DIEZ MUERTOS EN MASACRE EN LOS ASERRÍOS DE EL RETIRO

DIEZ MUERTOS EN MASACRE EN LOS ASERRÍOS DE EL RETIRO

Cuando uno de los asesinos iluminó su rostro con una linterna, Omaira Vente cerró los ojos y esperó el disparo, pero el desconocido le apuntó primero a su cuñado Gildardo Osorio, que dormía en el otro extremo del campamento de aserradores. (ver mapa: masacres cometidas en 1997)

16 de agosto 1997 , 12:00 a.m.

Ella tomó entonces a su hijo de dos años, con quien compartía la cama, y corrió hacia la quebrada que bordea el sembrado de pinos, explotado desde hacía 20 días por los campesinos, en la vereda El Carmen, a sólo 20 minutos del parque de El Retiro, en el oriente de Antioquia.

Mientras le hacía el quite a las piedras en medio de la oscuridad, Omaira imaginaba que su esposo y sus otros dos pequeños, de 12 y de 5 años, habían muerto en el candeleo desatado por dos desconocidos, a las 9 de la noche del pasado jueves.

Pasó la noche agachada junto a un barranco que la cubría suficientemente a ella y a su pequeño, y sólo cuando amaneció buscó la carretera, donde una volqueta cargada de piedra la recogió y la llevó a la plaza del pueblo.

Allí, supo que diez aserradores habían sido masacrados y que uno más estaba mal herido, pero que su esposo Oscar Hernán Osorio y sus otros dos hijos habían salido con vida de esa noche de terror.

Descalzo y en pantaloneta, Osorio caminaba al mediodía de ayer por el parque de El Retiro y les contaba a sus familiares el milagro que lo tenía vivo a él, a su esposa y a sus tres niños. Su hermano Gildardo, en cambio, fue asesinado en la cama.

Yo me imaginé que Omaira estaba muerta porque yo vi cuando uno de los hombres que disparaba la siguió al verla correr afuera del campamento , relata el campesino.

El y su esposa cuentan que sólo vieron a dos hombres que con un par de linternas comenzaron a iluminar los rostros de los aserradores, quienes a la hora de la incursión ya estaban dormidos.

Levántense y hagan fila afuera , decían mientras se acercaban a cada uno de los cambuches, recuerda Omaira. El tono de los desconocidos, dice ella, era hasta amable.

La pareja creyó que se trataba de un par de ladrones que querían las motosierras que servían para sacar la madera de los pinos.

Cosas de Dios que los otros dos niños se salvaran , dice Oscar Hernán. Ellos sólo se dieron cuenta de lo que había pasado cuando llegó la Policía y los despertó, como a la media noche .

Después de escapar del campamento, el aserrador se camufló entre el pinar y estuvo allí hasta el amanecer.

Desde allí vio llegar la patrulla, pero él sólo abandonó el escondite cuando la tormenta había pasado .

Las autoridades de El Retiro fueron enteradas de la matanza hacia las 10 de la noche del jueves, cuando el aserrador Bernardo Humberto Zapata llegó herido hasta el hospital del pueblo para que lo atendieran. Ayer ya estaba fuera de peligro en un centro asistencial de Medellín.

En el aserrío, las autoridades encontraron los cuerpos de Gildardo de Jesús Osorio Pamplona, de 35 años, hermano de Oscar Hernán; Marco Tulio Osorio Giraldo, de 52 años; Cornelio Antonio Isaza Arango, de 36; Conrado Antonio Quintero González, de 29; Jhon Fredy Valencia Vargas, de 22; José Alady Gallego Mejía, de 19; José Octavio Garzón Sánchez, de 29, Jesús Antonio Rendón Gutiérrez, de 53; Ramón Antonio Rendón Gutiérrez, de 35, y de un joven de 17 años.

Ni el aserrador que escapó con vida, ni su esposa, ni los familiares de los muertos, le encuentran razón a la incursión armada.

Si alguien tenía una venganza contra alguno de los trabajadores por qué los mató a todos? , se preguntaba ayer Oscar Hernán, mientras esperaba en el parque de El Retiro que le entregaran el cuerpo de su hermano.

Las autoridades y los habitantes de esa población se atreven a mencionar a paramilitares o guerrilla, pese a que reconocen la presencia de los dos grupos armados en el oriente cercano del departamento.

Sin embargo, un guardabosques contó que a comienzos de esta semana vieron pasar por el aserradero varios carros extraños, lo que despertó la preocupación de los aserradores.

Mientras el alcalde de El Retiro, León Cartagena Mariaca, expresa que todo es incierto y que sólo los resultados de las investigaciones determinarán la autoría de la masacre, el gobernador Alvaro Uribe Vélez dice que sean quienes sean los autores, guerrilleros, paramilitares o delincuentes comunes, cometieron un delito que ofende a la sociedad.

Uribe Vélez ofreció una recompensa de 50 millones de pesos a quien dé información útil para capturar a los responsables de la mantanza, que tiene confundidos a los habitantes de El Retiro y a los aserradores.

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