Objetos antiguos adornan parqueaderos del Centro

Objetos antiguos adornan parqueaderos del Centro

27 de junio 2013 , 12:00 a.m.

Cinco celdas que antes eran parqueaderos en Prado se convirtieron en el principal almacén de antigüedades del Centro de la ciudad. Allí se consigue desde una moneda conmemorativa de la Constitución de 1886 hasta objetos de metal con los que familias prestantes decoraban las casas.

Los importaban desde Jamaica, viajaban en barco por el Magdalena hasta Puerto Berrío, allí se montaban en una mula que iba directo hasta al tren que se dirigía a Medellín.

En este lugar, donde aún funciona una parte como parqueadero, trabajan seis familias que hace más de dos décadas trabajaban como recicladores en la calle y terminaron dedicados a recolectar, cambiar y comercializar objetos antiguos, cuyo valor real está cimentado en la nostalgia.

"Al propietario del parqueadero le gustan este tipo de objetos. Hablamos con él y nos alquiló. Nos llaman de distintas partes y nos ofrecen cosas. Vamos, las miramos y si nos interesan las negociamos y luego las exhibimos acá.

Algunos lo hacen por necesidad y otros porque quieren salir de cosas cuando faltan los abuelos, u otros porque se pasan para casas más pequeñas", afirma Rigoberto Henao, uno de los propietarios.

Agrega que algunos de los objetos más buscados, en la mayoría de los casos para decorar fondas o fincas, son las máquinas de escribir Remington y máquinas de coser Singer del siglo pasado, los tocadiscos, cuadros publicitarios de Coca Cola, candelabros, entre otras.

Por su parte, Luz Edilma Giraldo, otra de las comerciantes, dice que el público que más acude a su tienda es de estratos altos, aunque también la visitan universitarios curiosos.

"Cuando no tenemos algo, nos dejan sus contactos y tratamos de hallarlo.

Muchos quieren tener en sus casas algo que les recuerde a sus abuelos, y otros buscan objetos de madera por su calidad", asegura Henao. Entre los objetos más costosos se encuentran los escaparates de comino crespo, cedro rojo o piñón, las cámaras fotográficas polaroid (con trípode incluido) y las imágenes religiosas de madera o bronce, cuyo costo puede oscilar entre 300.000 y 500.000 mil pesos.

"Visito este lugar cada mes y miro qué obras de arte nuevas han llegado. Mi casa y mi oficina están decorados con cosas de aquí", dice un hombre dedicado a comercializar productos de salud.

Giraldo sostiene que con la venta de estos productos ha sacado a su familia adelante, y que incluso ya una de sus hijas es la propietaria de un local vecino, lo que la hace conocedora de la representación y el valor histórico. Por el contrario, en la casa de Henao no gustan los objetos que él vende.

"Cuando llevo algo, los hijos me dicen que no les traiga 'reblujo'", dice

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