto no esperaba una respuesta de este estilo, en la que dos de cada tres presidentes de empresa entienden que su objetivo no es maximizar utilidades a toda costa. Cuando escucho que esta firma capacita a los agricultores para que usen menos agua o que esta otra educa a sus clientes en temas de nutrición, me doy cuenta de que las cosas están cambiando.

¿En qué consiste ese cambio? En darse cuenta de que la comunidad empresarial es fundamental para el desarrollo de los países. Lo usual era pensar que una cosa era el mundo de los negocios y otra el de la sociedad. Pero ahora es cada vez más claro que, independientemente de en dónde trabajemos, todos tenemos un propósito común y todos podemos aportar al progreso del sitio en que vivimos

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