CREADOR DE ESPACIO FICTICIO

CREADOR DE ESPACIO FICTICIO

En términos generales, en Colombia el oficio del escenógrafo como tal no existe. Lo que hay son aplicaciones, derivadas de otras artes, a la solución de los problemas del espacio teatral y a la escenografía. Pintores, escultores y arquitectos, por su familiaridad con los conceptos de representación, llegan a ser los mejores sustitutos del escenógrafo. Pero como el diseño y montaje de la escenografía teatral es un oficio y un arte, el lugar del pintor o del arquitecto en el teatro es transitorio, si no anecdótico. Sin embargo, el hecho de que estos artistas generalmente hayan aportado buenas y, a veces, brillantes soluciones indica la variedad de posibilidades con las que el artista investigativo puede jugar. Lo que no se sabe es si esas buenas y brillantes soluciones en manos de un escenógrafo profesional pudieron llegar mucho más lejos. En el teatro no basta la creación de espacios ilusorios, es también necesario que su funcionalidad quede demostrada en el desarrollo de la obra.

06 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Obvia y paradójicamente, la escenografía más funcional y la más ilusionaria es aquella que se escamotea de la escena. La que le entrega, por decir así, a la imaginación del espectador todo su trabajo: la escena vacía. Es la del montaje de Drácula, dirigido por el polaco Pawel Nowick en el Camarín. Sin duda es una solución moderna, y a la vez fácil y difícil. En tanto que priva al espectador del goce visual y lo empuja a imaginar el mundo representado, se sustrae a la creación del ambiente físico y se obliga al espectador a crearlo por medio de la fuerza de las situaciones: el castillo siniestro, las calles de Londres, el hospital, la estación ferroviaria.

Cerca de este ámbito patéticamente vacío, pero con un concepto bien diferente, es el que ofrece la representación de El paso del Teatro de La Candelaria. Allí la obra se proyecta sobre un espacio social y político. Y es un concepto que provoca tan fuertes ideas de territorialidad, que el telón de fondo viene a tener grandes resonancias con el argumento de la pieza. El trazado de un mapa crea allí una doble relación: del concepto y de la ilusión, con los cuales se configura la representación del espacio escénico. Un lugar real que figura en el mapa y que está transpuesto al espacio ficticio de la escena, y al revés: un lugar ficticio proyectado sobre el lugar real al que alude la obra y que está representado con la cartografía de fondo. Doble movimiento que solo es posible en el horizonte trazado por las líneas de fuga de la concepción escenográfica.

Los aportes de la escenografía en el teatro moderno pueden dar siempre nuevos aportes al sentido de la obra, pues trascienden los límites de la pura funcionalidad, de la anécdota, la creación de ambientes o la simple y anodina decoración. El buen gusto y el resto En El burlador de Sevilla, Ricardo Camacho y Pilar Caballero encuentran soluciones también de orden intelectual. Con el fondo de un panel de aluminio, que recuerda la arquitectura modernista de los años 50, se rompe desde el primer momento toda posible identificación con la época en que se desarrolla la obra de Tirso de Molina.

El propósito de este y otros anacronismos, que atraviesan la obra, consiste en distanciar, a la manera clásica brechtiana, al espectador de la escena, para dar curso a un montaje emocionalmente frío. En su funcionalidad las variantes sirven para establecer las diferencias de rango entre los personajes; ya se sabe: la nobleza arriba y el pueblo abajo. El dispositivo general del trabajo escenográfico asegura al mito de Don Juan su extraordinaria movilidad y sus prodigiosas metamorfosis en el tiempo.

En el teatro realista contemporáneo, el drama sicológico y social se ofrece como un lugar para grandes invenciones escénicas. Si el escenógrafo rompe los esquemas de reproducción realista, se abre un lugar en donde las soluciones inciden decididamente sobre el clima sicológico de la obra. Las creaciones de Gustavo Cañas sobre el escenario arrastran toda una carga expresionista. Más formales, tímidas y convencionales y, dentro de cierta estética del buen gusto , son las aportaciones de Carlos Duque en Una voz en el espejo y las de Rafael Echeverría en Yo amo a Shirley.

Sin duda, la creación de un ambiente propicio para la exaltación del clima existencial de la obra lo constituye la escenografía de Sofía Duarte, con su trabajo para El zoológico de cristal, de Tennesse Williams, en el TPB. La forma ruinosa como se exhiben los muros y el deterioro circundante ya están aludiendo a la condición interior de los personajes.

En la creación del ambiente se encuentra buena parte de la carga dramática de la obra. La convención del espacio, que une y separa interior y exterior, frío y calor, fue creada bajo leyes precisas y elementales, pero no por esto menos rigurosas y que dan al conjunto un cuadro de gran coherencia.

Por el contrario, el ejemplo perfecto de la negación de objetivos, de la confusión de ideas, de la ausencia teórica y de la incoherencia práctica, se reflejó en la obra del TPB El verdadero oeste, que merecía en todos los aspectos otro tratamiento.

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