La fiebre del microteatro

La fiebre del microteatro

28 de junio 2013 , 12:00 a.m.

Yhonatan Loaiza Grisales Cultura y Entretenimiento Fabiana Medina, con más de 20 años de trabajo artístico, nunca había actuado en una obra de microteatro. Pero cuando vio la temporada Un cuarto para las 7, que Casa Ensamble estrenó en mayo pasado, se enamoró del formato. "Me gustaron mucho los trabajos que vi en la primera etapa (Sobrevivientes del fin del mundo)... Así me interesé en una forma de teatro a la que no estoy acostumbrada", comenta Medina, que decidió probar suerte en este terreno protagonizando Llamada perdida. Esta pieza de Johan Velandia es uno de los siete títulos que conforman el ciclo Decir sí, segunda etapa de Un cuarto para las 7, que empezó ayer en Bogotá.

La fiebre del microteatro también contagió al grupo La Maldita Vanidad, de Jorge Hugo Marín, que estrenó tres montajes de 15 minutos: Tic Tac, de Juan Manuel Lenis; Volví a fumar, de Mabel Moreno, y Tengo miedo de morir ahogado, de María Adelaida Palacio -quien a su vez dirige la obra Abre la puerta, que se presenta en la temporada de Casa Ensamble-.

En el caso de Decir sí, aunque los siete títulos tienen un punto de partida común, las propuestas son muy diferentes en tono y en forma. "El dispositivo sigue siendo teatral: hay un público y hay un espectáculo. No es como un performance donde pasan cosas inesperadas y a veces se involucra el público", asegura Medina. A diferencia de Medina, el actor y dramaturgo español Carlos García ha tenido más experiencia con este formato y en la temporada pasada protagonizó Hablando (último aliento), de Irma Correa. En esta oportunidad, escribió y protagoniza la comedia Pingüinos. Para el español, el secreto del microteatro está en la intensidad: "A nivel de escritura, el conflicto tiene que desarrollarse y concluirse rápido. Hay que tener al público lo más pendiente posible".

En términos de actuación, dice García, el desgaste es igual o mayor que el de una obra tradicional, ya que en Un cuarto para las 7 cada obra tiene seis funciones por noche. "No puedes mantener un ritmo actoral continuo y eso es complicado", comenta.

En Stultifera Navis, otra de las piezas que se presentan en Casa Ensamble, Verónica Ochoa también tiene esa doble condición de autora y protagonista.

"Las posibilidades son muchas, uno puede estar cambiando los finales y probando nuevas cosas y en ese sentido es muy interesante", afirma. Además de estas cuatro piezas, en Un cuarto para las 7 se presentarán Entre tú y yo, de Maia Landaburu; Café y pan, de Alejandra Borrero y Manolo Orjuela, con la actuación de Cristina Umaña, y RH Positivo, de Juliana Reyes, dramaturga de L'Explose.

Por su parte, las tres obras que estrenó La Maldita Vanidad hacen parte del laboratorio 'La clínica', que empezó con una lectura dramática de todos los textos. "Es un entrenamiento para nosotros los dramaturgos, porque con unas limitaciones tenemos que crear una historia que tenga verosimilitud y sea atractiva para el público", dice María Adelaida Palacio.

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