EL PAÍS, LLENO DE ALIMENTOS IMPORTADOS

EL PAÍS, LLENO DE ALIMENTOS IMPORTADOS

Las ventas de frutas en las calles y en los semáforos ya no son una señal de que el campo colombiano está en cosecha.

04 de septiembre 1997 , 12:00 a.m.

Por el contrario, lo que demuestra es que el sector rural se encuentra abandonado y que muchos de los cultivos tradicionales están en vías de extinción. La razón, el 90 por ciento de los productos que se venden en las calles de las principales ciudades ya no vienen de Boyacá, Nariño, Caldas Santander, Antioquia o Cundinamarca, sino de Chile, Ecuador, Perú y Estados Unidos, entre otras naciones.

Pero el problema no es solamente en frutas. Entre 1990 y hoy, Colombia ha quintuplicado las importaciones de materias primas agropecuarias. Estos alimentos han reemplazado la producción de las 720 mil hectáreas de cultivos nacionales que, según el Ministerio de Agricultura, fueron convertidas en pastos y rastrojos, debido a la competencia desigual de los productos foráneos.

Los supermercados están repletos de productos procesados provenientes de las naciones industrializadas. Inclusive café, yuca, plátano, aceites comestibles, frutas, leche, hortalizas y verduras.

Todo empezó en junio de 1991, cuando el Gobierno decidió incluir al sector agropecuario en la apertura económica con el argumento de que la economía colombiana no podía darse el lujo de tener sectores por fuera del proceso de globalización de los mercados. También se dijo que a los colombianos no se les podía privar de la posibilidad de comprar sus productos de consumo sin importar su procedencia u origen de fabricación o producción.

El inicio de la apertura coincidió con la caída de los precios internacionales de muchos productos, maíz, algodón, trigo, sorgo, soya y arroz entre otros, lo que dejó por fuera del mercado a los productores nacionales. Asimismo, la violencia se le fue encima al campo. Anualmente, son asesinados alrededor de 3.000 agricultores, entre pequeños, medianos y grandes. Las matanzas son cada vez mayores y los desplazados están de moda.

Según la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento, entre 1985 y 1996 el número de desplazados está cercano a un millón de personas. Solo en 1996 salieron de sus predios rurales o de municipios apartados 181 mil personas.

Asimismo, el narcotráfico se apoderó de tres millones de hectáreas y las convirtió en fincas de recreo, zoológicos o en ganaderías de exposición.

Un año después de haberse iniciado la apertura, Colombia dio el salto hacia las importaciones agropecuarias. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), mientras en 1991 ingresaron al país 1 257.564 toneladas, en 1992 las compras externas ascendieron a 2 070.408. Hoy, las importaciones de productos agrícolas y animales superan la cinco millones de toneladas.

Y los consumidores qué? Los consumidores han ganado y han perdido. Ganan porque la inflación ha sido controlada, en parte, con los productos importados, y porque ahora tienen a su disponibilidad una mayor variedad de productos en el mercado.

Asimismo, las mercancías foráneas han generado empleos en las áreas de comercialización, distribución, transporte y ventas.

Sin embargo, pierden porque el costo social ha sido grande. La producción agropecuaria nacional quedó arrinconada, miles de campesinos se fueron para las ciudades en busca de trabajo, decenas de empresas distribuidoras de maquinaria agrícola, implementos, agroquímicos y fertilizantes fueron cerradas. Por ejemplo, mientras en 1989 se vendieron cerca de 2.000 tractores, el año pasado se colocaron apenas 400.

Según Adriano Quintana, gerente de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales (Fenalce), aunque en algunos productos es cierto que los consumidores disfrutan de alimentos importados a precios inferiores a los nacionales, también es cierto que el país está pagando muy cara su descomposición social.

Esta misma advertencia ha sido hecha por diferentes analistas y dirigentes gremiales del sector: Gabriel Rosas Vega, Juan Manuel Ospina, Camilo Aldana, Jorge Visbal, Rafael Hernández y María Cristina Uribe, entre otros. Todos ellos, en su momento, pidieron gradualidad en la apertura. Sin embargo, otro grupo, los enmarcados dentro del modelo neoliberal, quizás igual de numeroso, piensa lo contrario.

Más importaciones Pero las importaciones de productos agropecuarios no pararán en los niveles actuales. A los problemas generados por la apertura, la violencia, el narcotráfico, la baja competitividad y la falta de infraestructura, se suma otro, que, aunque por el nombre parezca pequeño, puede ser el más grande de todos: El Niño .

Según la evaluación de cosechas realizada por la Bolsa Nacional Agropecuaria, 1997 terminará con bajas existencias de arroz, maíz, soya, sorgo y algodón, lo que indica que la única manera de atender la demanda nacional es incrementando las importaciones de estos productos o algunos sustitutos.

El ministro de Agricultura, Antonio Gómez Merlano dijo la semana pasada que cualquier brote de desabastecimiento será suplido con importaciones. Esto significa que el país debe prepararse para seguir comiendo a la carta, ahora por culpa de El Niño.

La apertura económica: dónde estás corazón? Vamos a ponerle corazón a la apertura . Esta fue una de las frases que el presidente Ernesto Samper utilizó en su campaña para convencer a los agricultores de que votaran por él.

Samper llegó al Palacio de Nariño y las cosas cambiaron. Los agricultores dicen que el Presidente los olvidó y él insiste en que no quieren reconocer sus acciones. Los productores rurales afirman que se sienten defraudados. Así lo aseguraron el año pasado durante el Congreso de la SAC. Las críticas son cada vez más fuertes. En el pasado congreso de cultivadores de cereales, realizado en junio de este año, el gerente de Fenalce, Adriano Quintana dijo que el único corazón que se la ha puesto a la apertura, hasta ahora, para salir del paso, es convocar a los campesinos a que participen en toda clase de juntas, comisiones, comités, cumbres y convenios, donde terminan dilatadas y ahogadas sus aspiraciones .

Entre tanto, el presidente de la Federación Nacional de Algodoneros (Federalgodón), Hugo Hernán Cárdenas, dijo la semana pasada a EL TIEMPO que los productores de fibra se comieron el cuento del corazón de la apertura y se quebraron.

Las asociaciones de productores no olvidan que Samper les dijo un día: Agricultor que no llore, no es agricultor .

Según el Gobierno, el campo ha recibido los siguientes apoyos: reestructuración de deudas morosas, subsidios a la producción, convenios de absorción, disponibilidad de crédito, incentivos a la producción y a la capitalización rural, infraestructura vial, contratos social rural, reducción de las tasas de interés, salvaguardias para productos afectados por la apertura, control al contrabando, programas asistenciales para el campo y el Plante, entre otros.

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