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LOS ISRAELÍES TENÍAN RAZÓN

LOS ISRAELÍES TENÍAN RAZÓN

Alguna vez se ha parado usted ante millón y medio de personas un domingo por la mañana y confesado que se equivocó hace nueve años en un tema que afecta, visceral, si no vitalmente, a cientos de miles de ellos? Yo tampoco. Hasta hoy.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
24 de septiembre 1990 , 12:00 a. m.

La invasión y anexión de Kuwait por parte de Saddam Hussein lo forzará a uno a hacerlo. En su acto bestial, Hussein lo obliga a uno a reconsiderar criterios que analizó y volvió a analizar muchas veces.

Este tirano puede llevarlo a uno a retractarse, como estoy dispuesto a hacerlo ahora, de un juicio emitido años atrás y que en aquel tiempo parecía evidentemente defendible, porque estaba basado en principios establecidos de derecho internacional, de conducta nacional; de pruebas concretas de causas probables que son las que se necesitan para justificar un acto de guerra.

Presunciones, no hechos Cuando los cazas israelíes bombardearon el reactor nuclear iraquí de Osirak, el 7 de junio de 1981, el Herald condenó severamente a Israel. Ha sido un injustificado acto de guerra, dijo nuestro editorial del 9 de junio.

El razonamiento era el siguiente: Los israelíes dicen que atacaron la planta porque no podían esperar más tiempo. Dicen que tenían información de inteligencia que revelaba que el reactor podría comenzar a funcionar entre julio y septiembre. Bombardear un reactor en funcionamiento entrañaría el riesgo de propagar la radiación hacia gente inocente, sostienen los israelíes, y permitir que la planta comenzara a operar hubiera puesto en peligro la propia supervivencia de Israel .

Para aprobar la reacción de Israel, uno debía aceptar todas las suposiciones de éste. Estas son que la planta podría haber producido material nuclear capaz de ser colocado en cabezas de misiles, que los iraquíes tenían la intención de producirlas, y que hubieran dejado caer estos artefactos nucleares sobre Israel .

Estas son presunciones, no hechos demostrables. Si Israel tiene evidencias más contundentes que las que proporcionó ayer, entonces debería haber presentado estas evidencias inmediatamente. De lo contrario (el entonces primer ministro Menahem Begin) y su gobierno son culpables de un irresponsable, condenable e intolerable acto de agresión .

Las opiniones emanan de los hechos. Bueno, amigos de Israel, por este medio me retracto de aquel criticismo. Lo hago en virtud de la clarificación provista por la imperdonable invasión de Hussein a Kuwait. Lo hago con la salvedad de que todavía considero que Israel merecía nuestro azote editorial en 1981, sobre la base de la escasez de pruebas que los israelíes aportaron en aquel momento.

Pero desde el 2 de agosto, cuando Iraq violó la promesa pública de Hussein e invadió a Kuwait, aquella censura que el Herald hizo de Israel me consumía. Al releerlo, he tratado de remontarme nueve años atrás para recordar lo que la originó.

Los israelíes tenían razón. Pero no lo probaron ellos. El que lo hizo fue Saddam Hussein. De manera que ahora estoy convencido, basándome en la subsecuente conducta de ese déspota, de que el Herald se equivocó.

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