Ciudad imaginada Pandillas, punks y conectados

Ciudad imaginada Pandillas, punks y conectados

25 de junio 2013 , 12:00 a.m.

¿Cuáles jóvenes atacan la ciudad física y cuáles, Internet? Los skinheads, que reviven en Bogotá y arremeten contra grupos minoritarios, como los LGBTI, o bien las pandillas comunes, que se integran para deambular por las calles en "búsqueda de acción", hoy pueden emparentarse con expresiones urbanas que fueron creciendo al amparo de alguna tendencia de arte o bien con protestantes sociales que solían llamarse tribus urbanas.

Pero ¿existen aún las tribus? Parecen más bien absorbidas por movimientos de conectados en la red, por modas de diseño o bien por movimientos ciudadanos, no tribales, sino críticos con el acontecer diario, tipo Anonymous.

O sea la protesta y las acciones antisistema se dan más por conectados y no por desconectados, como eran las tribus, y esto, de un lado, aumenta su marginalidad, pero también pierden capacidad de eficacia en sus acciones urbanas La exposición de primavera que acaba de abrir el Metropolitan Art Museum de Nueva York, 'PUNK: Chaos to Couture' ('Del caos a la costura'), parte de una división reveladora entre "hágalo usted mismo", de los punkis setenteros, contra "hecho a la medida", de los grandes diseñadores presentes en la muestra (Versace, Lagerfeld...), quienes reconocen influencias del estilo "antiestablecimiento" para embellecer con el adorno lo que para los auténticos luchadores punk era conflicto, caos, basura, destrucción, grafiti, rock, no- futuro.

El estilo punk de los años 1974 y 1976, caracterizado en especial por la cresta de gallo en su look, significaba ser diferente del medio social que detestaban.

Hoy, el mismo director de Sex Pistols, Johnny Rotten, el grupo avasallante y vomitivo de los punk de entonces, termina escribiendo el catálogo para el Moma. Para comprender estas antinomias actuales, quizá se puede acoger la diferencia entre la cultura pop, connotativa, espectacular, auténtica de la calle, y la alta cultura (que en el título de la muestra presenta una interesante homofonía con costura: la cultura como costura de trozos y residuos), jerarquizada, solemne, que suele buscar fines económicos.

Vivimos una época afterpop (Eloy Fernández), en la que Disney mezcla a Hércules con Pocahontas, Madonna se disfraza de Madonna Pop el día de la inauguración en el Moma, donde lo auténtico es la falsedad en escena.

El espectáculo urbano "más pop" es frecuentemente una puesta en escena de lo más postizo, ya sea en la música, el cine, la literatura, el arte o la moda misma, pero ya no como años anteriores, en la cumbre de la posmodernidad, donde el simulacro se presentaba como verdadero y se descubría que era una ironía, sino que en el after lo falso es lo falso y se muestra tal; no hay burla o gesto irónico, sino que se asume que así es la realidad.

Si algo nos queda del pop, no solo son la sopas de supermercados de Warhol, sino lo popular mezclado con medios, consumo y, ciertamente, búsqueda de modos muy expresivos de representar el espectáculo cotidiano. Si el pop se define como "arte de la superficie", entonces capta bien lo que está sucediendo, como que algunos de los "cabezas rapadas" en Bogotá establezcan una línea hitleriana y clamen por una raza pura y contra extranjeros y torcidos sexuales.

De ahí que las acciones rebeldes más significativas pasan ahora por la ciudad digital, más allá de la escena exhibicionista que convirtió el gesto provocador en simple adorno inofensivo. ciudadesimaginadas@gmail.com .

Armando Silva

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