Fútbol: aprender de nuevo a convivir

Fútbol: aprender de nuevo a convivir

26 de junio 2013 , 12:00 a.m.

El valor de la señora Sandra Sandino, madre del hincha de Millonarios asesinado en Cali el sábado pasado, resulta, por decir lo menos, admirable.

Mientras despedía el féretro azul de su hijo Óscar en el estadio El Campín -un campo de juego convertido en lugar fúnebre a causa de la violencia delirante que se ha seguido tomando el fútbol colombiano-, con una serenidad y una lucidez envidiables, les repetía a los barristas desconsolados y a los medios de comunicación que lo importante ahora era que su hijo, de apenas 28 años, fuera recordado en Colombia como un líder social que, domingo a domingo, luchaba por llevar el juego limpio a la fanaticada del equipo bogotano.

Tiene toda la razón la señora Sandino. Este es el momento de parar el absurdo desangre que en los últimos meses ha cobrado nada menos que cinco vidas.

Detrás de la barbarie se encuentra un drama social que debe ser encarado por las autoridades, por los dirigentes deportivos y por las familias de los hinchas, antes de que cobre una víctima más. Resulta de vital importancia no solo expresar claramente la indignación general ante ese contrasentido que es un asesinato ocasionado por el fútbol, sino, al mismo tiempo, ser inventivos y eficaces.

La muerte de Óscar tiene que convertirse en el punto final de esta lúgubre historia. Tiene que conducir a que los hinchas hagan el pacto de no volver a acudir a ataques ni amenazas y a que las autoridades piensen seriamente si el haber separado a las barras rivales no ha alimentado aún más la violencia, como si hubieran partido de la base de que lo único que puede hacerse en este punto es reducirles las posibilidades de agredirse.

Las barras tienen, pues, la obligación de aprender a vivir juntas en las tribunas y en los barrios. Muchos aficionados jóvenes solo han conocido el estadio como un espacio con territorios claramente demarcados, lo que produce una reacción automática de hostilidad hacia los colores contrarios. Así como se suprimieron las mallas dentro de los escenarios con positivos resultados, quizás sea hora -gradualmente, por supuesto- de volver a tener tribunas con hinchas de ambos equipos. Hay que ser audaces. Se trata de que el fútbol sea de nuevo una fiesta y no algo cada vez más parecido a una guerra. editorial@eltiempo.com.co

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