Familias emberas ya duermen en sus resguardos

Familias emberas ya duermen en sus resguardos

Hace unos días Obdulio Sintúa Rivera caminaba por las calles de Medellín en busca de trabajo y oportunidades.

29 de junio 2013 , 12:00 a.m.

Ayer, después de dos años, durmió de nuevo en su hogar: el resguardo La Puria en el Carmen de Atrato (Chocó). Como él, otras 18 familias de indígenas embera katío regresaron a sus tierras ancestrales en búsqueda de un nuevo comienzo.

Algunos de los pequeños que nacieron en la ciudad, o llegaron siendo bebés , no tienen recuerdos de la selva. Llevan en su memoria el sonido de los carros, el bullicio de la ciudad y el español hablado por los 'blancos'. Los mayores, que nunca aprendieron español, pasaban sus días pidiendo dinero o comida para subsistir. Hoy, al volver al lugar al que pertenecen, se muestran optimistas. Todos tendrán que revivir sus tradiciones, acostumbrarse de nuevo al sonido de las chicharras, a las luciérnagas en la oscuridad de la noche, a la textura del agua del río Atrato y al olor a selva. "Estoy contento porque, gracias a Dios, volveré al resguardo a encontrarme con la familia y a trabajar", dijo Roberto Arce, quien tuvo que abandonar su hogar porque las Farc lo señalaron de ser auxiliador del Ejército.

"Creemos que la situación ha cambiado porque ya hay más seguridad", agregó.

Por su parte, Jader Ortiz Gallego, coordinador del grupo de trabajo de la Unidad Municipal de Víctimas, señaló que las condiciones de retorno están dadas, pero que el trabajo de re-adaptación al entorno será arduo. "Hemos hecho un proyecto agrícola encaminado a la siembra de sus productos típicos, a la subsistencia y comercialización. Además, se está construyendo una casa comunal para que la comunidad pueda tener un lugar de encuentro", agregó Ortiz. William Carupia, director de la Organización Indígena de Antioquia, reconoció que el retorno, con acompañamiento institucional, debe seguir generándose. Mientras indígenas, como Obdulio y Roberto, vuelven a sus territorios a rehacer sus vidas, algunos continuarán deambulando por la ciudad, cocinando en la calle y, quizá, recordando su terruño con nostalgia

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