5 mil cuerpos rescatados del horror de las fosas

5 mil cuerpos rescatados del horror de las fosas

30 de junio 2013 , 12:00 a.m.

Cada semana de los últimos ocho años, en promedio, la Fiscalía ha rescatado del horror de las fosas clandestinas los cuerpos de al menos 12 víctimas del conflicto. La escalofriante cifra -que podría dispararse si el proceso de paz con las Farc redunda en compromisos de verdad y reparación a las víctimas con un paso fundamental: decirles dónde están sus muertos- corresponde a la vigencia de la ley de justicia y paz, que en el 2005 le dio piso legal a la negociación de paz con las Auc. En este tiempo, según la Fiscalía, 5.279 cadáveres han sido desenterrados de 4.077 fosas ubicadas en todo el país. La mayoría son víctimas de los 'paras', pero también se han exhumado muchas con colaboración de antiguos guerrilleros.

Algunos de esos muertos llevaban hasta 30 años desaparecidos. Las denuncias ante Justicia y Paz hablan de al menos 18.000 personas que habrían sido asesinadas por los grupos armados y cuyo rastro se perdió. Hay departamentos como Putumayo, Córdoba y Magdalena donde se tiene información de por lo menos 3.000 fosas a las que aún no han llegado las autoridades. El pasado fin de semana, para 38 familias de Antioquia terminó la incertidumbre. Ellos recibieron por fin los restos de sus seres queridos, todos asesinados entre 1993 y el 2003. Después de meses de trabajo para identificarlos, los laboratorios del CTI lograron devolverles sus nombres y ubicar a sus dolientes. En esta lista de víctimas aparecieron cinco menores de edad; uno de ellos no pasaba de los 13 años. En 37 de los casos fueron evidentes las huellas de ejecución. "Nosotros vivíamos en el municipio de Argelia, Antioquia. El 8 de abril del 2002 mi hija de 15 años salió para la escuela y nunca volvió (...) Lo único que nos informaron fue que la niña había sido interceptada por las Auc, que la habían subido a un carro. Después me mandaron a decir que prendiera una vela para las ánimas. Hasta ahora vengo a saber cuál fue su final", relató una de las madres que recibieron restos hace una semana. A la fecha, la Unidad Nacional de Fiscalías para la Justicia y Paz ha entregado en todo el país 2.038 restos plenamente identificados. También se han hecho 11 entregas simbólicas. Hay centenares de cadáveres con identificación parcial y muchos sobre los que aún se espera una pequeña pista que permita recuperar su identidad.

Otra de las víctimas que acaban de ser identificadas es Miguel Modesto Jiménez Espitia, de 47 años. Era un campesino nacido en el Catatumbo y que llegó como desplazado a Arauca. Los paramilitares lo acusaron de ser colaborador del Eln.

Durante una versión de Justicia y Paz, el extraditado jefe paramilitar Miguel Ángel Mejía Múnera, el 'Mellizo', jefe del bloque Vencedores de Arauca, confesó que ordenó el crimen, ocurrido en el 2003. A Modesto Jiménez lo sacaron de su casa atado de pies y manos, lo golpearon, le dispararon en las piernas, permitieron que un perro lo atacara y, no contentos con el dolor del indefenso hombre, los 'paras' le lanzaron dos culebras venenosas. Finalmente le pegaron dos tiros.

La Fiscalía calcula que cada exhumación le cuesta al Estado entre 15 y 20 millones de pesos, costo que incluye los desplazamientos del personal técnico y profesional, el aseguramiento de las zonas -donde muchas veces hay campos minados y presencia de grupos armados ilegales- y los elementos científicos para las diligencias.

Ocho años después del nacimiento de Justicia y Paz -cuando las críticas a esa jurisdicción son fuertes por la falta de condenas contra los grandes jefes y por el incumplimiento de la entrega de bienes para la reparación-, esos 5.000 cuerpos recuperados de las tumbas en la selva representan uno de los grandes resultados del cuestionado proceso de paz con los paramilitares.

Morfología, clave en la búsqueda.

En el Meta, la Fiscalía tiene desplegada una de las unidades de antropología forense más modernas del país. Esto, porque cada vez son más los cadáveres recuperados de fosas clandestinas en los Llanos y en el suroriente, y Villavicencio es la ciudad más grande en la región.

Allí, decenas de expertos se dedican a la tarea de reconstruir, basados en técnicas de morfología facial, el rostro de las víctimas. En la mayoría de los casos, la tarea comienza teniendo como único punto de partida el cráneo. Para hacer posible la identificación de desaparecidos, se emplea la reconstrucción del rostro con base en imágenes que son proyectadas a partir del cráneo recuperado. Un último protocolo, poco usado por los altos costos, es la reconstrucción facial tridimensional. Otra forma de buscar información es la divulgación, a través de publicaciones en las zonas, de fotografías de la ropa y otros elementos hallados en las fosas.

En muchos casos, las familias han reconocido a su desaparecido por la camisa o los tenis que llevaba la última vez que lo vieron con vida.

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