Leandro componía con los ojos del alma

Leandro componía con los ojos del alma

24 de junio 2013 , 12:00 a.m.

Leandro parecía inmortal, ciego pero con un aire de mística que lo hizo dibujar con cantos su propio mundo. Tenía 85 años y estaba quedándose sordo; por eso, su hijo Ivo solía hacerle eco a las preguntas que le hacían y que siempre contestaba con alegría, historias y canciones. "Canto cuando llega el momento de complacer a un amigo. Todavía no se me ha quitado el vicio de cantar. Me gusta cantar, porque creo que en vez de nacer llorando, nací fue cantando", le dijo el compositor de himnos clásicos vallenatos a este diario, en el 2008, cuando varios turistas rodeaban su casa mientras él contaba y cantaba su vida a la par. La muerte se lo llevó en la madrugada del sábado pasado, en la Clínica Cesar de Valledupar, tras haber sido internado el viernes por una afección renal aguda. Pero ni la avanzada edad le quitó fuerzas, ganas ni entrega para responderle al público, pues seguía componiendo, aunque no con mucha frecuencia. Solía decir "todavía el palo de mango pare". Y el legado del compositor de himnos clásicos vallenatos como Matilde Lina y La diosa coronada fue tal, que la imagen de Leandro y su biografía estuvieron en las cajas de las ediciones especiales del whisky escocés Old Parr, creadas para la pasada edición, en abril, del Festival de la Leyenda Vallenata.

Díaz nació el 20 de febrero de 1928 en un caserío llamado Casa de Alto Pino, cerca a Lagunita de la Sierra, jurisdicción de Hato Nuevo (La Guajira). Era ciego de nacimiento, se crió en el campo, fabulando, aprendiendo a ver de otra manera. En algún momento, de niño, alcanzó a convencer a varios de sus habilidades como vidente. "Lo hice cuando estaba muchacho, buscando un pretexto para relacionarme con la gente, me metí de clarividente, pegaba mis pequeños aciertos a mi pequeña edad de 7 u 8 años. Pero esa no era mi virtud", decía.Su virtud fue en cambio, como lo dice su canción autobiográfica La historia de un niño, ver "con los ojos del alma" y dibujar con ellos el mundo vallenato a partir de sus canciones. En los últimos años solía ir a las parrandas acompañado de su hijo Ivo y repetir sin pausa las historias que lo motivaron a componer una y otra historia, entre las más de 200 de su repertorio. Contaba, por ejemplo, que compuso La diosa coronada para molestar a una dama que no quiso tomarlo en cuenta o que aquella emblemática frase "al recordarte, Matilde, sentí temor por mi vida" surgió de un accidente de carretera que tuvo justo cuando viajaba pensando en la musa de su canción.

"Siempre estoy contento de tener visitas -solía comentar-. Yo estoy reconociendo la admiración que siente mucha gente por mis pequeñas canciones, eso para mí es grato. Es una forma muy agradable ver que la gente llega espontáneamente al lugar donde vivo. No sé por qué, pero cuando vengo a ver, la gente ya está en la puerta y tengo la dicha de que las mujeres más bonitas son las que me visitan".

Humilde y agradecido con la vida, ese era Leandro Díaz. La música le dio la compañía y la admiración que no tuvo en sus primeros años. Fue la que le dio la notoriedad de la que gozó durante gran parte de su vida, tanto que su hijo Ivo recuerda que desde que tiene memoria, su casa solía estar rodeada de visitas que querían saludar al juglar.

La inspiración para La diosa coronada, una de sus más célebres canciones, le vino hace unos 55 años: "Cuando estaba joven, cuando no me conocían, cuando no tenía fe en mí, cuando pensaban que a un hombre faltándole la vista, le faltaba todo, y no merecía nada, ni siquiera cariño -relató alguna vez-, fue cuando llegué a una vereda donde había unas cuantas muchachas. Entre ellas, había una que sobresalía porque era ganadera, los padres eran ganaderos y económicamente vivían bien. Ella se creía superior a todas la muchachas y un día quise llegar a su casa y la noté muy extraña. Quise ser su amigo, pero me rehusaba porque yo era ciego".

Y una mañana cualquiera -seguía relatando-, Díaz se fue al río donde le "vino la concentración mental" y la idea de que: "Esa muchacha se cree la diosa coronada", fue de ahí de donde partió la canción. Esa misma noche tenía los versos y buscó precisamente a un hermano de ella, que era acordeonero para ensayar la canción y cantársela a la muchacha. "Ella se quiso ofender conmigo, pero fue peor todavía, la gente comenzó a querer la canción. Y le tocó ser mi amiga".

Así, sus canciones atraían al público y sus historias le traían aplausos. En una tarde de Festival Vallenato, cuando los turistas y amantes del folclor lo asediaban y se agolpaban en su entorno para oírlo hablar, él explicaba que todo eso le "sucedía por el problema físico que era el único daño que me hizo Dios. Entonces, las historias mías son conmovedoras. La muchacha después se hizo amiga mía, pero me fui de ese pueblo, no volví a tener charla con ella.

Después, cuando la canción se hizo sentir, ella me andaba buscando y le mandé decir: 'Dígale que vaya a buscar al rey querido'. Es que tenía novio y le decían así", recordaba Leandro.

El compositor afirmaba que esa canción gustó porque él fue el primero que habló de reinas y de la gran sociedad. "Los demás no hablaban de eso, sino de cosas más cotidianas, más costumbristas".

Y la canción ya sonaba cuando se creó el departamento del Cesar, en 1967. "Fue cuando le brindaron una fiesta a Alfonso López Michelsen -recordaba Díaz- y Gabo vino a esa fiesta. Ahí fue donde me conoció a mí y La diosa coronada fue la más pedida de toda la fiesta, él se quedó con la inquietud y dijo que era el vallenato más vallenato que había oído". Más adelante, el mismo Gabo retomó uno de sus versos como epígrafe de su novela El amor en los tiempos del cólera.

De Matilde Lina -cuyo verdadero nombre era Matilde Helina- le llegaron reacciones de felicitación desde todas partes del mundo. Díaz supo incluso de una versión en lengua vasca. El artista le compuso a muchos amores ideales, como ella; en cambio, a su esposa ya fallecida, admitió no haberle compuesto nada: "Yo lo que hacía era ganarme la plata para llevársela -confesaba jovial- . Es que de todas las mujeres que yo traté, parece que me la hubieran hecho para mí. Yo podía hacer lo que quería hacer y jamás me mostró celos, ella era feliz porque la gente me quería".

Lo querían, sí, lo admiraban. Leandro Díaz le dio un giro a su vida gracias a su talento, tuvo una vejez feliz y terminó su vida rodeado de reconocimientos. "Creyeron en mí, porque el amor es tan sensible que se sabe entender. El ciego también tiene derecho a amar, no tiene derecho a mirar, pero sí puede amar. Y yo me sentía con un corazón grande, teniendo un amor inmenso, que podía amar, podía querer. Y aprendí a amar la vida, a respetar la humanidad, a dignificar a los amigos y eso me fue dando la oportunidad".

Las más inolvidables canciones de Leandro Díaz.

De su autoría, se registran más de 200 canciones, pero entre las más destacadas se encuentran: 'Dios no me deja', en la que describe su vida; la legendaria 'Matilde Lina', dedicada a una musa que jamás vio; 'La diosa coronada', 'Los Tocaimeros', que en aire de merengue vallenato nombra a todas las familias de su localidad.

Y como no dejó nunca de componer, su hijo Ivo tiene guardadas dos canciones inéditas; una de ellas se titula 'No les temo a los años' y la otra, 'Como yo no hay dos'

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