Fiesta adentro, furia afuera

Fiesta adentro, furia afuera

Envuelto en un estallido social sin precedentes, Brasil hospeda una atractiva Copa Confederaciones en la que cuatro campeones mundiales llegaron a semifinales.

29 de junio 2013 , 12:00 a.m.

Mientras en los estadios hay clima festivo y se juega buen fútbol (en algunos partidos, muy bueno), afuera millones protestan contra la corrupción y los gastos estratosféricos que hizo el país para remodelar esos escenarios de cara al Mundial. El Gobierno aumentó el boleto del transporte público y la gente explotó. "Piden estándares Fifa para los estadios, el pueblo quiere estándares Fifa para las escuelas y los hospitales", dicen los disconformes.

Las manifestaciones abarcaron más de 80 ciudades, y sorprenden, porque Brasil es un país que históricamente maneja muy bien su imagen. Tan bien que uno termina convenciéndose que de verdad es una superpotencia que se codea con Estados Unidos, China, Alemania, Rusia. Pero, según se ve, el presente brasileño es menos extraordinario de lo que se divulga. Se percibe una tensión social grave.

El prestigioso Tostao, que se alinea junto a los indignados, titula su última columna en Folha de São Paulo con un pronóstico inquietante: "El Mundial corre peligro". Acaso un poco tremendista. Joseph Blatter, a su vez, mandó un mensaje a los protestantes: "La Fifa no obligó a Brasil a organizar el Mundial, Brasil lo pidió".

En ese insospechado clima de pancarta y barricada, Brasil ganó sus cuatro partidos y definirá el título. De a poco está creciendo en juego y en ensamble el cuadro de Scolari, aunque le costó sangre doblegar al siempre combativo Uruguay (atención Perú y Venezuela: la Celeste levantó vuelo y suponemos que, en las 4 jornadas que le faltan de la eliminatoria, va a dar batalla sin cuartel por el quinto lugar).

El ultramediático Neymar muestra varias caras: A. Inspiradísimo para el gol; hizo 3 notables, como siempre rematando con exquisita justeza (esa es tal vez su mayor virtud técnica). B. Debe señalarse, también, que es un jugador extraño. A veces pasan 30 minutos sin que toque la pelota, pero casi todas sus intervenciones tienen olor a gol. C. Por lo menos hasta que le tomen el tiempo, goza de una simpatía arbitral inédita: en todas las jugadas en las que no logra imponer la gambeta, se zambulle. Y le dan tiros libres y penales a placer. No quiero pensar en la cantidad de cobros que puede conseguir en el Mundial.

Felipao ha encontrado un goleador (Fred) que Brasil buscaba y no conseguía. Y disfruta de un volante fantástico como Paulinho, el corinthiano, un '8' mixto de marca y juego que además pisa el área y define. Aún sin brillar, Brasil se consolida como gran aspirante al título mundial el año próximo, junto con España y Alemania. Y la condición de local va a pesar muchísimo.

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