Se agita el Catatumbo

Se agita el Catatumbo

La historia del Catatumbo es la misma de tantas otras regiones de Colombia, en las que, paradójicamente, confluyen por igual riquezas y pesares. La abundancia de recursos naturales y su ubicación estratégica, dos factores que deberían ser fuente de bienestar para sus pobladores, han sido, desafortunadamente, causa de todo tipo de padecimientos.

26 de junio 2013 , 12:00 a.m.

Es un hecho que el Cataumbo ha estado marcado por cuanto flagelo ha azotado al país. Hablamos del contrabando, la minería ilegal, la presencia de guerrilla y 'bacrim', los cultivos ilícitos y, como si todo lo anterior fuera poco, un crónico abandono estatal, del que da testimonio el lamentable estado de sus vías, así como del de hospitales, colegios y centros de salud.

Las páginas más recientes de la historia de esta zona de 1'100.000 hectáreas, la mitad de la extensión de Norte de Santander, incluyen la sangrienta hegemonía que ejercieron los paramilitares desde 1999 hasta el 2004, cuando se desmovilizaron, lo que les abrió el camino a sus enemigos de las Farc, que a su vez ya habían reinado desde la década de los 80. Pero, sobre todo, están marcadas por el cultivo masivo de hoja de coca, actividad que es fuente de sustento para gran parte de sus habitantes.

Ante tal panorama, el actual gobierno decidió tomar el toro por los cuernos.

Declaró al área zona estratégica y emprendió una intervención integral, que incluyó la activación de la Fuerza de Tarea Vulcano del Ejército y la puesta en marcha del Plan Consolidación, que incluye recursos por 15.000 millones de pesos para que los campesinos hagan el tránsito a cultivos legales. Se suma un documento Conpes, aprobado a comienzos de este año, que sienta las bases de una estrategia de desarrollo completo para la región, con obras de infraestructura que demandarán una inversión de 1,7 billones de pesos, además de un ambicioso programa de titulación de 450.000 hectáreas. Con estas herramientas, todo pareciera dado para que los once municipios del Catatumbo den por fin el anhelado salto hacia la prosperidad. No obstante, los primeros pasos en la implementación de tan ambiciosa estrategia han caldeado los ánimos y generado una nutrida movilización campesina, con bloqueos de vías como forma de protesta. Y si bien al comienzo el movimiento tuvo tintes pacíficos, la situación pasó de castaño oscuro tras la muerte lamentable de cuatro manifestantes en diferentes episodios, que incluyen denuncias de excesos de la Fuerza Pública.

Estos deberán aclararse, así como la presencia de las Farc en los hechos, de los que es indicio sólido la clase de armamento que se ha podido observar entre los integrantes de la protesta.

Lo cierto es que, una vez más, el Gobierno se ve frente a una crisis en la que tienen lugar protagónico las vías de hecho. Es, por supuesto, inaceptable dialogar en dichas condiciones, algo en lo que hay que insistir cuantas veces sea necesario. Pero también preocupa lo recurrente que se ha vuelto este tipo de escenarios para el Ejecutivo. El reto es evitar con suficiente antelación que coyunturas así se hagan más complejas, lo que se logra con tacto, información depurada y oídos más abiertos. Esto permite corregir sobre la marcha y reformular prioridades. Por poner un ejemplo, varios observadores consideran que la erradicación manual debió haberse dado en forma más gradual. Y es que no puede ocurrir que, por errores en la aplicación, se pierdan las virtudes de un remedio que, en este caso, no hay duda de que es el apropiado

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