EN LA CALLE NO SE JUEGA CON LOS NIÑOS

EN LA CALLE NO SE JUEGA CON LOS NIÑOS

Mientras que la mendicidad siga siendo un negocio lucrativo en Colombia, los niños van a seguir pidiendo limosna. Actualmente, un niño de la calle, que vive en galladas y que mendiga y roba para vivir, puede llegar a ganar 20 mil pesos sólo en limosnas. Un niño en la calle, aquel que vive en su casa y que trabaja sólo algunas horas al día, puede llegar a ganar 30 mil pesos solamente en una tarde. Mensualmente esta suma alcanza a ser cinco veces superior a un salario mínimo (172.005 pesos).

17 de agosto 1997 , 12:00 a. m.

Con ese dinero, los niños de la calle compran drogas como el pegante, el basuco y la marihuana. La comida casi siempre la roban o se les da gratis en los restaurantes de la zona donde deambulan. Por otro lado, los menores que trabajan en la calle no se quedan con nada de dinero; normalmente las ganancias son para quienes los entrenan y para sus familiares, que los obligan a pedir dinero.

La industria de la mendicidad es tan grande que incluye varias modalidades. En primer lugar están quienes utilizan a sus propios hijos para pedir dinero. Muchas veces los mismos padres los obligan a pedir limosna en las esquinas, y esperan en la casa el resultado del trabajo de sus hijos.

Los vecinos y amigos de la familia son, con frecuencia ,quienes usan a los pequeños para mendigar. Estos los alquilan a sus madres o padres por diez mil pesos diarios, y a cambio reciben las ganancias diarias de los menores.

También están los que roban niños, les cortan el pelo, los llevan a otra ciudad y los explotan, o los que utilizan a los pequeños con malformaciones físicas para provocar lástima y ganar más dinero. Incluso ha habido casos en los que son los propios padres los que queman a sus hijos para emplearlos como mendigos.

Según Betty Bolívar, encargada del programa No hagamos de Colombia un país de mendigos , que adelanta el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Luz Mery Salazar era una niña que pedía limosna y tenía las piernas enyesadas. Aunque su madre tenía con qué, nunca le quitaba el yeso ni la llevaba a un médico, porque era más lucrativo que fuera una mendiga inválida. Cuando se dieron cuenta, la niña tenía las piernas destruidas, llenas de ampollas e infecciones .

A pesar de historias como ésta y de que el Código del Menor contempla una pena de uno a cinco años de cárcel para quien utilice a los niños para mendigar, poco o nada hacen las autoridades al respecto. Incluso el ICBF conoció el caso de un policía que tenía a su hijo mendigando, porque el niño tenía malformaciones físicas , afirma Bolívar.

El arte de pedir Hay muchas modalidades para pedir dinero. Los niños de la calle utilizan normalmente la estrategia de intimidación, porque es la que más resultado les da.

Ellos se ensucian la cara y las manos, se ponen los chiros debajo de la ropa limpia y salen con un palito a pegarle a las llantas de los carros. Muchos insisten, no se despegan de la ventana, hasta que no les den dinero , dice Bolívar.

Los sitios y las horas también son piezas clave a la hora de pedir dinero. Según Gloria Camargo, trabajadora social de la Fundación Niños de los Andes, a los muchachos les gusta estar en el norte de la ciudad porque les dan más. Por las noches el negocio mejora y, por supuesto, los sitios que prefieren son las zonas comerciales, como la Zona Rosa de Bogotá, las discotecas, la salida de los cines y las puertas de las iglesias.

Por otra parte, los niños que trabajan en la calle como mendigos no solamente piden dinero, sino que venden frunas, chicles y flores, o se dedican a limpiar los vidrios de los carros en los semáforos.

Muchos de estos niños aprendieron el oficio de sus padres, que los llevaban con frecuencia a los semáforos donde ellos trabajaban como vendedores ambulantes. Frecuentemente, dice Bolívar, la familia entera se para en un semáforo, y mientras que el papá vende forros para celulares, el niño vende galletas .

Más mendigos Las cifras de la mendicidad van en aumento. Según un censo que está realizando el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, hay más de dos mil niños mendigos sólo en la ciudad de Bogotá.

El hecho de que cada vez haya más niños en la calle no se debe solo a que la mendicidad es tan buen negocio, sino a que las condiciones del país han cambiado. La recesión económica dejó a muchas familias sin empleo, y como recurso adoptaron la economía informal. Esto trae consigo un tipo de explotación del menor que es considerada como mendicidad (la venta en los semáforos). Además de esto, los niños son víctimas de los desplazamientos por la violencia, de migraciones constantes a las ciudades en busca de un mejor futuro y, en ocasiones, de desastres naturales, que usualmente los obligan a trabajar para colaborar con el sustento de su familia.

Pero la mendicidad no se queda ahí. Es frecuente que los niños que comiencen trabajando como mendigos caigan en redes de prostitución o criminalidad, porque es más fácil enganchar a alguien que vive en la calle que a alguien que está en su casa o en la escuela , dice Bolívar.

Para Rosa Jiménez, la prostitución se convirtió en una alternativa bastante atractiva. Yo salía sola casi siempre y vendía más o menos en el mismo lugar. Allí ya me conocían y un día un señor que se la pasaba ahí en ese barrio me dijo que si quería entrar en ese negocio (la prostitución) y yo dije que sí porque ganaba más plata. A mí no me molesta, porque estoy acostumbrada a tener alguito para gastar .

Cuál es la solución? El primer paso es convencer a la gente de que la limosna no ayuda, sino que empeora las condiciones de vida de los niños, y los convierte en potenciales mendigos del futuro. La gente tiene que darse cuenta de que existen otras formas de colaborar, por ejemplo a través de las instituciones, y que si los niños siguen recibiendo dinero, sus padres y quienes los obligan a mendigar los van a seguir explotando , dice Bolívar.

Sin embargo, si la mendicidad deja de ser un negocio en Colombia, las cosas no van a ser fáciles. Muchos de los niños que viven en la calle verán en el robo la única opción para obtener dinero, mientras que los niños que trabajan mendigando, al llegar a sus casas sin dinero, pueden ser víctimas de maltrato y desnutrición.

Mabel Ordoñez, que limpia los vidrios de los carros en los semáforos, trabaja desde las cuatro de la tarde hasta las nueve de la noche, siempre cerca a su hermano pequeño, que desempeña el mismo oficio a una cuadra de allí. Yo tengo 13 años, dice Mabel, soy la mayor de cuatro hermanos. Después del colegio nos venimos Eduardo (9 años) y yo a trabajar aquí, porque yo prefiero trabajar a pasar hambre .

El padre de Mabel murió y su madre tiene que quedarse en la casa, según Mabel, porque tiene un hermanito al que le dan ataques y no lo puede dejar solo. Sin embargo, Mabel y Eduardo no van a diario a pedir dinero. A veces tenemos muchas tareas en el colegio y no podemos ir, pero entonces no podemos comer por la noche porque no tenemos con qué , dice Mabel.

Es cierto, dice Bolívar, que muchos hogares dependen directamente de lo que los niños ganen y que el hecho de no pedir más limosna va a dejar a varios de ellos en la calle, pero para eso el ICBF está desde ya creando cupos en diferentes hogares a lo largo del país, para que los niños puedan irse a albergues en caso de que los echen de su casa y allí reciban educación y orientación en diferentes áreas .

Testimonio Freddy Serna tiene 15 años. Desde los siete ya salía solo a la calle, pero lo empezó a hacer con más frecuencia hasta que fueron semanas, quince días, meses. Casi no paraba en la casa porque tenía problemas con mi padrastro y donde mi Mamá éramos cuatro personas, entonces para qué... explica.

Por eso, desde los nueve años, Freddy comenzó a vender droga en el mirador de La Calera, y solo cuando cumplió 10 se enteraron en su casa. No me dijeron nada, pero me dieron muy duro. Así que de venganza, me metí más en mi negocio para no depender de ellos .

La droga se la distribuían en la calle 15 y en la L (cerca a la Iglesia de los Mártires). Compraba los pacos a 500 pesos para después venderlos en el norte a 5.000. También comerciaba bichas (papeletas de bazuco) que compraba a 200 pesos para vender en 3.000. Eso me servía para hacer mi plata -dice- pero la vaina fue que me envicié, porque yo decía: si consumen así, es porque debe ser bueno .

Fue cuando Freddy empezó a buscar un parche para consumir y vivir. Empecé por conectarme con gente que estaba en el asunto de la droga. Me invitaban a barrios, y hablábamos más seguido, consumíamos droga y ahí mirábamos si robar o qué. Me movía en tres galladas: La que queda en el barrio San Antonio, de 30 personas; en la del Quiroga, cerca a la plaza, nos reuníamos 15 y en Muzu éramos 6 solamente , explica.

En gallada se dedicaban a escapear (robar). Hasta que un día, Freddy se puso a soplar (rapar) por el Restrepo y la policía lo capturó Esa tarde me dieron pata y me dijeron que me iban a matar en un potrero. Vi la muerte encima y me salvé por que un señor les dijo que les iba a apuntar las placas de la camioneta . Así las cosas, prefirió salirse de su mundo.

Decía que estaba bien, pero ya después llegué hasta el punto de que metía pipa (la pipa se hace con una tapa plástica de aguardiente y un esfero. Se pone papel brillante por la boca de la tapa y se hace agujeros en el papel, echándose ceniza y bazuco). Ahí si empece a andar más sucio, me degeneré y ya me sentía los huesos. O me recuperaba o me iba para el hueco de una . No volvió a vender más droga, ni siquiera a consumirla y hoy se encuentra en el Hogar Claret rehabilitándose.

No dé limosna, dé amor Dar una limosna es dañar a los niños. Es por esto que la campaña No hagamos de Colombia un país de mendigos , que adelanta el Instituto Colombiano de Bienestar familiar, no sólo trabaja con pequeños que viven o trabajan en las calles, sino que el primer paso es concientizar a la gente de que la limosna no es una buena acción, así las intenciones sean las mejores.

Con el lema de No doy limosna, doy amor por el bien de todos , se intenta que los ciudadanos dejen de dar dinero a los niños de la calle y que, en cambio, hagan donaciones a los albergues e instituciones que trabajan para reintegrarlos a la sociedad.

Según Betty Bolívar, coordinadora de la campaña, además de la etapa de sensibilización de la población, el ICBF está trabajando simultáneamente con los niños de la calle, es decir, los que viven en la calle, y los niños en la calle, es decir, los que trabajan allí .

Para los niños que trabajan en la calle y que tienen sus hogares, el Instituto está adelantando una campaña de prevención, que incluye entre otros, los Hogares Comunitarios de Bienestar, repartidos por los barrios de bajos recursos del país, los clubes juveniles y los hogares de atención a los menores de siete años, entre otros. Según Bolívar, el objetivo es lograr que los niños en su tiempo libre estén realizando actividades propias de su edad como juegos, estudio o manualidades, en lugar de estar en la calle vendiendo frunas o pidiendo plata .

Los padres de familia también son parte de la campaña, porque muchas veces son ellos quienes obligan a los niños a que pidan limosna. Hubo talleres de capacitación, pero faltó interés porque el negocio de la mendicidad es más lucrativo que el de la costura o la panadería. Sin embargo estamos continuamente yendo a la casa de los niños, educando a los padres sobre las consecuencias de la mendicidad, como la prostitución, la criminalidad y la drogadicción , afirmó Bolívar.

Así mismo, el programa iniciado por la directora del ICBF, Adelina Covo de Guerrero, tiene como objetivo llegarle a los menores que viven en la calle y que mendigan y roban.

Por medio de expertos en el área de la niñez, se visitan los diferentes parches de gamines de las ciudades, para establecer un acercamiento inicial que les permita a los niños ver que pueden rehabilitarse. Esta parte de la campaña es quizás la más difícil porque, según Bolívar, Los niños no quieren perder su libertad y recluirse en una institución donde hay normas, donde hay trabajo en equipo, donde no pueden drogarse y donde los enseñan a trabajar con disciplina. Ellos prefieren estar en la calle, y nosotros no podemos forzarlos a hacer nada, porque si no es por su propia voluntad, ellos se escapan de los albergues .

Para quienes quieran colaborar con la campaña y de paso ayudar a la niñez en Colombia, pueden hacer sus donaciones a la cuenta número 1650219797-9 del Banco de Colombia sucursal Parque Nacional, pueden donar en especie a la carrera 20 # 33-00 en el Barrio Teusaquillo o llamar a los teléfonos 288 4170 o 288 0465 de Bogotá.

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